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Once Tiros: aniversario de música y turbulencias

Pablo Silvera recorre el escenario del Teatro de Verano vacío y muestra donde suelen estar ubicadas las cosas y personas que son necesarias para un concierto en ese lugar, tan importante para el rock uruguayo como para el Carnaval.

A 15 años del comienzo de Once Tiros, es la segunda vez que los músicos intentarán llenar el Teatro de Verano por su cuenta. Mientras Silvera hace memoria, el mánager Rodrigo Mautone va aportando datos para que el cantante abarque cada una de las veces que el grupo anduvo a los saltos ahí arriba.

Los Once Tiros salieron de Punta Carretas (aunque no todos fueran de ahí) a principios del siglo. Eran como una tromba desordenada de gurises con ganas de cantar, expresar pasiones e indignaciones, y suscitar ese pogo que hoy ya no es tan habitual entre los modismos del rock en Uruguay.

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El primer disco, Parvadomus, colocó a la banda como una entusiasta continuadora del rock "trompetero" que Abuela Coca introdujo y La Vela Puerca consagró en el rock nacional.

Entre la efervescencia generada por Deskarado —el primer disco de La Vela Puerca— y la rabia o desazón que causó la crisis económica de 2002 (el disco salió ese año, justamente), la banda se encontró un público que fue creciendo con sus vaivenes, que no fueron pocos.

Luego de esos primeros pasos la banda perdió y sumó integrantes, pero siempre con una estrella de cinco puntas como base: Bruno Andreu, Martín Maristán, Santiago Bolognini, Juan Lerena y Silvera. El núcleo, como dice Silvera.

Ahora, mientras mira hacia las gradas vacías, el cantante habla de aciertos y tropezones en la historia del grupo.

Hace poco que la banda regresó de Estados Unidos donde hicieron tres presentaciones. Primero como parte de la delegación uruguaya que viajó a Austin por el festival SXSW, y luego en Nueva Jersey y Miami.

"Como suele ocurrir en el caso de nuestra banda, siempre hay algún problema, así que recién en el avión sentí finalmente que íbamos", dice Silvera, y recuerda que otro viaje de la banda fue problemático: el que hicieron a Cuba junto a Abuela Coca y Once Tiros, un recorrido que empezó con la banda sin sus instrumentos justo el primer día de las varias fechas que tenían pactadas.

Silvera se ríe cuando se acuerda de esos tropezones. Según dice en la entrevista en video que acompaña a esta nota en la web de El País, Once Tiros es una agrupación que a veces hasta se pone obstáculos a sí misma, aunque no lo haga de manera consciente.

O se trate —otras veces— de mala suerte. Como ahora, que la banda iba a tener pronto a la venta su primer Dvd-Cd en vivo, 15 años. Pero el lanzamiento estará pronto para recién después del concierto, por desinteligencias y otros líos.

Haber viajado a Estados Unidos fue importante, no tanto porque eso redunde en más trabajo en ese país, sino por razones que tienen más que ver con lo personal para Silvera, y para la convivencia de la banda.

"De cada viaje que hacemos, la banda vuelve más fuerte", dice sobre lo aprendido en esta escapada a Estados Unidos. Y eso, las turbulencias, han sido casi una constante en la historia de Once Tiros. Por lo que cuenta Silvera, el funcionamiento de la banda es el equivalente a su frondoso afro: imposible de domar para que permanezca en ordenada y prolija quietud.

"Hay muchos momentos de fricción, pero siempre terminamos resolviéndolos. Por eso también creo que el título del cuarto disco, Imán, ilustra un poco lo que somos, lo que nos mantiene unidos. Por más que a veces queramos matarnos. Disfrutamos de compartir esto, que ya va más allá de la música. Eso también lo he aprendido luego de 15 años de estar en una banda de rock", dice.

Para él, en tanto, haber viajado a Estados Unidos le deparó una sorpresa. Luego de haberse presentado en Austin, el grupo partió enseguida hacia Nueva Jersey —"en unas horas pasamos del calor tejano al crudo invierno neoyorquino, con nieve y todo", agrega el cantante— y de ahí a Miami, donde vive su madre. Por cuestiones sobre las cuales no se explaya, ella nunca había visto a Once Tiros tocando en vivo.

"Cuestión que estaba todo bien, mi madre fue al toque, obvio. Y para mí era especial, pero nunca me imaginé que apenas empezáramos a tocar, iba a ponerme a llorar tanto. No sabía que iba a reaccionar así, pero fue increíble. Lloré como pocas veces", dice ahora entre risas.

A poco de volver al Teatro de Verano y por un aniversario especial, Silvera va de la ansiedad al nerviosismo. "Trato de no preocuparme y ocuparme, como siempre dice un amigo. Entonces me pregunto: ¿qué es lo que falta? ¿Qué puedo hacer? Ser activo, en vez de esperar que las cosas pasen. Si me quedara en casa esperando, preguntándome si va a ir gente y no me encargara de hacer todo lo posible, la preocupación se hace mucho más grande. Se te viene el mundo encima".

Aunque hoy la banda tenga contrato con uno de los sellos más grandes de Argentina, Pop- Art, Silvera no se descansa en los laureles. Para él, Once Tiros no termina de asentarse en un lugar fijo entre las bandas uruguayas. "En la movida del rock nacional ha habido momentos raros y a nosotros nos ha tocado ir con la ola. A veces vamos hacia arriba, a veces hacia abajo. Este concierto es un gran desafío, porque empieza otra etapa de la banda", dice el cantante con algo de enigma, y aunque la apuesta sea importante, él sabe que las apariencias son eso. "La gente a veces piensa que ya llegamos. Pero no. Capaz que en algún momento tomamos caminos que nos impidieron avanzar más rápido. Pero estamos contentos. Este es un paso tranquilo pero seguro", dice antes de salir por la puerta por la cual entrará el próximo viernes, la que lo llevará al escenario para nuevas turbulencias, esta vez musicales.

CUATRO TÍTULOS.

El camino en discos.

La historia de la banda a través de sus cuatro obras discográficas. Del ska de los comienzos al pop de hoy.

Parvadomus - 2002.

"Estamos todos los que somos, somos todos los que estamos", cantaban con entusiasmo "puerco" (el disco fue producido por el cantante y bajista de La Vela Puerca) en el primer tema. Ya ahí estaba el ritmo para poguear y la guitarra rockera: "Desbundados hasta los dientes".

Glamour y violencia - 2004

O cuando Once Tiros descolocó a todo el mundo con Fernando Cabrera como productor artístico. Un ambicioso álbum para demostrar que el grupo abarcaba más que "el desbunde y el agite". El disco abre, además, con una guiñada a La Tabaré.

Momento extraño - 2007.

El público argentino empieza a prestarle más atención a la banda, que empieza a cruzar el charco con mayor frecuencia. Con un sonido más pesado y compacto, el álbum no desdeña del ska (Fear factory) pero el rock suena con mayor protagonismo.

Imán - 2011.

Ya con una parte de su público en Buenos Aires, la banda saca este disco a través de PopArt y consigue seducir a los que quedaron huérfanos de ídolos cuando desaparecieron las bandas de rock chabón o barrial más convocantes de la escena porteña.

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