Entrevista

Once Tiros vuelve a La Trastienda y Pablo Silvera habla de televisión, croquetas y rock

"La locura de la cocina la comparto con la música", dice el cantante que se prueba en varios rubros

Pablo Silvera de Once Tiros, en su croquetería. Foto: Leonardo Mainé
Pablo Silvera de Once Tiros, en su croquetería. Foto: Leonardo Mainé

La cocina siempre fue la pasión de Pablo Silvera, y en los últimos años fue ocupando cada vez más espacio de su vida. Aunque para la mayoría de la gente es “el cantante de Once Tiros”, hace dos años se convirtió en “el de la tele”, cuando se estrenó como coconductor en La vuelta al plato, el programa de TV Ciudad que comparte con Ximena Torres y que el 17 de junio estrena nueva temporada. Y a fines de mayo estrenó un nuevo programa en el mismo canal: Boca a boca, que va los sábados a las 21.00 y que lo encuentra recorriendo restaurantes de migrantes, para interiorizarse en los sabores del mundo que están copando Montevideo.

Y ahora, Silvera también es “el de la croquetería”, donde sus característicos rulos quedan escondidos bajo un gorro, y donde su impronta de rockero se camufla en el entorno del Mercado Ferrando, donde hace algunas semanas abrió Vení Mañana.

Entre croquetas, estrenos de televisión y Once Tiros como forma de vida, pasa esta charla con Pablo Silvera, que mañana y el sábado toca en La Trastienda con su banda (a las 21.00, últimas entradas en Abitab), en una fecha doble que será la última en la ciudad antes de meterse a grabar un disco nuevo, que los mostrará todavía más rockeros.

—Arranquemos esta charla hablando de una pasión a la que te entregaste en el último tiempo: la cocina. Debutaste en televisión con La vuelta al plato, acabás de estrenar Boca a boca también en TV Ciudad, y además abriste una croquetería.

—Se fue dando. La vuelta al plato funcionó bien, se dio naturalmente; y cuando me costó acceder a eso, por todos los prejuicios que yo podía tener de la televisión —aunque lo mío era todo prejuicio; yo no conozco cómo funcionan los otros canales— encontré en TV Ciudad otro lugar, otra gente. Entonces vinieron a plantearme Boca a boca, y yo esta idea la venía piloteando hace años, porque me llamaba la atención qué le pasaba por la cabeza a, no sé, un ruso que viene a hacer su plato acá, sabiendo lo pacatos que somos. Y fue una experiencia alucinante. Y en cuanto a las croquetas, yo sabía que en algún momento quería poner algo, pero no lo podría haber hecho sin mis socios: con uno hicimos la escuela juntos, y el otro fue mi profesor de cocina.

—Y le pusieron el mejor nombre del mundo: Vení mañana.

—(Se ríe) Vos sabés que tengo un perfil bajo, pero es el mejor fucking nombre del universo, no hay manera (sonríe). Y además nos separa de los millennial; a mi hijo le digo: “vení mañana” y no sabe qué es. Entonces determina una edad. Pero une; el otro día una beba de no sé, dos años, estaba degustando una de espinaca con una fascinación, que era el ícono de lo que queremos mostrar.

—Y a vos te copa estar en la cocina.

—Me gusta mucho, me gusta la vorágine, que se me pase el agua, quemarme... Hay que tener un poco de esa locura, pero creo que la locura de la cocina la comparto con la música: el lugar chico, el calor, el rocanrol. Hay una parte de mí a la que le fascina eso, y me gusta mover las manos.

Boca a boca es un formato más a la medida para vos: implica sentarte a comer y a conversar con la gente.

—Total. En La vuelta al plato yo soy copiloto, y Ximena (Torres) es la capitana. En Boca a boca me fui dando cuenta —no lo sabía al principio— cómo en el humor y el compartir, se rompen un montón de dogmas. Y a la gente le fascina ver que lo que ellos hicieron con amor, vos lo recibís con amor y devolvés amor, aunque suene medio “hippon”. Realmente lo disfruto: comer, chupar y estar en contacto con otras historias, otras realidades. Y el atractivo principal siempre es el aprendizaje. Me gusta presentarme en blanco.

—En eso de hacer algo con amor y que el otro lo reciba así, hay un vínculo con la relación que Once Tiros ha establecido con su público, a lo largo del tiempo.

