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Mónica Navarro: “Ahora hay cosas que prefiero cantarlas en femenino a rabiar”

La cantante se presenta el 3 de octubre en Sala del Museo con su disco "Maldigo". Antes habló de repertorio, feminismo y más

Mónica Navarro. Foto: Alejandro Persichetti
Mónica Navarro. Foto: Alejandro Persichetti

Mónica Navarro es actriz, comunicadora, exmiembro de La Tabaré y cantante de recorrido tanguero, que ahora está nominada a los Premios Graffiti a solista femenina del año gracias a Maldigo, su disco de 2019 en el que cruza el folclore latinoamericano con el rock.

Es el disco que tocará el próximo sábado 3 de octubre en Sala del Museo, con su banda y con la didjerudista Ludmila Rapoport como invitada. Estrenará canciones y para verla y escucharla las entradas están a la venta en Abitab y en Redtickets.

—¿Cuál fue el origen del disco Maldigo y este repertorio que cruza folclore latinoamericano con rock?

—La bronca, básicamente (se ríe). El dolor que da descubrir. Descubrir ideas a las que les encontré la palabra, que ahora entran dentro de lo que yo diría: soy feminista. Antes no tenía palabras para encontrar ese lugar, y cuando pude encontrarlas, ¡me dio una bronca! Haber llegado tan tarde, no haber visto, naturalizar tantas cosas. Entonces dudar es maravilloso y absolutamente interpelando, todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. Es agotador. Porque es menos doloroso no ver que ver, a full, pero una vez que corrés algunas cortinas, después ya no querés volver atrás. O querrías volver atrás, pero ya no es posible. Y eso es muy interpelador, muy gratificante y doloroso. Eso lo bendigo y lo maldigo. Y ahí aparece Violeta Parra.

—Y el tema “Maldigo”, justamente.

—¡La letra es increíble! Maldice a la bandera, su patria, a los vivos, a los muertos... Cuando decimos “Que se caiga” es mucho más profundo que salir a romper todo; es decir: ¿qué pasa si entra la interrogación en los lugares de determinación? Ahí entra Violeta Parra, una mina que siempre dijo: componé tus canciones y tocá dos acordes, no importa; que tu palabra sea, ponela en juego, hacela vital.

—¿Y Violeta Parra te abrió el camino para volcarte al folclore, terreno masculino desde la figura del cantor, la imposición y la energía?

—Todo esto pasó por 70 millones de historias. Cuando festejé los 20 años de laburo en la Sala Balzo, invité a mis compañeros de La Tabaré, hicimos “Balderrama” y morí. Tenía una idea de hacer un disco de tango con mis canciones y de repente dije: vamos para otro lado. Yo ya venía con canciones que me venían repicando; “Guitarra negra”, por ejemplo, quería hacerla solo con voces femeninas latinoamericanas. Y cuando le dije a Liliana Felipe, me dijo: “¿No habrá otro repertorio más femenino?” Y sí: Chabuca Granda, Amalia de la Vega... Creo que el disco habla de cómo una está atravesada por todos los pensamientos.

—Por eso que decís, es un disco con un repertorio muy pensado, donde nada está librado al azar. ¿La edad, el recorrido, la experiencia te han hecho más consciente del mensaje qué cantás y por qué lo cantás?

—Zarpado. En Instagram alguien me preguntaba si podría formar parte de un grupo apolítico, y yo creo que no existe lo apolítico. Sea tu silencio o sea tu palabra, es una forma de expresión que modifica el afuera. No existe forma de tener un discurso no político. Capaz ahora lo que pasa es que corroboro mi lugar o mis no lugares, transitando la duda.

—¿Cómo decidiste abordar “Guitarra negra”? Además de que la presentás desarmada a la canción, por partes, creo que para los uruguayos es más herejía meterse con esa composición que con el Himno.

—(Se ríe) Yo no creo en lo magnánimo, las grosas y los grosos; no me conmueven desde eso lugar. La primera vez que escuché “Guitarra negra” me pareció una locura, a nivel poético, la voz profunda, pero no me da esa cosa de “mirá dónde te metés”. Cada uno se mete donde tiene ganas. Al principio iba a hacer todo “Guitarra negra” con muchas voces de mujeres latinoamericanas, pero me quedó enorme ese laburo. Entonces tomé las partes que más me movían y fueron quedando como islas, puentes. “Guitarra negra” y “Maldigo” fueron la columna del disco, y una frase de la “Mazúrquica” de Violeta Parra que dice: “La promesa jamás cumplida es el causante del descontento” (“El juraméntico jamás cumplídico/ Es el causántico del desconténtico”). Es la frase del disco.

—¿Tu origen está en el folclore?

—Re. La familia de mi vieja es de Corrientes, de un pueblo minimal; ahora cambió pila, pero era Macondo a full. Las calles eran de arena y la gente no usaba zapatos; yo era niña de Buenos Aires y para mi viajar era como una caravana gigante, ¡no llegábamos nunca! Y en el pueblo lo que hay es cantar, tocar un instrumento, juntarte a tomar un vino, celebrar a los muertos. Y ahí mamé pila el folclore. Íbamos a bailar al rosedal, que es un árbol que alrededor tiene junquitos, tierra, barrita, vino y gente tocando y bailando chamamé. ¡Yo veía con una magia todo eso! Lo veo ahora como una cosa re mágica. Esa es mi herencia.

—Sobre lo femenino/masculino, hace tiempo interpretás, desde el tango, canciones asociadas a voces de hombre. ¿Hay algo consciente de cómo tenés que interpretarlas vos como mujer que sos?

—En una época yo le decía a Nelly Pacheco, que fue mi profe de canto, cómo podía ser que yo cantara: “Uno busca lleno de esperanzas...” Y ella me decía que el conflicto lo estaba poniendo yo, y está muy bien. Ahora elijo cantar “Una”. Ahora hay cosas que prefiero cantarlas en femenino a rabiar.

—¿Cómo has transitado la explosión en redes sociales de acusaciones contra músicos y otras figuras?

—(Piensa) Entiendo que cuando se abre una canilla aparece el borbotón. En lo particular, estoy muy agradecida, porque yo tenía tantas cosas naturalizadas, de escuchar en camarines, de ver y reír, que lo veo ahora y me genera un rechazo... Agradezco pila esa apertura de canilla, que no es de hoy sino que encontró un lugar de manifiesto en la red, pero tiene 70 años de bibliografía. Yo me quedo con ganas de escuchar a compañeros músicos decir: “Comprendo, me planteo, me pregunto”. Sí estuve en conversación con un par de compinches que tuvieron el gesto de la llamada, que me parece enorme, porque si no nos pensamos, ¿qué hacemos? Yo veía cómo explotaba todo, escuché de muchos casos cercanísimos, y me quedé con ganas de escuchar a más . Me quedo con un comunicado que sacó (la murga) Cayó la Cabra, de: “estamos interpelados, vamos a pensarnos”. Cada uno verá, pero ya no puede no verse. No habrá vuelta atrás.

—¿Y qué te has planteado como líder de una banda de hombres?

—Hablamos pila, mis compañeros son muy copados. Y siempre estamos en discusión, y eso está rebueno. Si la banda suena más fuerte que mi voz, yo pienso: todas las voces. El volumen es político, las tonalidades son políticas. Cuando alguien te invita a cantar y el tema está en un tono para varones, te invita y no te invita. La tonalidad también habla del lugar que se te da.

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