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El nuevo de Arjona, entre las sombras

Hoy salió a la venta el título número 15 en la discografía del guatemalteco: "Apague la luz y escuche". No apagamos la luz, pero sí escuchamos.

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Foto: Difusión

Apague la luz y escuche, el decimoquinto disco de Ricardo Arjona, se lanzó hoy a través del servicio Spotify. Es una producción del propio sello del guatemalteco distribuida por Sony que reúne 13 canciones éditas y tres estrenos, todo en formato acústico. La salida del primer simple del disco, “Nada es como tú”, de acuerdo a su oficina de prensa, hizo colapsar el sitio web de artista con 100.000 descargas por minuto, por lo que espera que el disco, definido por su compañía como el “más auténtico” de Arjona, sea otro de sus best sellers.

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Lo de acústico, privilegia sin mayores miramientos a una poética que sus detractores suelen ver cursi, facilista, falsa y espantosa y sus seguidores, que parecen ser unos cuantos más, consideran realista, simple, auténtica y maravillosa. La invitación seductora del comienzo, Apague la luz y escuche con ese juguetón tono que evita el tuteo, es también una invitación y una advertencia.

La verdad suele estar equidistante de posturas casi fanáticas. Pero, para unos y para otros, este nuevo disco es esencia de Arjona. Tiene todo lo querible y detestable pero eso no evita que Arjona se haya vuelto un clásico, un estilo, un género y, para unos cuantos enterados, un blanco fácil. Y no está bueno hacer leña del blanco fácil.

Martín Buscaglia lo definió muy bien en una entrevista con Montevideo Porta: “Arjona es la anti Piedad. Así como el consenso de años hace que vos veas a la Piedad de Miguel Ángel y te emociones, hace que Arjona sea el chivo expiatorio. Y, dice Buscaglia que “es algo muy de los tiempos modernos, el curtir la música por oposición. Antes, me parece, no pasaba. No te comprabas un disco de Palito Ortega para odiarlo. Te comprabas el de Led Zeppelin. Ahora lo escuchás igual y le dejás un comment negativo. Es fascinante. Estamos en el futuro”.

Esas declaraciones, y esta nota, alcanzan para decir que al final, Arjona quizás no sea tan malo, sino que ese es el consenso por reflejo. O sea, no voy a escucharlo (no me interesa su poesía, su música, sus arreglos y no soy parte de su público) pero ha sido de capaz de armarse una presencia a base de persistencia, convicción, desdén a la crítica y unas cuantas metáforas, seamos sinceros, tirando a feas, pero que no están un paso tan atrás (con excepción “De vez en mes” que es horrible) de, con todo respeto, Mario Benedetti, otro clásico romántico.

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