LoLI MOLINA

La música de una argentina que parece uruguaya

Loli Molina toca hoy en la Zitarrosa con el chileno Nano Stern.

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Loli Molina vuelve a Uruguay con nuevo disco. Foto: Jesús Cornejo.

La Sala Zitarrosa recibe hoy a las 21:00 horas un show de sensibilidad y guitarras trabajadas. La argentina Loli Molina y el chileno Nano Stern, dos de las figuras más prometedoras de la canción popular regional, se juntarán para presentar sus últimos discos.

"Es mi primer show del año", dice Molina a El País, acerca del concierto que tiene entradas en venta en Tickantel y boleterías de la sala, a 300 pesos. "Somos amigos, tenemos mucha afinidad desde la guitarra y estamos supercontentos de poder tocar en un escenario tan lindo", cuenta de su relación con Stern.

La cantautora vendrá con los temas de Rubí, el precioso disco que editó de manera independiente el año pasado. El chileno traerá el repertorio de 1.500 vueltas, de 2015.

Más allá de la amistad y aunque ella está volcada más a la canción de autor y él al folclore, sus estilos tienen bastante en común. "Cantamos desde la música, somos muy emocionales y viscerales los dos, y tenemos una manera de tocar la guitarra muy parecida", opina Molina.

Loli Molina tenía 21 cuando Los senderos amarillos, su primer disco, fue editado por la discográfica Sony. Rápidamente fue considerada como una promesa folk, y en 2008 llegó el álbum Sí o No.

En esos discos, su música se fue planteando como cálida y sensible, y teniendo puntos de contacto con la de las cantautoras uruguayas (sobre todo en vivo); con la música uruguaya en general. De hecho, en su segundo álbum versionó "Mandolín", de Gustavo Pena, El Príncipe.

"Mi relación con Uruguay es de mucho afecto, de haber ido mucho de chica, de mucha maravilla respecto a la música. Siempre que cruzo siento un relax... Tiene otro tiempo", explica. Además, resalta dos características de artistas como El Príncipe, Eduardo Mateo o Fernando Cabrera, a quienes admira: "tienen algo muy directo y a la vez muy críptico".

Rubí, su último trabajo, llegó a sus 29 años de manera independiente, tras un proceso que fue "transformador". Y se distanció de lo que venía haciendo: logró exteriorizar una esencia cruda dejando de lado ciertos artificios pop que habían estado presentes.

"La premisa del disco fue estar rodeada de mis amigos pero tener el timón, y estuvo muy bueno. Tenía sensaciones muy claras respecto a lo que quería", comenta. Sin embargo, no reniega de haber integrado el catálogo de Sony, pues aprendió "muchísimo".

"Este disco es un pequeño tesoro", dice. "Está hecho con un montón de dolor, crecimiento, transformación. Hay mucha profundidad, y en ese sentido fue muy transformador escribirlo, salir a tocarlo, interpretarlo. Es un disco que está muy cerca de mi corazón. Es la foto de ese momento".

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