ENTREVISTA

Nicolás Arnicho: El ritmo siempre esconde magia

A partir de este miércoles, el músico celebra los 10 años de "Superplugged", un espectáculo que mezcla dos tradiciones musicales

Nicolás Arincho toca el hang drum. Foto: Leonardo Mainé
Nicolás Arincho toca el hang drum. Foto: Leonardo Mainé

En Superplugged, Nicolás Arnicho, el hombre que le dijo no a Jennifer López, indaga en la unión de dos tradiciones musicales. Por un lado, utiliza instrumentos de cuerda, percusión y viento que apelan a lo más primitivo de la tradición musical. Por el otro, explora las infinitas posibilidades que brindan los loops y los pedales y permiten que la tecnología lleve a esta especie de hombre orquesta a generar una gran paleta de sonidos construida sobre capas.

A lo largo de una hora, el músico ofrece un espectáculo que gira en torno a una historia musical en el que el público escucha a través de auriculares cómo se va creando una capa a la vez y las canciones toman vida. En estos 10 años no ha parado de agotar funciones.

El miércoles comienza una nueva temporada en el Auditorio del Sodre, que marcará los 10 años de Superplugged. Antes de su estreno, Arnicho habló con El País.

—¿Cómo analizás el desarrollo del formato Superplugged?

—Estoy muy feliz de haber concretado una idea que tenía desde hace tiempo. Yo quería hacer un show de percusión con los recursos de micrófonos y pedales que utilizan los guitarristas, los bajistas y tecladistas. Así surgió el primer Superplugged, que estuvo en el living de mi casa durante todo un año, después fue para el Solís y ahora está en el Sodre. Me tiene sumamente contento el haber podido concretar esa idea y que la gente siga yendo.

—Uno de los aspectos más interesantes del show es que unís dos tradiciones musicales: pasás por lo primitivo de la percusión y lo mezclás con distintos elementos de la electrónica, como loops.

—Sí. El arsenal de instrumentos que se utiliza en el show es bastante básico en la historia de la percusión y la parte rítmica es de lo más primitivo que tiene el ser humano en su vínculo con la música. Primero vino la voz y después el ritmo, entonces eso te genera un contacto interno. Lo interesante es que a eso le agrego una carga de tecnología analógica que hace que el músico tenga una participación fundamental.

"Freedom, Liberté" - Nicolás Arnicho
"Freedom, Liberté" - Nicolás Arnicho

—Claro, porque las capas de sonido las vas armando en el momento; no se trata de cosas pregrabadas.

—Exacto, no es MIDI. Lo que me seduce del show es que todos son similares, porque es muy difícil que todas las canciones sean iguales. Todas las noches corro con el riesgo de armar las canciones de a un elemento por vez. Hay mucho margen de error y es el desafío, porque si agarro un udu y le pongo un MIDI desde la computadora no tiene gracia.

—Vi el espectáculo hace unos años y me interesó que Superplugged vaya detrás una historia musical que se narra a través de canciones. ¿Cómo surgió esa idea?

—Quiero contar una historia en el show. No tiene un texto puntual, sino que las canciones van sucediendo una atrás de la otra, enganchadas por eso pido que no se aplauda entre canciones. Una canción da pie a la otra e invito a la gente a participar de la historia musical. En Superplugged lo que más me seducía era contar una historia-canción; no hay que andar explicando tanto. Dejen que suceda y disfruten.

Nicolás Arincho con el equipo de Superplugged. Foto: Leonardo Mainé
Nicolás Arincho con el equipo de Superplugged. Foto: Leonardo Mainé

—Además se puede sentir una cercanía distinta con el público: están a unos pocos metros de vos. ¿Cómo te tomás tener a la gente tan cerca?

—Es un desafío y un aprendizaje porque uno hace las cosas con la intención de ser bien recibido, pero hay que aprender que a veces la gente no te elige. Hay gente recontrafascinada y eso te alimenta; otros están fascinados pero no lo demuestran. Te vas acostumbrando y hacés una coraza porque la gente pagó una entrada, entonces voy a dar lo mejor de mí. Los argentinos y brasileños son muy expresivos y si les gustó te lo hacen saber, creo que acá somos más contenidos cuando algo nos gusta o no nos gusta. Está bueno que se animen a demostrar las cosas, porque para el que toca es increíble.

