ENTREVISTA

Con Pablo Lescano, el líder de Damas Gratis: "Nosotros hacemos música para el pueblo"

El ícono de la cumbia villera charló con El País sobre "Perrito malvado", su último hit junto con L-Gante, sobre música y televisión

Pablo Lescano de Damas Gratis. Foto: Difusión
Pablo Lescano de Damas Gratis. Foto: Difusión

Pablo Lescano dice que desde que salió Damas Gratis nunca tuvo una pausa de más de 15 días. Que todos los fines de semana hubo trabajo —a veces más, a veces menos— y que la de los shows es una vorágine intensa, complicada; como un monstruo, dice, que te atrapa. Que para grabar había que buscar huecos en la agenda y forzar un poco las dinámicas para que la máquina de lanzar temas tampoco se detuviera.

A un año y tres meses de comenzada la pandemia del coronavirus que le trajo el respiro que nunca imaginó, el rey de la cumbia villera no reniega de nada. Pudo, por fin, conectarse con su instrumento, componer, y grabar sin tener que correr. “El trajín era mucho”, cuenta en charla telefónica con El País. “A toda esta época de engome, como le digo yo, la aproveché para hacer todo lo que tenía ganas” que, como siempre, es hacer música.

“Yo soy músico”, repite Lescano a cada rato, una forma de mantra personal que sirve para marcar la cancha sin matices. Cuando la protagonista es la cumbia, las melodías, los “yeites” de grabación, Lescano es todo cordialidad y simpatía. Cuando las preguntas se corren del foco, Lescano es concreto.

—Con Damas Gratis seguís arengando con que “el que no salta es un cheto”, aún cuando hay cada vez más “chetos” que van a ver tus shows. ¿Cómo cambió el diálogo con tu público a lo largo de los años?

—Eso te lo dejo para vos, porque sinceramente lo que yo hago es subir al escenario y tocar cumbia. El que quiera escuchar que escuche, el que quiera venir que venga. No soy tan retorcido. Nosotros hacemos música para el pueblo, y el pueblo abarca todo.

biografía

Un “keytar”, una gorra y un camino de éxitos

Pablo Lescano, 43 años, fue tecladista de Amar Azul, fundó el grupo Flor de Piedra, y en el 2000 empezó el proyecto Damas Gratis, hoy referencia absoluta de la cumbia villera. El primer disco fue Para los pibes y ahí estaban hits como “Se te ve la tanga”, “Quiero vitamina” o “Los dueños del pabellón”. Luego vendría un éxito sostenido que en los últimos años tuvo un fuerte empujón gracias a “No te creas tan importante”, con Viru Kumbieron, que volvió a demostrar el poder del grupo por trascender generaciones y estratos sociales con una sola premisa: hacer bailar.

En 2018, su banda convocó alrededor de 5000 personas en un show explosivo y con entradas agotadas en Landia, en Parque Roosevelt. Además de la música, Lescano es ícono popular que deja latiguillos que su público adopta, y tiene una imagen muy reconocible: el keytar (ese teclado-guitarra) atravesado en el pecho y alguna gorra con la estampa orgullosa de DG, Damas Gratis, su vida.

presente

Música para el pueblo

En cuarentena, Pablo Lescano y su familia se instalaron en Delta del Tigre y pasaron nueve meses aislados. Lejos del “continente” y con mala conexión de internet, la música se convirtió más que nunca en algo familiar.

Su hijo Tomito (Tomás) se las rebuscó para aprender a grabar en una computadora y Lescano le compartió todo lo que aprendió con el tiempo. En cuarentena estricta, todo lo que registraban mano a mano lo cargaban a un pendrive y lo mandaban, paras seguir con la edición, mezcla y demás, a la ciudad en la lancha almacenera, “que era como nuestro correo con la humanidad. Todo un yeite divino”.

“Nos divertimos”, dice Lescano, orgulloso del material que generó en circunstancias atípicas. Uno de los principales motivos de ese orgullo es “Perrito malvado”, el infeccioso single que lanzó hace un mes y que acumula más de 26 millones de reproducciones en YouTube y otros seis y medio en Spotify. Es una colaboración con su hija Marita y con la última sensación de la música argentina: L-Gante, una expresión refrescante para el panorama de la cumbia y el reguetón regional.

L-Gante, o sea Elian Ángel Valenzuela, tiene barro genuino y una búsqueda que parece sintetizar toda una tradición cumbiera que, claro, incluye la villera. Hablan, dice Lescano, el mismo idioma, y eso resume todo.

