Crónica

Montevideo Hip Hop, la fiesta rapera que todos querían vivir y nunca se daba

Así se vivió y esto dejó la primera edición de Montevideo Hip Hop, en los Festivales por la Convivencia

Dostrescinco en Montevideo Hip Hop. Foto: Nicolás Pereyra
Dostrescinco en Montevideo Hip Hop. Foto: Nicolás Pereyra

El título de esta crónica viene de una de las pegadizas barras de “Flanders”, uno de los hits de Los Buenos Modales que, el sábado en el Teatro de Verano, dejaron en claro que tienen al público rapero en el bolsillo, y que han llegado a su mejor versión. Son la voz grave y el flow elegante de Hache Souza los que invitan a bailar en “nuestra fiesta rapera, la que todos querían vivir, pero nunca se daba. Buenos modales como reyes y reinas, permiso, permiso, esto es mío: gracias”.

Montevideo Hip Hop fue esa fiesta rapera que a juzgar por la convocatoria, miles estaban esperando. La vivieron bailando, coreando con fuerza algunos estribillos, levantando los brazos al cielo y de alguna manera ratificando la decisión de la Intendencia de Montevideo de hacer este evento.

El del sábado fue el primero de los cuatro Festivales por la Convivencia de esta edición que, a diferencia de los años anteriores, se repartió en el tiempo. Eso y la decisión de poner una fecha en el primer semestre del año, para descomprimir la carga del segundo, hicieron que el Montevideo Hip Hop se promocionara a contrarreloj. Al festival se lo anunció a menos de 20 días de su realización, y aun así fue un éxito.

“Flanders” podría ser la canción de esta primera edición, además de por cómo la agitó el público y de esa idea de la fiesta rapera, por las rimas de “Permiso, permiso, esto es mío: gracias”. Porque lo que hizo que este festival sobresaliera por encima de los Montevideo Rock o Tropical o Tango, al menos para quien escribe, tuvo que ver con la apropiación de los artistas de esta oportunidad inédita, de llevar la cultura hip hop a uno de los escenarios más grandes de la ciudad. Ya se sabe que en el circuito capitalino las posibilidades son escasas, pero cuando se dan, hay que saber cómo ponerles el cuerpo y sacarles el mayor provecho. El sábado, todas las bandas y MCs lo hicieron a lo grande.

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La convivencia sí estuvo

El hip hop es, en sí, un movimiento que integra disciplinas, o sea que es convivencia, y eso se reflejó en el predio del teatro. Allí hubo freestyle; un par de estaciones con graffiti en vivo, y un espacio de breaking, donde los B-boys y B-girls no pararon de bailar ante miradas curiosas y aplausos. En todas esas áreas, hubo artistas mujeres participando, una búsqueda que también estuvo en el escenario principal.

Por allí pasaron las chicas de Se Armó Kokoa, con un mensaje potente, y más tarde Eli Almic, con una banda cada vez más empastada y una propuesta cargada de poder. Además de hacer “Brujas”, el sábado estrenó “Ayuda” y la respuesta de la audiencia fue inmediata: eso es reflejo no sólo del lugar que Almic ganó en el rap local, sino de la preocupación de los jóvenes por temas sociales de urgencia, como la violencia de género. El cierre fue con Ana Tijoux, la chilena que puso un toque internacional que al final no era tan necesario: las bandas locales colmaron al público con buen rap, y eso fue evidente.

Ana Tijoux cerró el festival por todo lo alto. Foto: Nicolás Pereyra
Ana Tijoux cerró el festival por todo lo alto. Foto: Nicolás Pereyra

Pero Montevideo Hip Hop, que mostró mucha interacción entre los raperos participantes (Hache Souza estuvo mil veces en escena), también tuvo convivencia más allá del género, y eso lo pusieron los artistas. Alfonsina subió con Arquero, y luego con los Dostrescinco, que también convocaron a Fede Lima, a breakers que llenaron el escenario del Collazo cuando sonó “Por el funk”, y que desplegaron su costado funky, reggae y salsero, para abrir el abanico de géneros musicales. Los AFC contaron con Pablo Silvera de Once Tiros y aportaron rock y house (además, “maltrataron” al murguista del arte de su disco Murgang), y Latejapride* cerró su show con su cumbia “Arde” y todos bailando.

El momento más emotivo de la jornada lo protagonizó Santi Mostaffa cuando le rindió tributo a Plef, el artista asesinado recientemente y por quien se pide justicia, que antes había sido recordado en el show de Kung-Fu Ombijam. La imagen de todo el público, puño en alto, mientras él leía unas rimas frescas de un cuaderno, fue una de las postales de la noche y, de vuelta, reflejo de la ideología de un público joven, veinteañero.

El hip hop local venía creciendo y merecía un evento como el del sábado. La base está, el mensaje está y el empuje colectivo está: sólo queda seguir haciendo camino.

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