—¿Cómo va a ser el concepto del show de 10 años?

—Cuando fui al Sodre quise disfrutar las canciones y que la gente me vea tocar. Quiero tocar más, estar más con los instrumentos. En la sala estoy abajo y es como un circo romano. Este año, quiero tomar los momentos más representativos de este tiempo; es como un resumen.

—Viviste en Portugal durante unos años. ¿Cómo fue la experiencia?

—Estuve seis años allá, después de haberme ido a estudiar a África del Oeste. Estuve tocando en un casino y entré en lugar de “Pepe” Canedo, que estaba arrancando en La Vela Puerca. Tocaba, grababa y hacía lo que fuera porque se ganaba un buen dinero, pero me vine porque quería hacer mis proyectos.

—¿Cómo recordás la experiencia de haber participado del programa ¡Q’Viva the Chosen!?

—Fui y gané. Quedé como percusionista jefe de la compañía, pero ya estaba de vuelta en Uruguay con mis proyectos. Lo que me pagaban no valía como para dejar todo e irse a tocar a un casino de Las Vegas. Nadie me dijo que después me iba de gira con Jennifer López; si sabía arrancaba como una moto Vespa. Algo así me pasó antes con Diego Torres. Le grabé el disco que tiene “Color Esperanza”. El loco estaba recopado, los de la banda también y me invitaron de gira. Hubiera hecho mucha plata, pero como tenía mi viaje a África del Oeste armado, no podía dejarlo. Hay cosas que solo se pueden hacer una vez en la vida.

—¿Qué considerás que es lo más importante al momento de tocar?

—Hay una frase del deporte que se usa mucho: lo único que no se negocia es la actitud. En la música es lo mismo: te podés equivocar, te puede costar más aprender a tocar un instrumento, pero la actitud y la entrega tienen que estar siempre a full.

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Instrumentos que cuentan historias musicales

En el subsuelo de su casa, Nicolás Arnicho tiene un estudio casero donde conviven unas decenas de instrumentos. Una sección de la sala está dedicada a instrumentos más condicionales, como dos baterías y unos timbales, que están ubicados delante de una pared llena de fotos familiares, recuerdos de viajes y varios pósteres de recitales. En el centro, están apilados varios tambores, congas y cajones peruanos.

Los más extraños se ubican en la esquina de la habitación. Allí se encuentra todo el equipo con el que el músico lleva adelante el espectáculo de Superplugged. En el piso hay una serie de pedales y detrás de él hay unos 15 instrumentos de distintas procedencias: acordeón, pandeiro, udu, tamburas y dos hang drums. Todos estos instrumentos son los recursos que permiten que Arnicho construya sus historias musicales a lo largo de sus shows.

Entre su larga colección de instrumentos, el que más resalta es un hang drum que fue pintado como un sol al estilo de Carlos Paéz Vilaro. Este diseño tiene una historia detrás.

“En una parte del show canto una canción dedicada al temporal, y después de la lluvia y la oscuridad, aparece el sol. Ahí empiezo a cantar “O Sole Mio”. Este instrumento también cumple el rol de ser contrario a su otro hang drum oscuro -que se puede ver en la foto principal de esta nota-: uno representa al sol y el otro a la luna.

Luego, pegado al instrumento que muestra la imagen del sol hay una tambura, un instrumento de la música hindú que utiliza para abrir sus shows, donde fusiona un sonido primitivo con varios elementos de la electrónica. “Yo le encajo un talkbox, que es un overdrive de guitarras y con eso voy deformando todo el sonido”, explica Arnicho. Su objetivo es ir metiendo al espectador al show.

Según explica a El País, uno de sus principales deseos es poder grabar un disco que refleje los experimentos musicales que plantea durante su espectáculo, donde el oyente pueda revivir esas historias musicales cada vez que quiera. “Tengo ganas de hacer que las canciones del Superplugged estén en un disco y que sean tocadas por una banda de 20 tipos”, dice.

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