Entrevista

Molotov: "Aunque ya lleve años este discurso, es lo que somos nosotros"

El bajista Paco Ayala charló con El País, antes de la vuelta de la banda a Montevideo

Molotov. Foto: Difusión
Molotov. Foto: Difusión

La promesa de un muro que dividiera dos países, la desaparición de 43 estudiantes y en contrapartida la aparición constante de fosas comunes, y la sanguinaria lucha contra el narcotráfico, no estaban en las portadas de los diarios en 1997, cuando Molotov editó su insuperable ¿Dónde jugarán las niñas? y con él, himnos eternos como “Gimme The Power” y “Voto latino”.

Pero dada la coyuntura sociopolítica del México de los últimos años, cuando en el reciente MTV Unplugged que lanzó Molotov, la banda y el público se unen, puño en alto, al grito de “¡Viva México cabrones!”, la reivindicación parece ser mucho más necesaria y grande que hace 20 largos años.

De aquel debut de 1997 hasta este desconecte lanzado ahora, Molotov ha hecho mucha música y ha venido unas cuantas veces a Uruguay. La próxima será con este formato, el 2 de octubre a La Trastienda, y antes de eso, el bajista Paco Ayala (en la foto, el segundo desde la izquierda) conversó con El País.

—Debe haber sido extraño llevar su repertorio a la versión desconectada. ¿Qué sentís que le aportó a la banda?

—Totalmente. Creo que hacemos la maqueta de la canción y pasando eso, nunca vuelve a la guitarra acústica o a ser tocada de forma acústica. Entonces era un reto regresar a lo básico, que la banda sonara y los temas se adaptaran. Y nos gustó; había canciones que después de tocarlas dos décadas sin parar, necesitaban una refrescada. Creo que se logró.

—¿Cómo trabajaron la potencia? Molotov se caracteriza por un sonido muy fuerte, y se tiende a pensar que lo acústico obliga a bajar el volumen.

—Lejos del temor, era la pregunta que nos hacíamos: ¿cómo vamos a hacer que canciones que se conocen como poderosas, lleguen a la gente? Y también que nosotros sintiéramos que la rola se movía sin todos esos recursos eléctricos. Lo que hicimos fue llevar un guitarrista extra, un amigo, que recuperaba todos esos armónicos que en el eléctrico tiene (el cantante y guitarrista) Tito con todos los efectos. Sumamos un par de percusionistas para apoyar la parte beat, que eso tuviera un pulso constante; los dos bajos se mantuvieron como siempre, aguantando el punch. Y lejos de traer a artistas megaimportantes para relucir en un tema, quisimos hacer como una máquina gigante de lo mismo, como una pared de sonido acústico. Además de que logramos que Money Mark, el tecladista de los Beastie Boys, nos acompañara, haciéndose uno más, y Anita Tijoux que sí fue la cerecita del postre.

—¿Qué tema te sorprendió más en El desconecte?

—Una de las que más trabajo me costaba pensar hacia dónde llevarla era “Gimme The Power”. Pero a (el bajista y cantante) Micky se le ocurrió esta versión más rockabilly, y la sacó de un lugar que era medio acústico, downtempo. Era difícil moverla de pulso, y Micky atinó. Y no creo que lo haya pensado mucho: se puso a tocar y le dimos hasta terminar.

—A Molotov se la encasilla como una banda de rock con discurso de rap, pero hay muchísimos matices e influencias en su sonoridad. Y eso, que en los discos queda un poco más relegado, acá sale a relucir.

—Sí, totalmente. Nosotros mismos descubrimos cosas de las canciones que a veces ya no tocas. Las tocas tanto, que las empiezas a tocar de otra forma.

—En piloto automático.

—Exacto. Y tienen melodías, matices, cambios, armónicos, cosas que con algunos efectos o un beat muy poderoso, y rapeando encima, parece algo armado que no sólo hacemos nosotros, sino que lo hacen muchísimas bandas que admiramos. Pero no, va un poquito más allá, y sí requiere de musicalidad para que salga bien.

—Lo otro que resalta es el humor en plan irónico. ¿Esa ha sido la clave de la permanencia de Molotov como banda?

—Yo creo que sí, y que también se debe a que nos hemos dado cuenta, y afortunadamente esos temas no se tocan o no salieron en un disco, que siempre que pretenciosamente quieres llevar algo hacia un lado, nunca queda bien. Por lo menos a nosotros no nos sale. Si la canción no se escucha de entrada honesta, real, es difícil lograrlo. En ese sentido, lo que hacemos y decimos, aunque ya lleve años este discurso, es lo que somos nosotros. Por eso salimos a cantar con la misma fuerza.

—¿Hay algo en eso que explique cómo Molotov, siendo una banda con lenguaje tan mexicano, se haya infiltrado tanto en otras culturas?

—No sabemos a qué se debe, porque no sentimos que toquemos tan mexicano. Pero para nosotros es natural hablar de lo que nos afecta; se nos haría una falta de respeto hablar de un problema de otro país, y con lo que tenemos que resolver como sociedad, estamos a punto.

"Se nos haría una falta de respeto hablar de un problema de otro país, y con lo que tenemos que resolver como sociedad, estamos a punto"

Paco Ayala

—Sin embargo ustedes, con un discurso social y político crítico, con el tiempo pasaron a cantar de temas más introspectivos. ¿Sintieron que la postura política les pasó factura, que se volvieron una “banda política”?

—Es que se ha vuelto más difícil hacer una canción criticando al sistema, al malo reciente de la historia, cambian los gobiernos y los apellidos, pero los malos se dedican a lo mismo, ¿no? Entonces hacer canciones que hablaran otra vez de lo mismo ya era un problema. Porque, no sé, “Voto latino”: el racismo que vivimos nosotros en la frontera con Estados Unidos sigue ahí, y está peor que nunca. En “Frijolero” lo mismo, o “Hit Me”, y esto es increíble pero es cierto: hay gente de las nuevas generaciones que ha ido a nuestros conciertos, que piensa que las canciones las hicimos hace un mes, o que son de un disco del año pasado. Son temas que por desgracia, aquí no han avanzado en absoluto. Entonces es natural seguir hablando de esto.

—Es su compromiso.

—Sí. Si dejas de hablar de cosas o dejas de tener una filosofía como banda, ¿pues entonces a dónde fuiste?

—Y desde adentro, ¿qué visión tenés sobre la exportación cultural mexicana, la consagración de directores de cine, el ascenso de Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro?

—Increíble. Nos tocó en los ochenta ver cómo eso pasaba en España o Argentina; en México, el cine que veías era todo de otro lugar, y ni que hablar la música que sonaba en las radios. Entonces ahora que muchas secciones del arte mexicano han salido a otros lugares del mundo, se siente bonito, se siente padre.

—Y hasta el cine estadounidense le dedicó una película a la cultura mexicana.

—Creo que Coco es la película más exitosa en México, y la fue a hacer Disney. Bueno, pero por suerte la gente la vio y se sensibilizó. ¡Qué bueno! Ya no fue Terminator la más vista.

Ficha

20 años de conexión con los uruguayos

“La primera vez que fuimos tocamos en La Paloma, eso habrá sido en 1998, creo, hace 20 años. Me acuerdo que llovió; ni yo sé cómo, pero me acuerdo muy bien. Y siempre la pasamos muy bien allá, es de esos lugares a los que quieres regresar pronto”, dice Ayala sobre Uruguay, adonde vuelven en días. El 2 de octubre a las 21.00 tocarán en La Trastienda, en su versión unplugged en el marco del Desconectour. Las entradas están en venta en Red UTS, desde 1.485 pesos.

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