LOS ADIOSES

Un montón de últimas canciones

El año musical estuvo marcado por la muerte de nombres claves de la música popular.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Prince , Bowie y Cohen los más relevantes de la larga lista. Fotos: AFP, Reuters

El 3 de febrero de 1959 es de acuerdo a la efemérides oficial del rock, el día que murió la música. Así, al menos, lo instauró en 1971, Don McLean en el estribillo de su éxito "American Pie" sobre el día que Buddy Holly falleció en un accidente de avión. Fue la primera estrella en morir joven y famosa.

Desde entonces, buena parte de la historia del rock, un género que tiende a la nostalgia, se puede ordenar desde los obituarios: en 1977 murió Elvis Presley; en 1980, John Lennon; en 1991, Freddie Mercury; en 1994, Kurt Cobain; en 2013, Lou Reed. Todos podemos sumar nuestros propias fechas a ese panteón.

Pero pocos años tan letales para la música como 2016, en una lista a la que en Navidad se sumó George Michael, uno de los grandes iconos del pop de la década de 1980. Su muerte (y en menor medida para estas latitudes la de Rick Parfitt, guitarrista de Status Quo) fue un recordatorio de último momento de lo que fue el año para la música: funesto.

Es el año en que murieron tres iconos de los grandes: David Bowie, Prince y Leonard Cohen. Sus partidas permitieron valorar o descubrir tres obras que fueron fundamentales en el desarrollo del rock, la música negra y la poesía, respectivamente. Y darnos cuenta de lo viejo que estamos el rock, nuestros artistas favoritos y, de carambola, nosotros.

Tres Grandes.

David Bowie murió a los 69 años el 10 de enero, dos días después de la salida de Blackstar, su último disco, cuya lectura quedó ganada por la noticia de su muerte. Es, seguramente, el disco más importante y ambicioso de Bowie en mucho tiempo y, entre premoniciones y claves de lo que se venía (murió de cáncer), consiguió un grupo de canciones que combinan su faceta más experimental y la más pop.

Bowie fue uno de los artistas más influyentes de la historia, con una capacidad camaleónica que lo llevó a ser un referente no solo en la música, sino también en la moda y en el arte.

Algo de eso podría decirse de Prince, si su gusto para el vestuario no hubiera sido tan personal, por no decir estrafalario. Prince murió por una sobredosis de analgésicos en su refugio de Paisley Park, en las afuera de Minneapolis, el 21 de abril. Fue saludado con todos los respetos que merece una de las figuras más relevantes de la música negra estadounidense.

Después de un boom de su música y su capacidad para comunicársela al público que abarcó una década y media (en las de 1980 y 1990) y donde dejó discos fundamentales (Controversy, 1999, Purple Rain, Around the World in a Day, Sign o the Times, quizás Lovesexy), Prince se entreveró con cuestiones comerciales que lo llevaron a tomar decisiones personales (cambiarse el nombre por un símbolo por ejemplo) y sacar discos que, incluían buenos momentos pero diluían el encanto de sus primeros trabajos. Fue un compositor inspirado, un guitarrista grandioso y una personalidad insondable aunque todos elogiaron su generosidad y su talento.

Lo de Leonard Cohen era previsible: tenía 82 años y su último disco, You Want it Darker, editado un par de semanas antes de su muerte, estaba lleno de anuncios funestos incluyendo un "Mi Señor, estoy listo" que lo dejaba todo clarísimo.

Cohen era un único en su especie. Primero poeta y después músico, inició su carrera en el pop cuando ya era un escritor consagrado, una característica que no compartió con nadie. Una figura de culto sacó discos imperdibles (Song for Leonard Cohen, Songs of Love and Hate, New Skin for the Old Ceremony, Death of a Ladies Man producido por Phil Spector, Im your Man, The Future, también You Want it Darker) y dejó varios standards de la música popular, entre ellos "Hallelujah", su canción más conocida y que tiene casi un centenar de versiones por otros tantos artistas.

Cohen fue uno de los grandes poetas-músicos de la música popular del siglo XXI. Y uno de los más elegantes.

Y muchos más.

Otros nombres importantes se fueron este año. Allí habría que ubicar al productor de los Beatles, George Martin; Alan Vega, protopunk neoyorquino; dos tercios de Emerson Lake and Palmer (Keith Emerson y Greg Lake); el más importante de los artistas populares mexicanos, Juan Gabriel; uno de los grandes directores de orquestas del siglo XX, Pierre Boulez; el gran productor del jazz, Rudy Van Gelder; el fundador de Jefferson Airplane, Paul Kantner; la leyenda country Merle Haggard; el guitarrista de Elvis Presley, Scotty Moore; el vanguardista del jazz, Paul Bley; el integrante de los Eagles Glen Frey; el percusionista brasileño Nana Vasconcelos; el vibrafonista Bobby Hutcherson, la neosoulera Sharon Jones y el cantante pop británico Black (el "Wonderful World"), entre tantos más. Es una lista triste.

Y en Argentina, encima el tango perdió a tres de sus grandes figuras: Raúl Garello, Horacio Salgán y Mariano Mores.

Es que este 2016 quizás fue, parafraseando a Don McLean, el año en que murió la música.

PÉRDIDAS EN LAS ARTES NACIONALES.

Los artistas que uruguay tuvo que despedir en este 2016.

Son varios y destacados los nombres de la cultura uruguaya fallecidos en el 2016. Buscando eludir los largos listados, acá se recuerdan simplemente algunos de los mayores actores, escritores y músicos que Uruguay tuvo que darles el último adiós, en este año que está por terminar. El ambiente musical despidió este año a dos figuras de renombre: el pianista Luis Batlle Ibáñez y la guitarrista Olga Pierri.

En el terreno de las letras, la figura de Tomás de Mattos es sin duda una de las pérdidas más sentidas. De Mattos no solamente dejó como legado una fructífera obra, que abarca títulos de referencia, como ¡Bernabé, Bernabé!, novela clave de los años de la apertura democrática: también aportó obras históricas de largo aliento, basadas en investigaciones humanísticas, las que además expresan un fuerte sentido ético del individuo en su entorno social.

Otro autor nacional cuya carrera se cerró este año fue el poeta y diplomático Enrique Estrázulas, cuya novela Pepe Corvina marcó un hito en las letras uruguayas de los años 70.

La comunidad teatral perdió a una figura de fuerte arraigo en la gente. La actriz Mary Da Cuña falleció el pasado setiembre, a los 74 años de edad, luego de una larga enfermedad que la tuvo apartada de los escenarios y la televisión. En uno y otro medio había lucido durante décadas su histrionismo y su capacidad para la comedia, aunque también sobresalió en el drama y en las formas de experimentación escénica. Otra figura que el teatro tuvo que despedir que el gran actor y director Jaime Yavitz, quien brindó lo mejor de su larga carrera en filas de la Comedia Nacional.

En un registro de corte más popular, otra de las pérdidas de este año fue el humorista Héctor Perry, artista carismático, gran figura de los tablados, y un excelente humorista. El 2016 también será recordado por la muerte de Abel Soria, notable poeta popular, y ocurrente y gracioso payador.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados