reconocimiento

Miguel Villasboas: de los bailes del Sudamérica a Ciudadano Ilustre

Hoy en la Intendencia de Montevideo se rendirá un homenaje al octogenario músico de tango

Miguel Villasboas
Miguel Villasboas, una vida dedicada a difundir el tango. Foto: Marcelo Bonjour

Esta tarde a las 15.00 en la Sala de Acuerdos de la Intendencia de Montevideo tendrá lugar la ceremonia que nombrará Ciudadano Ilustre al músico de tango Miguel Villasboas. El maestro, de 82 años de edad, fue uno de los grandes difusores del dos por cuatro en el mundo, además de haber recorrido al frente de su orquesta durante más de medio siglo las salas de baile de todo el país. También grabó unos 60 discos, además de otros soportes como el casete, en los que se preserva toda una memoria del tango, principalmente vinculada al estilo de Roberto Firpo, su gran referencia musical.

“Aparte de todos los homenajes que me han hecho, que son muchos, éste significa algo muy importante en mi vida artística, porque culmina el esfuerzo que he hecho durante toda mi vida, de recorrer el mundo entero con el tango. Yo llevé el tango uruguayo a todos lados del mundo: en muchos lugares conocieron el tango por mi modesta labor”, comentó Villasboas a El País.

Junto a ese andar por el mundo, el músico difundió el tango a través de grabaciones, las que jerarquizó con sus esmerados arreglos musicales. También fue un conocedor de la noche uruguaya, principalmente a través de las actuaciones en vivo en locales bailables. En el Palacio Sudamérica, de la calle Yatay, tocó durante décadas, desde mediados de los años 60 hasta que la situación “se vino un poco abajo para el tango”. Sin embargo, su labor continuó en los más diversos escenarios, hasta su retiro en 2008.

Miguel Villasboas
Miguel Villasboas, en una de las fotos de su álbum de recuerdos. Foto: Difusión

Con el tango recorrió desde el viejo Hotel Carrasco hasta lugares en absoluto lujo. “El tango tuvo eso de importante, que siempre se defendió en los lugares de avería, de arrabal”, recuerda el pianista sobre los lugares humildes que animó con su orquesta. También sitios peligrosos, de mucho lío y pelea. “Una vez toqué en El Refugio Oriental, cerca de Camino Carrasco. Y fui con mi coche, y el dueño del local me dice que no deje el coche en la puerta, que me lo roban”, evoca desde el presente.

“También toqué en El Fogón, otro lugar famoso por los líos que se armaban. Era una de trompadas y piñas. Era en dictadura, y venía la policía y se llevaba a todos: los únicos que nos salvábamos éramos los músicos. Hasta los mozos iban presos”, recuerda hoy entre el humor y la emoción.

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