ENTREVISTA CON RAÚL JAURENA

“La música popular bajó muchos escalones”

El prestigioso bandoneonista se presenta desde hoy hasta el martes en tres actividades montevideanas

Raúl Jaurena
Raúl Jaurena. Foto: Francisco Flores

Bandoneonista uruguayo de proyección internacional, radicado en Nueva York y director de la Escuela de Tango Destaoriya, el maestro se presenta en Montevideo desde hoy hasta el martes, en tres actividades bien distintas. Hoy a las 11.30 frente al Castillo del Parque Rodó tocará con Destaoriya, con entrada libre. Y mañana dará una charla en el Palacio Santos, a las 18.30, también de acceso gratis. Y cierra el año el martes a las 21.00 en Sala Zitarrosa, con un repertorio bien tanguero. Tickantel, $ 400, $ 700 y $ 1000.

-Le criticaron su versión de La Cumparsita, como que era muy barroca…

-Cuando uno hace algo está expuesto a la crítica. Solo no critican al que no hace nada. Pero no me molesta la crítica: pienso que hay más acertadas y otros que no. Sí, fue de pronto un poco barroco, pero era una Cumparsita a nivel sinfónico, que no es una Cumparsita de D´Arienzo. Yo le propuse al Sodre hacer una Cumparsita de 20 minutos, porque entendí que en el centenario, no íbamos a hacer un tanguito de tres minutos. Hicimos como una suite, con el desarrollo sinfónico. La Cumparsita tiene tres partes, que duran menos de un minuto cada una. Y hay que trabajar mucho en los arreglos para llevarla a 20 minutos.

-Ser diestro con el bandoneón le abrió las puertas a lugares de mucho “relumbrón”, para usar un término del tango.

-Sí, toqué entre otros lugares en la Casa Blanca, para el presidente Clinton. Incluso se acercó y se interesó por el bandoneón, se sentó a mi lado y me preguntó cómo era que se tocaba. Quedó como loco, y como él toca saxofón, y me invitó a tocar algo juntos. Y así fue: un día me mandó a buscar y estuve con él tocando juntos, como 45 minutos, en una sesión íntima, solo para nosotros dos. Un tipo sensacional, que te hacía sentir igual a él. No se colocaba más arriba. Al principio te podría parecer que no sabés de qué vas a hablar, y a los diez minutos estás charlando lo más tranquilo.

-¿Cómo es el protocolo para una fiesta en la Casa Blanca?

-Tremendo, mucha seguridad, muy controlada la entrada. Y antes de la reunión, todo el mundo está en un salón (verde, o azul, porque los identifican por el color). Y ahí se realizan una serie de presentaciones unos con otros, para ir rompiendo el hielo. Me acuerdo que esa vez, que fue con motivo de la visita de Menem a Clinton, estuve charlando, por ejemplo, con Salma Hayek.

-¿Y ahora cómo ve a Trump?

-Creo que no le hace nada bien a Estados Unidos. Es un hombre que no tiene educación para ser presidente. Él es un hombre de negocios, pero no un presidente. Yo soy músico, no dentista. Trump es un tipo muy arrogante, que se lleva a todo el mundo por delante, y que beneficia terriblemente a los de su nivel. Y bastante xenófobo. Aunque hay que reconocer que, por lo que va hasta ahora, Obama deportó más gente de la que lleva deportada él. Dato que la gente mucho no sabe. Pero éste es una bomba de tiempo. Pero yo no soy un analista político, hablo como una persona del pueblo.

-Usted también da charlas sobre el bandoneón. ¿Qué secreto nos puede contar de ese instrumento?

-Bueno, es un instrumento que no tiene distancias entre las teclas. Quiero decir, en el piano, el pianista si tiene mano grande agarra una octava, o una novena. Para llega a una décima hay que tener una mano enorme. En el bandoneón uno puede agarrar una trecena sin ningún problema, porque las teclas esas pueden estar una al lado de la otra. En otro instrumento no se puede hacer eso. Yo creo que el bandoneón, si bien cuando entró en el tango tenía un ritmo lánguido, luego aportó ese marcato, que fue el que definió al tango. Eso se lo dio en bandoneón, cuando se lo toca sobre una rodilla, aprovechando el movimiento de la rodilla y apretando los botones en un tono percutivo. Eso le da una fuerza que no la tiene ningún otro instrumento.

-¿Le gusta el rap?

-No me gusta. Pienso que la música popular bajó muchos escalones. No me gusta ponerme como esos viejos que dicen que lo de antes era mejor, porque antes también había cosas buena y cosas malas. Pero antes la música popular tenía más nivel. Si tenés gente con poco conocimiento, ¿tenés que hacerle música horrible para que se sienta contenta? ¿Por qué vamos al facilismo, a la mediocridad? No daré nombres, pero he visto acá una mediocridad de algunos cantantes populares que dan ganas de suicidarse. Eso que se está haciendo musicalmente creo que es un camino equivocado. Hay que tratar de elevar a la gente que tiene poco conocimiento.

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