Entrevista

Nicola Cruz, el ecuatoriano que renovó la electrónica, llega a La Trastienda

El músico, DJ y productor abre la temporada de la sala, con una presentación este jueves

Nicola Cruz. Foto: Difusión
Nicola Cruz. Foto: Difusión

Nicola Cruz será el encargado de abrir, este jueves a las 21.00, la programación anual de La Trastienda. Y lo hará a puro baile, con su set de música electrónica de raíz folclórica, una marca registrada que le ha valido una buena reputación a nivel mundial, tanto dentro como fuera de la escena. Ecuatoriano, aunque nacido en Francia, este músico de formación profesional, DJ y productor, hizo camino propio con una mezcla de electrónica y ritmos andinos y amazónicos, llegó a Uruguay hace algún tiempo, y esta semana vuelve con las piezas que plasmó en Prender el alma, su primer disco, y en Siku, un trabajo reciente que hizo viajando por el mundo, colaborando con otros artistas y abriéndose a otras culturas.

Antes de esta presentación, que tiene entradas en venta en Abitab, Cruz contestó vía mail las preguntas de El País.

—El primero que me habló de vos alguna vez fue, en una entrevista, Jorge Drexler. Dijo que con tu receta de mezclar electrónica con música andina se podían hacer cosas horribles, pero que lo tuyo le encantaba. ¿Cuál fue tu punto de equilibrio para lograr un sonido personal y con cierta sofisticación?

—Cuando uno compone, piensa en balances y equilibrios, sí, pero no en fórmulas; por lo menos no es mi caso. Creo que en ningún momento intenté encontrar un punto de equilibrio necesariamente; al componer música electrónica, uno tiende más al caos y hacia desestabilizar los instrumentos para conseguir “resultados”. De allí marco un punto de partida, que de alguna forma fue cuando compuse mi tema “Sanación”, que abre Prender el alma. Fue un momento en donde di un paso para atrás y observé ese caos.

—Al principio, ¿a qué referencia de lo tradicional y qué de lo moderno, echaste mano para tu música? ¿Cómo te imaginabas el sonido Nicola Cruz?

—Mi manera de abordar la composición siempre tiene un alto factor de experimento, síntesis y diseño sonoro. A su vez, disfruto bastante la producción musical más tradicional, aprovechando buenos espacios acústicos, buenas técnicas de microfoneo y proceso, lo cual da un carácter más orgánico a la canción. Creo que donde convergen estos dos puntos, en cuestión de sonido, es donde me gusta levitar: se siente cálido. Después, el uso de instrumentación y armonía “endémica” ayuda a colorear las piezas.

—Contame un poco sobre tus herramientas de trabajo. ¿Cuáles son los instrumentos, equipos o máquinas base que usás?

—Mi estudio está cargado de piezas que he coleccionado durante muchos años, cosas más antiguas que quizás no se pueden conseguir en el continente, y otros instrumentos de la costa del Pacífico o de la sierra sudamericana. Es interesante trabajar con ambos mundos, se crea algo único. Antiguo, pero moderno. Más allá de eso, uso bastantes pedales y procesadores para efectos, o instrumentos raros, no convencionales quizás, como es el caso de unos micrófonos fotosensibles que alguna vez construí. Muy sencillo, sueldas una fotocelda a un cable XLR y amplificas la señal, y juegas con la luz.

—¿Sos más de lo analógico o de lo digital?

—Me atrevo a decir que lo único que hago en el dominio digital es grabar.   Todo el resto es 100 % analógico y continuo. Simplemente suena más expresivo, que es algo que busco con mi música.

"Me atrevo a decir que lo único que hago en el dominio digital es grabar. Todo el resto es 100 % analógico y continuo"

Nicola CruzMúsico

—Tu tipo de electrónica me parece, aunque de raíz folclórica, más melódica que rítmica en comparación con la electrónica más mainstream, por así decirlo. ¿Hay algo de eso en la forma en que nacen tus piezas, en la composición?

—Es gracioso que menciones eso, porque yo lo siento al contrario. Empecé tocando la percusión desde chico, de modo que mi voz es el tambor. Si te fijas, muchos de los hilos conductores de mi música giran en torno a la percusión, más aún en este nuevo disco Siku. Muchas veces arranco con un motivo rítmico, el cual vengo pensando por días, y trabajo alrededor de eso.

—Volviendo a Drexler, fuiste parte del proceso de su disco Salvavidas de hielo. ¿Qué te dejó esa experiencia y cuál fue, en lo artístico, tu mayor aprendizaje?

—Fue interesante la forma en la que colaboré. Jorge quería que trabaje exclusivamente con sonidos que pueda grabar de una guitarra, abstractos, percusivos o melódicos. Como no soy guitarrista, armé un banco de sonidos a diferentes tempos, con ritmos grabados en diferentes partes de una guitarra que mi madre tenía. El resultado me llamó la atención; me gusta la idea de tener pocas opciones —que de hecho, en un estudio de música electrónica uno tiene cientos de opciones— y ver qué consigues con ello.

—¿Trabajar con él te permitió acercarte más a la música uruguaya? ¿Hiciste algún descubrimiento que te llamó la atención en particular?

—De alguna forma sí, al interactuar con músicos que participan en su proyecto, y pues claro, al oír su música y sus variaciones. También he viajado por Uruguay, no mucho, pero lo he hecho y me ha permitido respirar un poco de lo que sucede allí. Por supuesto, una de las formas más populares a la que he estado expuesto es el candombe. Cerca de mi casa lo practican en un parque; sin embargo, nunca me dediqué a estudiarlo. En mi primer viaje a Montevideo también pude conseguir un par de discos en una feria, muy raros, muy únicos.

"Una de las formas más populares a la que he estado expuesto es el candombe. Cerca de mi casa lo practican en un parque"

Nicola CruzMúsico

—¿Sentís que sos parte de una generación o movimiento que busca darle otro valor a la electrónica, utilizarla como medio para rescatar ritmos primigenios?

—Rescatar me suena un poco alto, como algo que haría un héroe. Siento que de una manera natural, se ha logrado conectar este pasado con el futuro, siendo la música electrónica un puente para ello. No lo hago necesariamente por “rescatista”, pero sí siento una responsabilidad de traer al presente esa identidad rica que nos acompaña, que siempre estuvo ahí, y que Occidente opacó en algún punto.

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