DIEGO PRESA

"No hago música de género"

Entrevista con el músico que mañana presenta su último disco, "Playa desierta".

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Diego Presa. Foto: Darwin Borrelli

Festejó los 20 años de Buceo Invisible en el Teatro Solís, recorrió varios escenarios con el trío El Astillero que completan Garo Arakelian y Gonzalo Deniz, y ahora le toca pararse solo (aunque lo acompaña una buena banda), para presentar el último disco que editó como Diego Presa: el buen Playa desierta. De procesos, tiempos e influencias, el cantautor conversó con El País previo al show que dará mañana a las 21:00 en la Sala Hugo Balzo (entradas en Tickantel a 400 pesos). Y también habló de fútbol.

—¿Cómo vas a encarar la presentación de Playa desierta?

—Voy a tocar poco y a cantar sobre todo, más de crooner. Tenía ganas de poder sostener la mayoría de un concierto sin el escudo de la guitarra.

—Que no es algo que puedas hacer muy seguido.

—Exacto. Con El Astillero estoy tocando mucho la guitarra, y con Buceo Invisible ya hay un sonido, un entramado de guitarras, entonces en general toco y sobre todo guitarra eléctrica. Pero me gusta esto de atender específicamente a la voz, y la comunicación con la gente. Que no es fácil, pero lo tomo como un desafío.

—¿Cómo pensás que te vas a encontrar en ese lugar?

—Creo que bien. Hay ejemplos de gente que manejaba el escenario acá sin un instrumento acompañante de manera genial, desde El Sabalero a Zitarrosa. Y dentro de la cultura rock, en la que creo enmarcarme, hay gente que es muy referente: Michael Stipe es un tipo que escénicamente maneja su cuerpo y la manera en que dice, muy especial. Lo vi en vivo una vez a R.E.M., y es absolutamente magnético.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

—¿Cómo te enmarcás en la cultura rock? Porque tu música no es propiamente rock.

—Lo que pasa es que acá tenemos una concepción un poco limitada, porque pensamos en propuestas donde se usa la guitarra eléctrica y cierta actitud. Y me parece que hay una cantidad de propuestas que se enmarcan en la cultura rock, desde Darnauchans a Leonard Cohen, que amplían los límites de la cultura rock. Porque utilizan referencias musicales, letrísticas y en las posturas, que nadie puede decir que estén fuera del rock. Entonces me enmarco en eso; yo no hago música de género.

—Tus discos solistas todavía no están en internet. No hay ningún fetichismo ahí, ¿no?

—No, para nada, el sello ya está en eso. Lo que sí me parece es que está bueno que los discos valgan. No estoy hablando de plata, sino de darle importancia a una edición. A veces nos apuramos a regalarlo, y está bueno valorarlo de alguna forma y darle determinados tiempos. No me parece mal que tengas que buscar un poco más, acceder de una manera más compleja.

—Tu música pide un tiempo.

—Sí, pide su tiempo. No lo tomo como un valor ni como un no-valor. Pero sí. Igual hay otras músicas más bravas.

—Pero no es un sonido de la cultura del "use y tire".

—Pero si estás pendiente de eso te volvés loco. Lo mejor es tratar de facilitar caminos para que llegue a la gente, pero concentrarse en tu relación con lo que vos hacés y hacerlo cada vez mejor. Es imposible manejar la reacción y la recepción de una obra, no podés.

—¿Y cómo creés que le afecta el tiempo, un tema al que recurrís mucho en Playa desierta, a la obra que generás?

—Yo escucho mis cosas, por supuesto les doy tiempo pero soy de volver. Y muchas veces lo escucho con placer. A veces me sorprendo con cosas, para bien o no tanto; y voy descubriendo aspectos de la personalidad de los trabajos.

—La última vez que conversamos te faltó hablar de fútbol. ¿Sos hincha de?

—De Peñarol, a pesar de mí. Racionalmente no podría por cuestiones institucionales, de perfil de hincha y por lo que ha representado el club en un montón de cosas. Pero soy hincha; me pasa algo con la camiseta y termino gritando como un enfermo. Y soy un acérrimo defensor del proceso Tabárez, a capa y espada.

—¿Y de qué jugás?

—Jugaba de arquero en baby fútbol, en Wanderers y después en fútbol universitario. Ahora de veterano me gusta jugar, y corro como una bestia sin medir consecuencias. Es un espacio de liberación.

—¿En algo lo sentís parecido a la música?

—De niño, en el momento antes de dormirme siempre me imaginaba atajadas brillantes, goles increíbles. Y desde hace unos años esa atajada, ese gol increíble se mezcla mágicamente con algún momento escénico o musical.

—Son momentos de gloria.

—Sí, es el placer máximo.

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