Crítica

Lo nuevo de Green Day: huele a espíritu adolescentes en punks cuarentones

La banda californiana acaba de editar su décimotercer album

Green Day
Green Day

A los 47 años, Bille Joe Armstrong, el cerebro de Green Day, se sigue viendo como un adolescente enojado. No está mal y en Father of All Motherfuckers, su nuevo disco (el décimotercero de su carrera), no hace nada para contradecirse.

Formados a fines de la década de 1980, como otra banda punk californiana, el trío (a Armstrong lo acompañan desde casi siempre, Mike Dirnt y Tre Cool) se coló en las listas de éxitos pop a partir de “Basket Case”, una canción nacida para ser un hit, incluida en Dookie, su disco de 1994 que había nacido para ser un clásico.

Desde entonces, no han parado de trabajar y crecer un público, lo que ha sido un riesgo. Aunque Nimrod, su siguiente disco, siguió la senda exitosa, fue en American Idiot, de 2004, donde cruzaron ambiciones estilísticas (es un disco conceptual sobre los tiempos de George W. Bush en la Casa Blanca) con respuesta popular. El disco, increíblemente para la contradicción de espíritu punk y ambición “sinfónica”, se convirtió en uno de los más vendidos de su tiempo y le dio un montón de Grammys a la banda.

Aunque su estilo es una combinación de punk con power pop de los 70, la fórmula de “ópera punk” la siguieron aprovechando en discos como 21st Century Breakdown y también han explorado fallidas y ambiciosas ideas en cosas como ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré! que no funcionó como esperado.

En ese sentido, Father of All Motherfuckers (que sigue al desapercibido Revolution Radio de 2016) es un regreso a terrenos que se parecen bastante a su zona de confort: un punk pop de canciones.

Y sin embargo, el disco suena novedoso. Quizás tenga que ve con la producción de Butch Walker, que ha trabajado con estrellas pop como Taylor Swift y Carly Rae Jepsen y que aquí aporta un aire festivo, incluso para un disco que empieza con toda la furia de “Father of All Motherfuckers”, una canción que, quizás, esté dedicada al presidente Trump.

Pero aprovechando ganchos e ideas del glam rock, por ejemplo y, una vez más del power pop, el disco es un pasea amable por algunas broncas de Armstrong. Hay referencias claras de aire festivo en la cita al “Do You Wanna Touch Me (Oh Yeah) de Gary Glitter que popularizó Joan Jett que marca el estribillo de “Oh Yeah” o esa apropiación del “Hippy Hippy Shake” de Chan Romero en la beatlesca “Stab You In The Heart”.

Más allá de las referencias lo que Green Day consiga acá es algo novedoso en su carrera: conseguir algo novedoso con su fórmula de riffs y ritmos básicos. Esa ha sido el secreto de su éxito pero acá parecen dispuestos a ampliarse incluso en sus limitaciones.

Lo que consiguen es mantener el viejo espíritu (aunque cosas como “I Was a Teenage Teenager” suenen algo anacrónicas en señores tan mayores) y convertirlo en un espacio creativo y de nuevas búsquedas. Eso hace que Father of All Motherfuckers sea uno de sus mejores discos.

Porque en definitiva, nos hace sentir a todos parte de algo. Bailemos como si fueran 1995 pero sin perder de vista cómo llegamos acá. Green Day, unos desaforados de California, están acá para mostrarnos eso. No es poca cosa.

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