DARNAUCHANS: A 10 AÑOS DE SU MUERTE

Las musas de un poeta del amor

Darnauchans desde el recuerdo de dos de sus grandes amores.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fin de año de 1992, con Chichila y Cecilia Braier. Foto: Gentileza Chichila Irazábal

"El Darno era un hombre muy romántico, muy dedicado a la persona que amaba. Y muy absorbente. Era de los que te dejaba esquelitas cotidianas. Y eran siempre una declaración de amor, bellamente escrita", evoca Chichila Irazábal, quien durante 13 años fue pareja del notable cantautor.

Claro que ese lado caballeresco, idealizador de la dama, propio de un trovador, tenía su contracara. "El lado atormentado es que era muy celoso. Siempre estaba pensando que te fijabas en otro, o que lo ibas a dejar", agrega Irazábal, periodista de gastronomía, buscando con cuidado las palabras justas para describir a un ser rico en matices.

"A su manera era un seductor. Pero no era una persona que estuviera seduciendo mujeres. Nunca lo vi flirtear. Lo que pasa es que seducía igual. Resultaba atractivo a las mujeres. Y también estaba su aspecto de desvalido: todas las mujeres querían ser su madre. Hasta mi propia madre. Eduardo venía a casa y mamá siempre estaba pensando qué cocinarle", cuenta Chichila, quien prefiere que se difunda la imagen más clara del músico, más que su lado oscuro.

Darnauchans e Irazábal vivieron una larga historia de pareja, que comenzó en dictadura y terminó en democracia. "Eduardo lo único que aprendió a hacer, a lo largo de los años, fue arroz. Y lo hacía perfecto. Y ayudaba en las cosas de la casa. Un día se declaró en rebeldía: no quería fregar más los platos. Y yo le propuse que yo me cocinaba lo mío y me lavaba lo mío. Y él se cocinaba y se lavaba lo de él. Pasaron tres días, el Darno se aburrió de comer arroz con panchos, y me dijo: vamos a volver como antes, tú cocinando y yo lavando los platos. Porque al Darno le gustaba mucho comer bien, sobre todo lo dulce", relata con humor el personaje central de "Balada para una mujer flaca".

Otra de las musas del genial poeta músico fue Cecilia Braier, para quien compuso Memorias de Cecilia. "Intenso, comprometido, conflictivo", dice lentamente Braier, pensando cada una de las palabras, cuando se le pregunta cómo era él como pareja.

"Creo que él tenía más noción de su talento intelectual que de su talento artístico. Pero no vivía la creatividad musical como un conflicto. La vivía como un salvavidas. Lo único que lo salvaba de sí mismo y de sus historias terribles, era la creatividad. Era su oxígeno", afirma Braier, para quien evocar su pareja con Darnauchans implica remontarse a sus años juveniles.

Braier y Darnauchans estuvieron en pareja un año, allá por 1973. "Fue un año maravilloso, aunque con mucho sufrimiento, porque mi madre no lo quería, y mi padre tampoco lo quería a él", explica Braier al recordar aquellos días intensos. "Vivíamos en sendas pensiones, y yo, de lo que me daban mis padres, le llevaba comida a él a su pensión. Éramos dos refugiados", evoca la psicóloga argentina.

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