MÚSICA

Memoria musical que se arma como si fuera un collage

Ruben Olivera presenta un ciclo en el Teatro Victoria.

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Juego: "Tiene mucho humor el espectáculo" dice Olivera. Foto: Nicolás Pereyra

Quedan siete viernes, todos los de septiembre y octubre, para ver el espectáculo Memoria para armar, una combinación de performance, recital y collage que Ruben Olivera viene haciendo en el Teatro Victoria desde las 21:00 (ver recuadro).

—Surgiste en aquella generación de 1976 de la música popular uruguaya. ¿Cómo recordás aquellos años?

—Tenía veintipocos años y era una época de resistencia con la potencia de la edad. La gente que recuerda a los jóvenes de esa época la ven como una cosa muy oscura, pero nosotros éramos felices de poder estar siendo de utilidad para esa consciencia de que se podían hacer cosas. Todo lo que no se podía hacer desde la política, se hacía desde la música. La gente iba a los recitales no solo por nosotros. Tocábamos para cuatro mil personas y recién nos estábamos fogueando. Eran tiempos de grandes riesgos artísticos, fue una época tan fermental como la anterior a la dictadura.

—Desde entonces no paraste de tocar pero tenés pocos discos editados.

—Cinco...

—¿Por qué tan pocos?

—Soy de una generación diversificada. Hago cosas no sólo por necesidad económica, sino también por interés: tengo un programa de radio, doy clases, escribo, mi tarea con familiares de desaparecidos. Y el tiempo posible se achica bastante. Toco esporádicamente.

—¿Componés?

—Poco. Este año me hice la trampa con este espectáculo. Así que hacer cosas nuevas quedó para el año próximo.

—Contame de este espectáculo, Memoria para armar.

—Yo toqué hace unos años para la presentación de un libro, que luego sería una serie, Memoria para armar, con testimonios de ex presas políticas. Y ahí pensé hacer una "memoria para armar" musical, y reuní fragmentos de canciones de la predictadura, durante y después. Hacía una especie de una historia política, y lo seguí haciendo como un bloquecito en mis recitales. Ahí empezó a venir una idea de conectar la memoria individual y colectiva. Y con la idea de collage que desarrollo en los programas de radio, pensé en que podía poner filmaciones para hacer dúos.

—No sos vos solamente con tu guitarra.

—No, sólo deben haber seis o siete canciones y el resto son filmaciones, voces; hay partes en las que medio bailo, hay partes actuadas. Es difícil de comentar. Y grabé a Héctor Guido que me interpela como desde el público. Tiene mucho humor el espectáculo: es un juego. Está lleno de cositas.

—La memoria es una parte importante de tu obra.

—Sí, claro. Por razones personales, de militancia, por lo que me tocó vivir. Y soy de una generación que habla más explícitamente de esas cosas.

—¿Cómo ha cambiado el público con respecto a ese tipo de inquietud? Uno tiene la idea de que es siempre el mismo público que se retroalimenta.

—Es uno de los riesgos políticos y artísticos. Como en todas las cosas (pasa con el tema de los derechos humanos) el problema es que no se enquiste en una manera protocolar, hasta con sus homenajes y su cuota de emoción, y un público que va a escuchar lo mismo.

Un espectáculo que tiene todo.

Hoy y el resto de los viernes de septiembre y octubre se presentará este espectáculo en el Teatro Victoria (Río Negro 1479), desde las 21:00. Olivera brinda estos conciertos que tienen un concepto de collage: es un unipersonal en el que hay música, videos, dúos muy particulares y participación de voces políticas; todos elementos que arman esta memoria. Las entradas cuestan $ 300 y se venden en boletería.

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