MÚSICA

Música que viene y va hacia adentro

Loli Molina da dos conciertos el viernes en Tractatus.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Loli Molina. Foto: Difusión

Cuando un disco toca fibras tan íntimas como el Rubí que Loli Molina editó el año pasado, es difícil ponerlo en palabras. La música de esta cantautora argentina tiene un gancho misterioso, un poder que atrapa para no soltar, una magia extraña que sucede entre una melodía y una letra que son indivisibles.

Esa cosa “críptica pero directa” que a Molina le gusta de artistas como Fernando Cabrera o Eduardo Mateo se termina encontrando en su último disco, ese Rubí que va a estar tocando este viernes en Tractatus (Rambla e Ituzaingó) en doble función. Ya agotó el show de las 21.00 y agregó otro para las 23.00, para el que quedan entradas en Red UTS a 435 pesos. Abre Papina De Palma.

“El año que viene es el año de hacer cosas nuevas”, cuenta Molina, que este fin de semana cerrará su intenso programa de conciertos. “Este año fue muy bueno desde lo profesional y muy difícil en lo personal, me costó bastante pero lo fui balanceando. También fue un año de mucho trabajo hacia adentro; siento que maduraron un montón de cosas”, explica.

—Tenés tres discos, pero yo sólo puedo vincularte al último. ¿A vos te pasa eso?

—Sí. Mis discos anteriores me parecen súperajenos, y soy una persona que se actualiza mucho, entonces las cosas me quedan viejas muy rápido. Rubí me representa, pero me estoy moviendo hacia un lugar nuevo.

—Hay algunos recursos extraños en Rubí: “En la noche” es un tema que flota, como sin terminar; hay algunos juegos de palabras particulares. ¿De dónde salen esas cosas?

—Yo no escribo en las formas tradicionales, y que esa canción que a vos te parece sin terminar en realidad es así: esa no forma es la forma. Soy como una buscadora de palabras y cosas; la poesía me interesa un montón pero también me interesa salirme de los márgenes de la poesía tradicional, porque siento que no es lo mío.

Rubí es un disco raro de descifrar, misterioso.

—Y a la vez no, ¿no? Yo creo que hay algo en lo tan visceral que es común a todos, pero a la vez está tan adentro que es difícil de ver. Las canciones de Rubí vienen de muy adentro.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

—Has contado que te han dicho que tocabas la guitarra como un hombre, como si eso fuera un elogio. ¿Cómo respondés a esas situaciones?

—Creo que las tenía muy naturalizadas hasta que me empecé a dar cuenta que había un problema con esos enunciados, que creo que es el gran problema de esta cultura. Y después me empecé a dar cuenta que yo también estaba identificada con eso, con que adoptar una postura “masculina” estaba bien o era necesario. En los últimos años estuve trabajando mucho en lo femenino primordial, en la receptividad, en lo blando que no por eso no es potente. Cómo sentirme cómoda con mi cuerpo, cómo mostrarme, qué me quiero poner para tocar, son todas cosas en las que estoy trabajando porque hay mucha presión de afuera y de adentro.

—Y a la vez tu música es súpersensible, que es lo que más se asocia con lo femenino.

—Y a la vez, a muchos hombres les gusta mi música. Todos tenemos porcentajes de lo femenino y lo masculino, somos duales, pero el problema de esta cultura es que está todo muy polarizado. Las nenas usan rosa, los nenes usan azul, y en realidad es algo fluctuante.

—Subiste a Instagram un video tocando una canción de Prince Royce. ¿No tenés ningún prejuicio con la música?

—A mí me gustan las melodías, poder salirme del lugar de tanta solemnidad que la música representa para mí. Y me pasa eso: estoy en el supermercado haciendo la cola, suena esa canción y estoy moviendo los pies. Además tiene una poesía muy linda: “cantar para calmar tus miedos”, yo quisiera hacerle eso a alguien que quiero. El contexto, la estética, la moda, son cosas que vienen después: ver las cosas de una manera total todo el tiempo, es perderse la riqueza que hay.

—¿En qué sentido la música es tan seria?
—Porque toca fibras muy hondas de mí, porque me conecta con cosas muy profundas. Es como una linterna que alumbra lugares que de otra manera no tendrían luz en mí, entonces la honro como una entidad, como si fuera un santo, una cosa que está en mi altar. La música es como la vida, la naturaleza, una fuerza muy poderosa.

—¿Qué estás escuchando ahora?
—Nada (se ríe). La verdad es que no escucho mucha música, porque estoy todo el tiempo tocando o pensando en la música. Atesoro mucho los momentos de silencio.

—¿Qué son tus canciones?

—No lo sé. Mis canciones ya no son mías, una vez que salieron ya son del mundo. Son una síntesis de montones de cosas que me atraviesan.

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