ENTREVISTA

Los mil personajes de Rada: el músico repasó las canciones de "Negro rock" con El País

A finales de diciembre, Ruben Rada publicó "Negro rock", su nuevo disco, y se encontró con El País para repasar algunas de sus canciones

Ruben Rada en su apartamento. Foto: Leonardo Mainé.
Ruben Rada en su apartamento. Foto: Leonardo Mainé.

Apenas entro al apartamento de Ruben Rada, me encuentro con una serie de objetos que resumen la carrera de uno de los músicos más importantes de la historia uruguaya. Sobre una de las mesas de su living, reposan unos cuantos reconocimientos: el Grammy Latino a la Excelencia Musical que recibió en 2011, la placa de Ciudadano Ilustre de Montevideo que se le otorgó en 2008 y los tres Premios Gardel que fue ganando durante años. En una de las paredes, entre una pintura que retrata a Ansina y un retrato fotográfico en blanco y negro que muestra al músico tocando una trompeta, hay tres premios por ventas de álbumes: un Disco de Platino por Miscelánea negra, y dos Discos de Oro por El álbum negro y Tango, milonga & candombe.

Vestido con camisa blanca y corbata azul que incluye la caricatura del teclado de un piano —a base de un estilo bien ochentero—, Rada me recibe para escuchar las canciones de Negro rock, su nuevo disco, que llegó a las disquerías uruguayas a principios de diciembre. “En realidad iba a ser un disco doble”, comenta mientras sostiene una copia del CD editado por Montevideo Music Group. “Se iba a llamar Distintos tonos de negro; por eso tiene tanta variación de música”.

Rada, que suele editar al menos un disco por año, le presentó su álbum al sello discográfico montevideano, pero tuvo que dividirlo porque los discos dobles ya no venden tanto. “Funcionan más los triples que los dobles”, dice con un tono que mezcla cierta ironía con resignación. “Así que tuve que separar a los hermanitos y salió Negro rock. Después se viene el otro, pero ya no sé qué título ponerle”.

Ruben Rada junto al Latin Grammy a la Excelencia Musical. Foto: Leonardo Mainé.
Ruben Rada junto al Latin Grammy a la Excelencia Musical. Foto: Leonardo Mainé.

Mientras agarra un viejo discman que está dentro de una caja negra, donde también están los álbumes La iguana en el jardín de Claudio Taddei; Contracorriente de Damián Gularte; y La colección, de Jaime Roos, Rada me pasa la copia de Negro rock para que le saque el nylon protector. La portada muestra un collage de fotos en blanco y negro que lo retratan durante varios momentos de los sesenta y los setenta. Con un pelo afro y una amplia sonrisa que mira a la cámara, su imagen se puede relacionar más a la de Sly Stone —el líder de la banda de funk Sly & the Family Stone— que a la del cantante de “Las manzanas”, que suele hacer gestos graciosos o fingir una cara seria cada vez que le toman una fotografía para una entrevista.

“El rock and roll, sonó una vez / Golpeó mi mente cuando solo tenía 10”, se lo escucha cantar en “Negro rock”, la canción que abre el álbum. Desde los parlantes del living resuena la guitarra con tintes de rockabilly a cargo de su hijo, Matías, y el golpe firme de la batería de Pepe Canedo. Sentados en el sillón negro, escuchamos cómo evoca a algunos de los grandes de la música negra: Chuck Berry, James Brown, Aretha Frankin y Otis Redding.

“El rock and roll nació como un ritmo para bailar, al igual que la salsa”, explica mientras el tema suena a todo volumen. “El género empezó siendo criticado, como toda la música tocada por los negros”, dice. “Era visto como algo de segunda mano hasta que lo cantaron los blancos y pusieron a Elvis Presley como el rey. Pero el verdadero rey es Chuck Berry”.

“No converses, no pongas letras que se alejen de los pies / bailá rock and roll”, canta antes de lanzar un grito agudo y dar paso al solo de guitarra. Mientras el instrumento toma el protagonismo del paisaje sonoro de su living, Rada acompaña los golpes de batería con una percusión improvisada que consiste en golpetear las manos sobre sus piernas y mover la cabeza al ritmo de la música. “Lo de las letras, que no se alejen de los pies, es como decir que hablar de la guerra y de la bomba de Hiroshima tiene que ver con el rock inglés, que habla de esos temas”, explica. “Pero, en realidad, lo tradicional es el baile”.

Ruben Rada. Foto: Leonardo Mainé.
Ruben Rada. Foto: Leonardo Mainé.

Si bien el título de Negro rock genera la sensación de que el oyente se va encontrar con una colección de canciones centradas en el rock clásico, a medida que pasan los temas, la idea queda descartada. Por eso, al igual que Rock de la calle —el discazo que lanzó en 1979 junto a La Banda— el título resulta un poco engañoso ya que, si bien la formación clásica de una banda de rock es una constante, la versatilidad es la base del álbum. Por eso, Negro rock incluye abordajes del candombe, reggae, blues, funk, gospel, tango, milonga, joropo y hasta un pequeño coqueteo con el reggaetón.

“Quiero que la gente que escuche el disco piense que Rada no tiene estilo”, dice. De fondo suena “Amor nativo”, una canción que incluye una serie de lamentos que define como “gritos de montañas” del interior argentino. “Yo no soy rockero, no soy candombero; toco world music. Para mí es fácil transformarme en cualquier personaje”.

