MARÍA JOSÉ SIRI

"En ópera funciona más la polémica que la belleza"

A fines de mayo, María Noel Riccetto recibía el premio Benois de la Danse, conquistando una meta para toda la danza uruguaya.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
María José Siri. Foto: Ariel Colmegna

La semana pasada, María José Siri conquistó el International Opera Awards "Stella della Lirica", un galardón de altísimo nivel en el terreno de la ópera, cuya ceremonia de entrega será en China el 20 de diciembre, estimándose que será emitido para 400 millones de espectadores. En charla con El País, la soprano uruguaya recorrió ese y otros temas del mundo de la lírica.

¿Nunca habías recibido un premio de esta magnitud?

—Cierto, de esta magnitud mundial así, no. Porque compiten artistas de todo el mundo, es una premiación internacional. Y estaba en terna con Anna Netrebko, que es rusa, que es la número uno absoluto, que yo la admiro muchísimo y que fue esposa de nuestro bajo uruguayo, Erwin Schrott, con quien tiene un hijo. Y a la otra soprano también la admiro mucho, la rumana Elena Mosuc, que tiene 30 años de trayectoria impresionante. Nunca pensé que lo iba a ganar yo.

¿Te sentís en la cresta de tu carrera?

—Me siento en un gran momento, pero es un momento difícil, porque más difícil que llegar a un cierto nivel, es mantenerse. Principalmente por las exigencias de la cantidad de funciones que hago, y más con el repertorio que hago yo, que no hago operitas, sino obras dramáticas. Mi voz es para un repertorio bastante exigente, a nivel vocal y físico, porque son óperas largas, dramáticas. No es un paseo por la plaza.

¿Qué escenarios te faltan alcanzar?

—Me faltan dos continentes para cantar, América del Norte y Australia. Son dos lugares en los que me gustaría trabajar, porque son puntos geográficos muy distintos, que no conozco bien, por más que he estado en América del Norte. Y aunque allí no hay tantos teatros como en Europa, hay. Lo que pasa es que cada cantante tiene una carrera que lo vincula más a un lugar que a otro. Por motivos de agenda, pero también de agencia. También es porque yo prefiero estar cerca de mi casa, y de mi hija, en Verona.

¿Sentís que la gente cree que un cantante lírico de primer nivel gana un dineral?

—Sí, no ganamos tanto como la gente piensa. Eso era en otros años, ya en este siglo, no. Desde el 2000 empezó a bajar el cachet: los años de oro pasaron. Ni a mi generación ni a la anterior les tocó. Sí en los años 90, y de ahí para atrás, hubo artistas líricos que ganaron mucho dinero. Claro que hay ciertos nombres que sí hacen mucho dinero, como Plácido Domingo, que han sido nombre desde hace muchas décadas, con grandes carreras discográficas y megaconciertos. Pero son contados con los dedos de una mano. Por otra parte, tenemos muchísimos gastos, y yo pago los impuestos en Italia. Tendría que haber conservado mi residencia en Uruguay.

¿Pasó un poco el tiempo de los puestistas caprichosos, que querían hacer locuras sobre el escenario?

—No, no pasó. Depende siempre: hay gente talentosa para hacer cosas bellas, y gente talentosa para hacer cosas polémicas. Y muchas veces lo que funciona en la ópera es la polémica, no la belleza. Porque al fin y al cabo hay gente que le importa que se hable, aunque se hable mal. Mucha polémica da hoy en día más éxito que algo bien realizado. Por eso nosotros siempre insistimos en que nuestro objetivo es la belleza. Hay óperas en las que se ve demasiada droga, demasiado sexo, demasiado desnudo, casi pornografía. Y creo que la ópera no tiene necesidad de mostrar todo eso, que ya hay tanto por televisión e internet. Hasta en los juegos de los chicos, que son súper violentos. Ningún libreto de ópera se pude sostener en uno de esos temas.

¿Con la técnica de la escenografía digital, notás que se están dando resultados interesantes sobre el escenario?

—Sí, sobre todo en los teatros pequeños, que no tienen tantos medios, la tecnología digital les permite resolver sin presupuestos tan altos. Principalmente en lo que tiene que ver con las luces, ha cambiado muchísimo, logrando cambios de climas muy significativos. Casi que con una misma escenografía se puede pasar desde un día soleado a una noche nevada. También la escenografía digital ha logrado ahorrar mucho tiempo en los cambios entre un acto y otro, que en el pasado era lo que aburría al público. Eso se está agilizando muchísimo.

¿Y para el cantante, ese bombardeo de luz no es molesto?

—Depende. Me pasó nada más que en un espectáculo, que el que hacía las luces y la escenografía había optado por apuntar todas luces blancas contra los cantantes, porque buscaba un efecto de rebote. Y a mí me lloraban los ojos, no podía cantar. Y le expliqué al régisseur que no podía ni ver al director, y que me dolía la vista. Y él me dijo que lo sabía, pero que luego de tres días pasaba. Y realmente, después me acostumbré.

¿Cómo ves la ópera en Uruguay?

—Yo he visto cómo ha crecido el Teatro Solís en ese aspecto desde la reinauguración, en la que participé. He visto cómo ha evolucionado, cómo se ha formado un equipo técnico. Pasamos de no tener nada a tener el Solís y el Sodre. Pero me gustaría que hubiera más ópera. Pensé que con ese ritmo que había comenzado, iba a tomar velocidad, que entre el Solís y el Sodre iba a haber un abanico de por lo menos seis títulos al año. Esperaba eso, y no está siendo. Y me gustaría que se hiciera con el material que hay en el país: hay grandes profesionales de la ópera uruguayos.

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