PABLO MILANÉS

"Mis lazos con Uruguay son muy fuertes"

El cantautor vuelve a Uruguay con un formato de trío (piano, batería y bajo) para hacer un recorrido por los temas más clásicos de su obra, “pero también para dar a conocer otros que son de mi preferencia y no tan conocidos”, le cuenta Milanés vía mail desde La Habana a El País.

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"Al componerla, uno no puede calcular la trascendencia de una canción". Foto: Difusión

“Además, llego a Montevideo tremendamente ilusionado de poder contar con un grupo de cuerdas locales, bajo la dirección del maestro Fernando Condon, que me acompañará en cuatro temas”, dice el autor de clásicos como “Yolanda” y “Para vivir”. El show del que habla Milanés, es hoy en el Auditorio Nacional Adela Reta y será a sala llena: las entradas ya están agotadas. “Espero una noche entrañable”, dice Milanés.

—La primera vez que vino a Uruguay fue en 1985, en el regreso de la democracia al país. Solo por curiosidad ¿se acuerda algo de aquel día?

—Que era impresionante, la masa congregada en una plaza de la que no recuerdo el nombre (fue en la explanada municipal). ¡Fue una prueba de fuego para mí! Canté "Hombre preso que mira a su hijo", que fue concebida para cantarla con una orquesta y la hice sólo a guitarra, y en una banqueta incómoda, que apenas me permitía tocar a gusto. Fue una prueba en todos los sentidos, histórica e inolvidable para mí. Y algo más, el silencio cuando la cantaba de esos miles y miles de uruguayos que estaban presentes. Por eso quiero recordarla ahora, pero cantándola con orquesta en el concierto que voy a hacer.

—¿Cómo ha sido desde entonces su vínculo con nosotros?

—El vínculo lo he sostenido a través de amigos, el "Negro" Rada, Juan José Rodríguez de la Camerata de Punta del Este, los hermanos Fattoruso, Eduardo Galeano, Daniel Viglieti y muchos amigos más. Y también el pueblo con el que me encuentro cada vez que he podido ir. También sostuve una relación muy profunda de amistad en España, durante su exilio, con Zitarrosa, y con Mario Benedetti en Cuba, a quien veía continuamente. Por eso, mis lazos son muy fuertes.

—Usted ha sido un protagonista de una canción latinoamericana que terminó afianzándose tras la llegada de la Nueva Trova Cubana. Para usted que recorrió todo el continente, ¿cuál es el elemento en común de todas en ese cancionero?

—Creo que son dos cosas: una es el sentimiento americanista, que tiene muchos matices, que incluyen la influencia de los países que nos colonizaron. Y la otra es la ideología por acabar de hacer un continente libre, demócrata y próspero. Esos son los elementos que nos caracterizan.

—¿Alguna vez imaginó la larga permanencia de sus canciones?

—Cuando uno compone una canción no puede calcular la trascendencia de la misma. Musical y temáticamente muchos de los temas que he compuesto son atemporales, quizás por eso se han seguido escuchando, pero en general es un misterio a veces entender por qué un tema ha trascendido más que otro.

—¿Cómo ha cambiado su acercamiento a alguna de las canciones escribió hace más de 40 años?

—Cada vez que canto una canción, tenga 40 o cuatro años, la encaro del mismo modo, aunque mi cerebro ya puede cantar de forma automática los temas más clásicos. En las canciones más recientes me dedico un poco más, las pienso y me gusta observar la reacción del público ante ellas.

—¿Cómo es su rutina de compositor?

—Cuando me siento a trabajar sí tengo una rutina que acabo realizando. Tengo una grabadora antiquísima, de casete. Es que no he podido adaptarme a los aparatos digitales para grabar. Me siento frente a ella, con papel y lápiz, y ahí suceden las palabras y la música. Generalmente es en la mañana, bien temprano, mientras todos duermen. A veces me siento horas y otras tan solo unos minutos.

—¿Qué papel juega la poesía en estos tiempos?

—La poesía nació con la palabra y aunque esté distorsionada en estos tiempos permanece en el sentimiento, la espiritualidad y el deseo de expresarse del ser humano. Eso es eterno.

—¿Cuál es la canción que más le piden?

—Pues imagínese, "Yolanda", "Para vivir", "El breve espacio…", pero siempre me satisface encontrar peticiones de temas mucho menos difundidos y que en ocasiones también los solicitan.

—Es muy interesante el disco Canción de otoño con José María Vitier. ¿Podría contarme algo de eso?

—Trabajar con José María en ese disco fue maravilloso. Lo admiro mucho como pianista y me ofreció llevar a cabo un proyecto que teníamos hace décadas y que por fin lo hicimos realidad hace un par de años. Yo canto esos poemas de reconocidos poetas de las letras hispanas (Lorca, Rubén Darío, Gabriela Mistral, sus padres —Fina García Marruz y Cintio Vitier— así como de él mismo y su esposa la poeta Silvia Rodríguez, entre otros). José María había musicalizado todos esos textos e hicimos un exquisito trabajo a piano y voz.

—¿Cómo está la cultura joven en Cuba?

—Cultura y juventud viven, en cierta manera, desafíos parecidos a otros lugares, aunque por un lado, hay una cultura dirigida, oficial, pero también existen manifestaciones alternativas. Muchos jóvenes en Cuba se preocupan por estar al día en expresiones artísticas y sociales nuevas, pero en Cuba no hay que olvidar el inmenso background musical, literario, artístico en general, y que sigue marcando una seña de identidad propia.

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