Crítica

"Morrison Hotel", un disco de The Doors cumple 50 años y vuelve con edición de lujo 

El album contiene algunos grandes momentos de la banda de Los Angeles y ahora se reedita con nuevas versiones y otros documentos

The Doors
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¿Cómo se escucha a The Doors en la segunda década del siglo XXI? ¿Cómo escuchar Morrison Hotel, por ejemplo, a 50 años de su salida al mercado en un mundo que ya no existe más? ¿Hay alguien escuchando a Jim Morrison?

Demasiadas preguntas para contar que hay reedición aniversario y de lujo de, precisamente, Morrison Hotel. Esta nueva versión incluye la remasterización (a cargo de Bruce Botnik, quien mezcó el material en aquel entonces y trabajó con la banda original) del disco, más un complemento con 19 outtakes incluyendo cinco versiones de “Roadhouse Blues”, la canción que abre la selección y que baña todo el disco de un color blusero. La reedición, además, incluye covers de blues (y de “Money, That’s What I Want”, un clásico de Motown) y versiones tempranas de algunas de las canciones con conversaciones de trabajo incluidas.

Pero si uno es un escucha ocasional de esta banda de Los Angeles, conviene mantenerse en las 11 canciones de la versión editada el 9 de octubre de 1970 por Elektra. Sería el penúltimo disco con Morrison en su formación (el último es L.A. Woman) que también era bastante blusero; el cantante moriría el 3 de julio de 1971.

Morrison Hotel resume un momento personal, grupal y creativo raro en The Doors. Su anterior disco, The Soft Parade fue un intento de salirse de los prejuicios estéticos hacia la banda (con las cuerdas en el sencillo “Touch Me”), un corsé creativo que incomodaba a Morrison que prefería ser considerado como un poeta y no como una carilinda y previsible estrella de rock.

Eso lo dejó claro con un confuso berrinche en un show en Miami en el que terminó preso y procesado por obscenidad. La banda negó los cargos pero estaba claro que la dipsomanía de Morrison empezaba a ser un problema difícil de controlar. Su último show en vivo con la banda ocurriría en diciembre de 1970 cuando quedó claro que era difìcil que un promotor los contratara dado el comportamiento errático de su frontman.

A pesar de que hoy “Roadhouse Blues” es considerado uno de los clásicos de The Doors, en realidad fue el lado B del simple promocional (“You Make Me Real”) y el disco no le dio ningún hit en particular aunque fue uno de sus albumes más vendidos.

Tiene todo lo que uno espera de ellos y puede ser visto como un regreso a ciertas raíces del blues que ellos mismos habían conseguido llevar a los terrenos del blues blanco. Más allá de los clásicos (donde habría que agregar “Waiting for the Sun” , “Queen of Highway”, “Ship of Fools”), Morrison Hotel es un buen ejemplo de la feliz combinación de la voz de Morrison, el teclado de Ray Manzarek, la guitarra de Robbie Krieger y la batería de John Densmore. Esos tres eran músicos imaginativos y que conseguían sonidos que, en su momento, debieron sonar muy originales. Aún lo son.

Morrison Hotel, así, es un disco reflexivo de una banda que parecía alocada pero que fundó un par de corrientes de la música popular.

Un buen plan de revalorización de The Doors puede incluir volver a ver la biopic de Oliver Stone (hay que ingeniárselas porque no está en ninguna plataforma local), escuchar algunos otros de sus clásicos o repasar el comienzo de Apocalypse Now que le da una nueva dimensión a la edípica “The End”. Y todo eso para descubrir si una banda tan sesentera y de la que alguna generación tuvo saturación, sigue interpelando a estas nuevas crisis.

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