—Va muy de la mano. Ha cambiado mucho el público, nos ha hecho cambiar a nosotros, y aunque suene a clisé, Once Tiros es una banda que depende esencialmente de su público. Lo que hacemos nosotros no es extremadamente internacional, no podemos caer en un teatro en Japón o ir a una muestra cultural. A nosotros nos mantiene vivos la conexión con la gente, y nos sentimos tan acompañados que podemos sacar discos como Bunker, y ahora estar preparando un disco más Bunker todavía, y está todo bien. Ya no nos cuestionamos que no hacemos más ska, porque si vos le das sinceridad a la gente, la gente lo siente.

"Once Tiros es una banda que depende esencialmente de su público. Lo que hacemos nosotros no es extremadamente internacional"

Pablo SilveraCantante y cocinero

—Con los Tiros tocan mañana y el sábado en La Trastienda, y son sus primeros shows en Montevideo en el año.

—Primeros y únicos.

—¿Por qué?

—No íbamos a tocar, en verdad, pero no podíamos “irnos” así nomás. Con Bruno (Andreu) estamos produciendo para el nuevo disco, focalizando la energía para, en octubre o noviembre, estar metidos en el estudio. Vamos a hacer esto para divertirnos con la gente, y después bajar, que nos extrañemos mucho, y salir con material nuevo. Y este disco sigue por el camino que hemos tomado hace tiempo.

—Que es un camino más aguerrido.

—Más aguerrido, de guitarras, de una formación medio clásica de dos violas, bajo, bata, voz y punto, con Paulo en el saxo que es el amor de nuestras vidas, y unas teclas pero más Deep Purple. Pero todo se piensa desde un riff, una melodía, una canción y para adelante.

Bunker, además, fue un disco de quiebre para ustedes, sobre el que podía haber mucha presión interna.

—Ni que hablar. Se fue Santi (Bolognini), cambiamos de mánager, estábamos solos... Pero creo que nunca terminamos de dar los pasos sin estar realmente seguros. Y ya las canciones que trabajamos para el próximo disco, son mucho más directas; afinamos más la puntería, con una identidad muy marcada para nosotros.

—¿Cuál es tu seguridad, tu certeza sobre el próximo disco, en este momento?

—Que nos va a fascinar, y que vamos a estar muy orgullosos del material que vamos a sacar. Esa es la certeza suprema, y creemos que eso lo terminamos contagiando. Y es energía para mantenerlo vivo; yo realmente no sé cómo sería estar en una banda que repite años y años sus clásicos, no podría. Porque además, justamente por eso abrimos una croquetería, y otro vende cortinas. Porque buscamos la guita por otro lado.

—Esa ha sido siempre su filosofía de banda: a Once Tiros no se le pide plata.

—Exactamente. Si viene de más, pero búsquense la vida por otro lado: acá disfrutamos. Porque si no vas a terminar en eso, con “Maldición” para siempre, Parvadomus para siempre, jugar y cobrar.

—¿De qué va el tema nuevo que van a estrenar en La Trastienda?

—(Se ríe) Es la primera vez que uso la palabra “rock” en un estribillo. No puedo creer; cuando era más pendejo, me parecía una caricatura decir “rock and roll” en una canción. Pero me llevó para ahí y estoy recontento.

—Llevás como 20 años metido en esto, ¿qué entendés hoy por hacer rock?

—Pah, lo entiendo como un lugar de despojo de un montón de cosas diarias (cómo somos, quiénes somos). Y más allá de que uno opte por un personaje, cuando yo subo al escenario con mis compañeros, siento que realmente es el lugar. Y todo lo demás es la matrix. Es un acto de rebeldía para con uno mismo, en el que siento que puedo sacarme un montón de vestiduras, de cosas que tengo todo el día, y botarlas ahí. Pero es muy difícil: ni siquiera estoy tan cómodo con esta definición que te estoy dando. Porque hoy por hoy, después de 20 años de hacer rock and roll, es como la vida. Suena a frase hecha, ya sé, pero es algo que tengo que hacer porque es parte de mí. Igual, me pasa en particular con Once Tiros. Yo no sé, si me separo de Once Tiros, si sigo haciendo rock and roll.

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