GEORGE MICHAEL

La mejor voz del pop británico

La muerte del cantante deja en claro que pudo haber sido incluso más de lo que llegó a ser.

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George Michael. Foto: EFE

Podría haber sido más de lo que fue. Y eso que fue uno de los más grandes. Pero George Michael —que falleció el día de Navidad a los 53 años— perdió el interés por seguir en el juego de la popularidad y el reconocimiento relativamente rápido.

Tal vez porque alcanzó casi enseguida que sus canciones fueran coreadas por muchos. Junto a su amigo del liceo Andrew Ridgeley formó el dúo Wham! en 1981 y solo dos años después ya habían sacado el primer disco, que les dio tres hits: "Wham Rap! (Enjoy What You Do)" , "Young Guns (Go For It!)" y "Club Tropicana". Entonces, Michael tenía 20 años.

Ambicioso, Michael se puso casi enseguida a componer para el disco que lo llevaría a él y a su amigo a la cima. En 1985 sacaron Make It Big (algo así como "Lograrlo a lo grande") y vaya si lograron hacer realidad el título del álbum.

El disco vendió a troche y moche, y no había radio que no pasara sus canciones. Ya ahí se oía que tenía una garganta privilegiada, aunque todavía faltaba un poco para que demostrara todo el alcance y la expresividad de su excepcional voz, de las mejores que ha dado el pop británico, si no la mejor.

El impacto de ese disco de solo ocho canciones fue tan grande que a Michael no le quedaba nada por conquistar como integrante de una banda o dúo (Wham! llegó a tocar hasta en China, la primera banda de pop en hacerlo). El disco The Final, en 1986, despidió a Wham! y Michael se concentró en su primer disco solista.

En 1987 (Michael trabajaba rápido) publicó Faith. Por lo general, el que se hace solista luego de haber tenido éxito como parte de un grupo tiene que remar bastante para llegar al mismo nivel de popularidad. En el caso de Michael fue al revés. Faith fue mucho más exitoso que lo que había hecho en el dúo: más de 20 millones de ejemplares vendidos, seis sencillos —de un repertorio de nueve canciones— que llegaron todos a los puestos más altos de las listas de ventas, premios de todo tipo y color (Grammy, Brit Awards, American Music Awards, etc.) y una gira internacional que duró un año y medio e incluyó casi 140 shows.

Cuando Michael volvió a su casa luego de terminado el tour, había cambiado. La fama, la popularidad, el dinero... Todo eso parecía haberlo hartado. Y también pareció perder esa ambición por hacer el tipo de canción que lo había llevado hasta lo más alto.

Publicó el sucesor de FaithListen Without Prejudice Vol. 1— un año después de terminar esa enorme gira, y su estilo había cambiado. Más sosegado y reflexivo, Michael empezó a preocuparse por otras cosas que seguir en el ciclo profesional, y las nuevas canciones parecían querer romper con su propio pasado de ídolo pop y supuestamente frívolo.

Ahora que murió, parece cada vez más evidente que con Listen... Michael se empezó a despedir de la música. Aunque en el disco hay una obra maestra —"Freedom! 90"—, el resto del repertorio prefigura lo que vendría después: canciones mayoritariamente sosegadas y reflexivas, con las ocasionales concesiones a la discoteca (que, por otra parte, siempre se convertían en los temas más exitosos de sus discos).

Y si antes había trabajado consecuentemente para probarse como intérprete y compositor, en la década de 1990 empezó a dejarse estar, aparentemente desinteresado en revalidar logros pasados. A eso se le sumó un gusto por la marihuana —dijo que en algún momento de su vida se fumaba 25 porros por día— que lo metió en varios problemas con la policía y que pudo haberlo alejado de los escenarios y los estudios de grabación. No alcanzó el prestigio que otros de sus contemporáneos (Madonna o Bono) sí alcanzaron, aunque tal vez tenía tanto (o más) talento.

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