“De entrada ‘Perrito malvado’ era todo un instrumental que en el medio llevaba un corito que cantaba Marita con voz de mujer joven, autóctona pero como del Caribe”, relata Lescano. En medio del proceso, un día escuchó a L-Gante, “y la voz, como la ponía, parecía de cumbia rebajada. Este es cumbiero, dije”.

Hubo charlas y desencuentros hasta que Lescano fue a la casa de L-Gante, con un plan de grabación que fue imposible de aplicar. Había chicos que transmitían en vivo todo lo que hacían, y un calor insoportable solo amortiguado por un ventilador turbo de ruido más insoportable aún. Ahí hicieron “la onda”, dice, pero nada más.

“Y cuando salgo para afuera me encuentro con, no sé, 200 personas: estaba todo el barrio ahí porque estaba Pablito Lescano. Además estábamos con todo este tema de la pandemia, barbijo... pucha, era un bondi todo. Y terminé en la puerta de la casa de Elián, con el tecladito, tocando 10 canciones para el barrio de él”, relata. “La casa de Elián es muy humilde, y cuando me fui de ahí le decía a mi pibe: ‘Cuando yo empecé mi casa, que es la casa de mi papá, era igual a esta. Había una tele, tenía una computadorita y ahí hacía todo’. Gente de barrio, humilde, hay una esencia por ahí atrás. Eso fue: hablamos el mismo idioma, de dónde venimos y a dónde vamos”.

Días después, L-Gante le devolvió la visita y bastó una hora para grabar “Perrito malvado” y el remix de “Pistola” (de Elián), que también va camino a los 30 millones de visitas en YouTube.

Lescano está listo para seguir ampliando su repertorio y dice que tiene “de todo” grabado. Pero no le gusta spoilear nada, así que hasta ahí llega.

una historia

Ante todo, cumbia

 “Uno cuando hace las canciones tiene 17, 18 años y va a enfocar la canción a la edad que tiene. Hoy, más maduro, se compone otra cosa”, dice cuando piensa, 20 años después, en los versos de “Se te ve la tanga”, la canción más popular de Damas Gratis y punta de lanza no sólo del disco debut Para los pibes, sino del empujón masivo de la cumbia villera que impulsaban, desde fines de los noventa, bandas como Flor de Piedra (fundada por Lescano) y Yerba Brava.

De aquella explosión bailable y marginal que fue banda sonora de crisis, Damas Gratis fue la única que atravesó todo, sobrevivió y se ganó un lugar importante en la música popular argentina, uno de referencia.

Lescano graba con Andrés Calamaro, Los Fabulosos Cadillacs o Fidel Nadal; comparte escenario con Tini Stoessel o Dante Spinetta y se junta con Charly García. Pero lo suyo, eso sí, es la cumbia. Siempre la cumbia.

“Yo soy re-celoso del género, hay cosas que no me cuadran. ¿Qué, venís a hacer cumbia porque está bueno y te da dinero? No, no. Te dicen: ‘Ay, a mí me gusta la cumbia, yo la escucho en la fiesta de 15’, y yo por dentro pienso: ‘No hables más, por favor, porque te estoy odiando’”, dice y suelta la carcajada. “Pero es delicado encasillar a otros artistas y nadie es el dueño de la verdad. Conmigo, si queda bueno, sale, y si no me cuadra, no me cuadra. Hacete el muerto; tirate al piso y hacete el muerto. ¿Por qué? Porque me pega así”.

Antes que nada está la música, y por eso Damas Gratis siempre ha quedado por encima del propio Lescano, de su nombre y figura. “Yo soy músico y lo mío es esto”, dice para explicar por qué no le interesa la rueda de los shows televisivos con potencial de picadora de carne. “Hice algo con Susana Giménez (Pequeños gigantes) y, te digo la verdad, no la pasaba bien. Se grababa los lunes; era ir cansado y amanecido de los shows, con poca voz porque había metido viernes, sábado y domingo, y llegaba hecho una piltrafa. Fue un sacrificio muy grande. El día que estuve cómodo fue cuando me dijeron: ‘Hoy termina el programa y vas a tocar en vivo’. Listo, a mi juego me llamaron. Ese día fui yo. Porque a eso me dedico: a subir al escenario, tocar y que la gente se divierta. A tener el ida y vuelta de la sonrisa, que se muevan las caderas. Eso es. Alegría, diversión”.

Damas Gratis. Foto: Difusión
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