Entrevista

“Mi ego no es tan grande como para ser músico”

Una charla con Alejandro Ferradas sobre sus 30 años de carrera, haber producido a Darnauchans y su nuevo disco, Canciones aferradas

Alejandro Ferradas
Alejandro Ferradas, un cantautor pop con un disco de temas ajenos

Aunque para muchos pudo haber pasado desapercibido (una característica de su carrera que él reconoce), el último disco de Ferradas, Canciones aferradas (Bizarro), fue uno de los grandes discos nacionales de 2017. Es un album de covers (con canciones de Roos, Cabrera, Darnauchans, Matero, Dino, entre otros) de un cantautor pop uruguayo con 30 años de carrera llena de hitos importantes y un montón de canciones.

—¿Cómo han sido estos 30 años de carrera?

—Increíbles. Ni me imaginaba todo lo que vendría y siempre intento recordarlo. Están todos los años con Darnauchans, por ejemplo, de quien empecé siendo fanático y terminé tocando con él.

—¿Cómo recordás los tiempos de Séptimo velo, tu primer grupo?

—Éramos todos gurises. Ensayábamos mucho, pasábamos mucho juntos, tocábamos por todos lados. Los 90 fueron difíciles: todas las bandas se terminaron abruptamente y nosotros entramos sobre el final.

—Y arrancaste como solista.

—En 1991 salió mi primer disco, en realidad, un cassette, Banderas y banderines y en 1995 grabé mi primer CD y me sentí más seguro. Y en 1998 grabé Contenido neto que lo masterizamos en Abbey Road, el estudio de los Beatles.

Alejandro Ferradas
"Entonces", la canción de Jaime Roos, incluida en "Canciones aferradas"

—¿Cómo fueron los 90?

—Raros, nos juntábamos con mucha gente y estábamos medio perdidos. Quizás porque los 80 nos dejaron medio sueltos y sin rumbo y además fue muy fuerte el cambio: no había espacios para el rock, no había un programa de radio, había solo pequeños boliches. Y mucha gente abandonó.

—Y por ahí apareció Darnauchans...

—Sí, por esa época. El Darno ya me conocía y cuando tuvo que buscar nuevos guitarristas llamó a Guzmán Peralta quien le sugirió mi nombre. Pero el Darno pensaba que yo iba a decir que no porque me veía como cabeza de cartel.

—El venía de trabajar con grandes guitarristas.

—Y yo aprendí ahí el oficio. Aun disfruto mucho, el papel de músico acompañante, estar en función de alguien. El Darno me hacía estar en función de él todo el tiempo. Al principio fue un stress y hoy me doy cuenta que muchos guitarristas no podrían hacer eso.

—¿Cómo era trabajar con Darnauchans?

—Nada fácil pero eso era lo que la hacía interesante y muy disfrutable. Cada momento era especial, cada toque era distinto, lo que para mi era un reto. Estar con él y hacerme uno con él, en el escenario y en el resto de la vida.

—Le produjiste El ángel azul que es un gran disco.

—Darno no grababa un disco de estudio desde los 90 y cuando salió la posibilidad de producir un disco nuevo, me propuse arrancar por el final y empezar con las voces. Y una vez que tuve la pista de voz entera, recién ahí empecé los arreglos. Lo hice puramente para que le gustara al Darno: utilicé todos los elementos que sabía que él quería que estuvieran.

—Con una carrera de 30 años y que seguís sacando buenos discos, ¿no crees que tendrías que haberte tenido más suerte, ser más reconocido?

—Hay mucho de mí, en eso. Nunca hice lo que debería hacer para lograr ciertas cosas porque no las sé hacer o porque no me interesan. No soy bueno para promocionarme, me cuesta mucho y no me gusta. Me conformo con lo que hago y bastante bien me ha ido. Me gusta componer, grabar, subir al escenario con colegas. Pero le esquivo al escenario y así es difícil. Es mi culpa y jamás diría que es por otra razón: no tienen la culpa las canciones. Mi ego no es tan grande como debiera ser para ser músico y eso es un ingrediente fundamental. Para que pasen cosas hay que creérsela mucho. Yo no me la creo.

—Eso es tan de los 80.

—Puede ser porque lo veo en otros colegas con formación similar a la mi, eso de tener una visión autocrítica muy grande y estar como disculpándose. Y eso de la humildad es una gran mentir. Está muy bien humanamente pero no vende discos. Pero bueno, no voy a cambiar a esta altura. Necesitas tener algo parecido a un personaje porque nadie quiere ver a la misma persona que abajo del escenario pero eso nunca lo elaboré ni me la creí jamás. Y soy muy autocrítico de mis propias cosas.

—Sin embargo eso no ha impedido que tengas un montón de buenas canciones.

—Pero siempre estoy empezando de cero. En 1995 tuve un tema, “Ajedrez”, que pegó muchísimo. Y eso me llevó a que cuando vino Maná, me llamaran para abrir su show. Pero dos años después, cuando saqué mi siguiente disco, me preguntaban si era “mi primer disco”. Y eso aún me pasa hoy. Estoy acostumbrado a que eso sea parte de la cuestión.

—La selección de canciones de Canciones aferradas es como un canon de la generación anterior a vos. ¿Por qué eso?

—Porque esa es la música uruguaya que escuchaba cuando tenía 15 años. Casi le pongo “Canto popular”.

—Y cambiaste los arreglos.

—El único que respeté fue “Este momento ahora” de Rumbo porque lo que me gustaba era ese arreglo. Los otros temas los cambié un poco y quizás el más distinto es el de “Cápsulas” que tenía que cambiarlo mucho para poderlo hacer.

—Capaz que ese gusto por una música que no necesariamente estuvo en el corpus del rock, te dejó sin movida.

—En los 90, no era suficientemente rockero para estar en la movida del rock, no tan música popular para caer ahí. Eso me deja en un lugar raro porque nunca pude etiquetarme y así es difícil venderse. No sé en qué góndola ponerme.

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