AHÍ ESTUVE

Mon Laferte y un encanto sensible que va conquistando el continente

Crónica del show que dio la cantante chilena en Groove, Buenos Aires.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mon Laferte. Foto: Difusión

Estoy volviendo de Buenos Aires, en un sábado demasiado gris y demasiado frío como para tenerle cariño, y pongo esta playlist que promete lo esencial de Mon Laferte porque si sus canciones aplican para cualquier momento del día, parecen más que ideales para este momento y este paisaje, todavía impregnado de la fascinación que empezó apenas se subió al escenario de Groove en plena gira sudamericana de entradas agotadas, que no tuvo en Argentina ninguna excepción.

De hecho, mientras miraba el show pensaba que esta nota tenía que empezar con esa imagen: esta chilena medio mexicana acaba de terminar la primera canción del concierto, "Tormento", acaba de cerrarla sosteniendo una nota por demasiados segundos y haciendo una demostración contundente de la potencia de su voz, y el aplauso que sigue es tan abrumador que la hace parecer diminuta. Ahí, plantada en la mitad del escenario con sus tatuajes a la vista y su estrecho vestido fucsia, Mon Laferte se va haciendo chiquitita a medida que crece la ovación, baja la vista y se rodea con los brazos, como protegiéndose de semejante impacto, como cuidándose.

Allí donde podrían encontrarse Gilda, Amy Winehouse y Lila Downs —de la primera tiene una cosa angelical, casi divina; de la segunda la estética y de la tercera, una empatía musical evidente— está esta nueva estrella de la canción latinoamericana, con una historia de vida particular y una imagen poderosa: fue figura de un reality de talentos, se hizo conocida y exitosa desde muy chica, y cuando se cansó de esa exposición, tomó su guitarra y se fue a México para hacer una carrera cuesta arriba, que hoy la encuentra en el que es lejos su mejor momento.

Muchas gracias Argentina!!! Los llevo en mi corazón, prometo que volveré #AmárrameTour

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"Es mi primera vez en Buenos Aires con la banda completa", dice conmovida Mon Laferte ante las casi 2.000 personas que agotaron las entradas de Groove. Cuenta que hace cinco años llegó a la ciudad sola, con su guitarra, para tocar en un bar ante un público pequeño, y se emociona al reconocer en el público a la única fan de verdad que estaba aquella noche.

Es que los últimos años han sido de puro ascenso para Mon Laferte, que llegó a Argentina para cerrar un tour sudamericano en el que estuvo presentando su último disco, La trenza. Con mujeres, hombres y niños coreando sus canciones a viva voz, y con famosas como Lali Espósito o Julieta Zylberberg cantando de manera entusiasta desde un balcón reservado para invitados, la chilena y su banda (muy buena y ensamblada, liderada por el tecladista y director musical Manú Jalil) tuvieron una bienvenida más que calurosa.

Laferte fue, de la mano de La trenza, haciendo un repaso por su discografía que incluye, con estética mexicana, estilos de los más variados. Hay baladas, canciones pop, pop rock, ska y cumbia, y todo logra un mismo efecto que es mover a la masa de acá para allá y hacerla emocionar. En eso, la artista y sus músicos aciertan siempre: tienen mucha fuerza y gracia, y evidentemente disfrutan lo que están haciendo. Se nota en sus bailes, en su manera de tocar o cuando se tiran sobre el público en su mayor gesto de entrega.

Estoy muy feliz!! Que maravillosa gira por Latinoamérica, no puedo creer todo lo que estamos viviendo. Gracias #AmárrameTour

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Así transcurrieron unas dos horas de concierto (antes, los Banda de Turistas habían cumplido con una correcta presentación que fue entibiando el ambiente), donde la cantante confirmó que no es solo moda y que talento y carisma le sobran como para seguir creciendo.

Después, durante un exilio lento y bajo lluvia del público, pensaba en lo importante que es tener hoy a una figura como Mon Laferte: femenina y a la vez dura, de clara energía masculina y capaz de tocar, con sus letras que son dramáticas, crudas, autocríticas y sexuales, a hombres y mujeres por igual. Un público de lo más heterogéneo se identifica con sus composiciones poderosas, que no tienen pelos en la lengua y a la vez abrazan. Y referentes así siempre son necesarios.

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