CONCIERTO

La música personal de una artista encantadora

Marisa Monte vuelve al Sodre, este domingo a sala llena.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La cantante que formó parte de Tribalistas regresa al Sodre. Foto: Leo Aversa

Ahora la cantante, que es una de las más importantes de Brasil en los últimos tiempos, regresa y con el mismo éxito. Si bien dará una única función —pero la producción lo aclaró desde el momento en que se anunció esta visita, por cuestiones de agenda— las entradas, que son casi 2.000 e iban de 1.000 hasta 3.200 pesos, se terminaron hace varios días.

Monte se presentará este domingo a las 19.30 nuevamente en el Auditorio, y estará acompañada por cuatro músicos. El espectáculo que traerá será a grandes rasgos el mismo de 2014, había adelantado en entrevista con El País. Además, abrirá la velada Socio, el proyecto de Federico Lima que sigue presentando su disco Mini glorias, que está nominado a los Premios Graffiti.

La brasileña editó recientemente un álbum recopilatorio, Coleçao (está en Spotify pero por ahora no llegó a Uruguay en edición física), con lo que ha hecho en su carrera, que es mucho. Monte tiene 49 años y empezó a cantar como solista en 1988, desarrollándose como compositora. Los principales artistas de su país rápidamente le fueron cediendo espacio, y ella se lo apropió con buenas canciones y una habilidad notable a la hora del show en vivo.

Después, en 2002 se aventuró a formar una banda con Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown, Tribalistas, y abrazó el éxito a nivel internacional. En sus espectáculos sigue incluyendo canciones de aquella época, como son "Ja sei namorar" o "Velha infancia".

De cualquier manera, Monte y sus compañeros han dicho que nunca vieron a Tribalistas como un grupo sino como un proyecto que querían concretar. "En el propio disco una música habla de eso, del descompromiso que teníamos con la continuidad como grupo. Esa canción dice: Tribalistas es un antimovimiento que se desintegrará en el próximo momento. Es una libertad que tenemos", había contado en julio en entrevista con El País.

De cualquier manera fue ese impulso de Tribalistas el que la terminó de consagrar y justificadamente, porque Monte no es solamente una gran cantante y una buena instrumentista.

Es de hecho una mujer de esas nacidas para estar en el escenario, que se adueña del lugar y que cautiva con su voz, su cuerpo y sus movimientos. Vale la pena verla en vivo.

"La mía es una música particular", dijo. "Tiene una firma mía. Busco tener una expresión propia, que no sea parecida con nada, que sea mía realmente, que sea lo que yo siento. Y que respete mi individualidad dialogando con la música brasilera y todas las influencias que recibo del mundo y de mis colegas. Es una música marisística".

Para lograr eso Monte apuesta a la apertura: sin prejuicios mezcla todo lo que puede de la música brasileña con la música del mundo. Por momentos lo suyo podría ser considerado world music, pero tiene el sello brasileño demasiado aferrado en ritmos y melodías, más allá de su lengua. Eso no le impide trabajar constantemente con otros artistas, desde la estadounidense Laurie Anderon a Julieta Venegas.

De Uruguay ya trabajó con el pianista Luciano Supervielle y ha dicho que le gustaría hacer lo mismo con Jorge Drexler, cuya música conoce bien y disfruta como oyente. Por ahora el trato con este país se limita a venir de vez en cuando con su banda y su repertorio, y encontrarse con el público escenario de por medio. El domingo le tocará una vez más.

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