música - tangos clásicos

Once tangos para recordar a Mariano Mores

El argentino, fallecido a los 98 años, fue uno de los más importantes compositores del tango. Acá. lo recordamos con once composiciones de su autoría.

Tenía tantos años que uno se había olvidado, casi, que vivía. Pero Mariano Mores vivirá muchos años más a través de sus melodías, a las que los más importantes letristas del tango pusieron palabras. Y que los más importantes cantantes interpretaron.

Nacido en 1918, Mores empezó a tocar el piano tan joven que al principio lo conocían como Marianito. Sin embargo, lo de él era la música clásica, no el tango. Fue la muerte de Gardel en 1935, dicen, que lo sacudió y que le hizo parar la oreja cuando sonaba un tango. Ese descubrimiento pronto se convirtió en pasión y Mores empezó a transitar un camino con compositor, director de orquesta y también actor (actuó en varias películas de cine argentino) que lo llevaría hasta lo más encumbrado.

Hay que ver qué socios musicales tuvo, y qué lejos llegaron sus melodías, para darse cuenta que falleció uno de los más grandes del tango. Con y para Mores escribieron Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo, José María Contursi, Homero Manzi y —por supuesto— tal vez el más grande de los letristas del tango: Enrique Santos Discépolo, con quien hizo "Uno", "Sin palabras" y "Cafetín de Buenos Aires".. 

Y ni que hablar de los cantantes que grabaron sus composiciones: Hugo Del Carril, Julio Sosa, Floreal Ruiz, Roberto Goyeneche y muchos más. 

En los últimos años de su vida, aparecía de tanto en tanto en algún programa televisivo donde el conductor o la conductora de turno lo hacía recordar glorias pasadas. Con su peluquín y sus buenos modales, Mores aparecía en la pantalla chica como un viejito inofensivo, casi anodino. Era una imagen algo engañosa. Sus tangos, aunque muchas veces reflejaran ese talante simpaticón y amable, tenían una delicadeza y una sofisticación musical que las letras —puestas ahí por los más grandes talentos de la canción— parecían haber nacido así, ya prontas para acompañar esas melodías que recorrieron el mundo.

Vivió tanto, además, que su muerte nos recuerda que el tango es para el Río de la Plata, como él: prácticamente inmortal.

Foto: GDA / La Nación
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