"mama blues"

Un canto para mamá

La charla queda en pausa durante unos segundos cuando comienza a sonar “Mama blues”, la mejor canción de Negro rock. A través de un canto blusero lleno de dolor, que tranquilamente podría haber formado parte del disco The Genius of Ray Charles —de paso, sobre uno de los parlantes hay una figura de un Ray Charles sentado frente al piano y acompañado de su amplia sonrisa—, Rada le canta a Carmen, su madre.

“Hace tiempo yo me fui / Muy lejos de mi país, / Y mi madre se quedó / Fingiendo ser muy feliz”, canta sobre sucios arreglos de vientos y un piano insistente que le agregan más melancolía a la letra. “Pobre vieja”, interviene Rada con un tono similar al de la canción. “Ella nunca se metió cuando yo me fui. Tenía una valentía y una inteligencia tremendas porque entendía que estaba bien que me fuera, bo”, dice con voz grave y profunda. “Tenía que crecer, bo”, insiste, mientras por los parlantes su hija Julieta -que se radicó en Buenos Aires para dedicarse a la música- se suma a la canción para acompañarlo en los coros.

“Mama blues” llega a su punto más emotivo en el momento en que canta, casi sollozando: “cuando ella se fue, yo perdí parte de mi voz”. Rada asegura que no recuerda ni quiere recordar el año en que falleció su madre, pero sí que no olvida el dolor de la pérdida. “Es cierto eso”, dice apenas escucha la frase de la canción. “Cuando murió mi madre yo, que no conocía lo que era la angustia porque vengo de la calle, me di cuenta de que no llegaba a algunas notas. Cuando tenía a mi madre, yo cantaba ‘Guantanamera’, pero después nunca más las logré. Me quedó una cosa horrible que nunca pude superar”, admite.

“Cuando me casé con Patricia, que es psicóloga, empezamos a hablar de la angustia y de proyectar cosas, y ahí escribí ‘Terapia de murga’. Creo que si hubiera hecho terapia, que antes decía que no hacía ni en pedo, seguramente hubiera solucionado muchas cosas de mi vida”, admite. “Mi mujer cuando lea esto no va a creer lo que digo”, agrega con una sonrisa.

Tras el dolor de “Mama blues”, el disco nos lleva a “Lobo y Miguel”, una canción que describe la inesperada visita de Mick Jagger a la casa de Fernando “Lobo” Núñez, previo al recital que The Rolling Stones ofreció en Montevideo en 2016. “Cuando entró Mick a la casa, el Lobo lo abrazó y le dijo: ‘Miguelito, qué alegría que viniste a mi cumpleaños”, relata Rada con una carcajada.

“Yo estaba tan nervioso que le dije: ‘I’m the same época as you’. Era un inglés peor que Tarzán, pero estábamos duros de la emoción”, dice. “Lobo y Miguel” incluye un fragmento de la versión candombera de “(I Can’t Get No) Satisfaction”, que luego apareció en el documental The Rolling Stones Olé, Olé, Olé!: un viaje a través de América Latina.

Luego de escuchar algunas canciones más de Negro rock, Rada agarra un CD que está apoyado sobre el sillón y lo pone en su discman. Entonces, me muestra tres canciones de la segunda parte de Distintos tonos de negro: un excelente funk donde Rada canta como si fuera Barry White; un tema disco que se construye sobre tres insistentes acordes de piano; y un funk que habla sobre reconciliarse con un amor con un tema de Jaime Roos de fondo. Mientras pasan las canciones, Rada se para del sillón, baila, aplaude y canta sobre las grabaciones. “Este va a andar mejor que Negro rock”, asegura. Por lo que escuché, tiene toda la razón.

Cuando le pregunto sobre su edición, dice que primero va a publicar el disco en vivo de Parte de la historia -el espectáculo donde repasó temas de El Kinto, Totem y Opa- y Humano-Electro-Sinfónico, un álbum en el que los arreglos sobre los que se construyó el show sinfónico que ofreció en 2018 en el Auditorio Nacional del Sodre, se mezclarán con teclados y su voz con aires de crooner.

Crooner, rockero, candombero, funkero, tanguero, sin estilo y sobre todo, imparable: Ruben Rada tiene 76 años, y el futuro lleno de música.

negro rock

Un disco que homenajea ritmos con raíces negras

“Robo de aquí, robo de allá / Robo del tango y la milonga”, canta Rada en “Milongrock”, una canción donde el rock, la milonga, el tango y el reggaetón conviven a lo largo de tres minutos. “La música pa’ mí no tiene forma”, entona con ese tono arrabalero que definió el disco doble Tango, milonga y candombe (2015).

Al igual que todos los discos de Rada la versatilidad es una constante y el homenaje a los ritmos de raíces negra se reparte a lo largo de las canciones. Hay blues en la hermosa “Mama blues”, gospel y funk en “Carnal”, candombe en “Lobo y Miguel” y rock en “Negro rock” y “Spinetta es lo más grande que hay”.

Negro rock rescata “Candombe para Bob Marley”, una canción que originalmente se publicó en Pa’ los uruguayos (1989). En esta ocasión, cantó a dúo con el argentino Dread Mar-I.

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