Entrevista

Maxi Angelieri, el italiano que sacudió la música uruguaya, está de vuelta

El frontman de Exilio Psíquico se instaló en Montevideo tras 15 años en Roma, y toca hoy en el Bar Andorra

Maxi Angelieri. Foto: Difusión
Maxi Angelieri. Foto: Difusión

Maximiliano Angelieri llegó a Uruguay a principios de la década de 1990, y le aportó a la escena local Exilio Psíquico, una banda extraña e ingeniosa de la que hay algo de material en YouTube. Y además, tuvo su periplo en los medios, en programas como En órbita (Canal 10) y Planeta pop.

En 2003 se fue a Roma, donde además de trabajar como microfonista en producciones audiovisuales, editó el disco en italiano Fatto in Casa, e hizo la música para la película Tanta agua (2013) y para un par de obras de teatro. Su último material es Jugando siempre en Segunda división y está en Spotify; y ahora, avisa, tiene más de 20 canciones, que este año espera grabar para editar pronto.

El italiano volvió y hoy toca en el Bar Andorra, con entrada libre, junto a su colega y amigo Riki Musso. Y por eso charló con El País.

—Vas a tocar hoy con Riki Musso en el Andorra, y aunque han compartido proyectos y se conocen mucho, nunca tocaron mano a mano, ¿no?

—Es verdad, hace 25 años que nos conocemos y nunca tocamos así. Además eliminamos todo; habíamos decidido que no íbamos a tener secuencias y cosas, sólo unos loops de batería, pero el lunes sacamos hasta los últimos loops de batería. Nos quedamos solo con teclado, guitarra y voces.

—Más allá de la amistad y los obvios puntos de contacto entre sus propuestas, ¿qué te interesa en particular de la música que hace Riki?

—Cuando llegué a Uruguay, El Cuarteto de Nos me gustaba mucho, incluso antes de conocerlo a él. De lo que me habían mostrado, era lo que me gustaba más junto con Leo Maslíah y Darnauchans; estamos hablando de 1990. Me acuerdo que con Orlando (Fernández) hacíamos un cover de “Psiquiatric” (“El psiquiatra”, del disco Soy una arveja de 1986). Y después nos hicimos amigos, y de ahí en adelante seguimos, tanto que el último disco (Jugando siempre en Segunda división, de 2014) me lo mezcló él.

—¿Volviste para quedarte?

—Sí, hace 23 días exactamente. Estoy pintando la casa, vamos a tener que arreglarla un poco con mi mujer y mi hija.

—¿Y por qué volvieron?

—(Piensa) Es complicado. Mi mujer es uruguaya, nos casamos acá, nos fuimos a Italia juntos, hubo cosas que anduvieron muy bien -tuvimos una hija-, pero el estilo de vida no nos gustó mucho. Podría hacer muchos chistes. Viste que a los socios de Agadu les dan el entierro gratis, entonces podría decir que ahora que tengo 50 años, es mejor que esté acá así no pago el entierro. O puedo decir que estuve 15 años acá, después 15 allá, ahora 15 acá y después de vuelta. Pero en realidad extrañábamos y decidimos intentarlo. Aunque estresa. Lo único que tenemos es casa, la nena (11) se tiene que adaptar. Lo bueno es que llegué y Riki me dijo: “Tenemos fecha en el Andorra”. Así que hora hay que poner.

—Pero más allá del estrés de empezar de cero, de conseguir trabajo y demás, esta vuelta trae implícito tu regreso a la música, porque acá están los amigos con los que siempre hiciste canciones.

—Eso, de mi parte, fue lo que más me dio ganas de volver: volver con mis amigos y con la música, sin el ansia que tenía cuando estaba acá. Porque cuando estaba acá, lo intenté hacer seriamente. Siempre dije que no quería ser under, a mí me hubiera gustado vivir de eso. Y nunca nos fue bien. Ahora ya no me importa; tengo 50 años, no me va a ir bien, quiero disfrutar.

"Siempre dije que no quería ser under, a mí me hubiera gustado vivir de eso. Y nunca nos fue bien"

Maxi AngelieriMúsico

—¿Sos parecido al que se fue de acá hace 15 años?

—No, no soy muy parecido. 15 años es mucho, parecido no soy para nada. Tengo mucha menos energía, estoy desencantado y tengo menos ganas de todo. Tengo ganas de cosas lindas, pero tengo menos paciencia.

—¿A Uruguay cómo lo ves?

—Aunque me digan: “qué locura”, desde que me fui a ahora, está mejor. Yo me fui en 2003, cuando todos se iban, era una tristeza. Es verdad que estoy acá hace tres semanas, y sería muy presuntuoso hacerme una idea con lo que veo paseando por la calle. Sé que todos me dicen que para qué volví, y allá todos me decían: “¡Qué bueno que te vas! ¿Tenés un lugarcito para mí?”. Al final, todos se quieren ir y nadie está contento, porque somos una manada de infelices. No hay nada que hacer.

—¿Qué impresión te llevaste del show del año pasado, que fue tu primer show en Montevideo en 15 años?

—Fue espectacular; era como un cumpleaños, vinieron todos los amigos. Me acuerdo perfecto, estábamos tocando “Muchachos” con Orlando, y era como si hubiera un coro. Y me di cuenta que lo estaban cantando desde abajo. Nunca habían cantado una canción nuestra en toda nuestra vida, entonces fue muy halagador, la pasé muy bien. Y cuando volví a Roma tenía más ganas de venir, porque ya habíamos decidido venir para acá.

—¿Cómo veías desde Roma, la escena musical italiana? Porque acá naturalmente llega solo lo mainstream.

—Allá también, aunque en los últimos años cambió bastante y hay toda una onda indie que empezó a tener cierta resonancia fuera del circuito. Por ejemplo, este año a San Remo, que es lo más terraja de la música italiana, va a ir Zen Circus, una banda que es muy buena, y otro que se llama Calcutta creo, un cantautor indie. Pero antes no llegaba nada tampoco, y tenías que buscar vos esa música. Y tengo que decir la verdad, no la busqué mucho; escuchaba discos que venían de España, algo de Argentina, la música de acá y en inglés.

—Igual, y no sé si tiene que ver con tu pasaje por los medios, has tenido siempre una inquietud por la música nueva que no es tan propia de los rockeros uruguayos de tu generación, que se encasillan.

—Es verdad. Yo soy un obsesivo y fundamentalista de los discos nuevos. Cada semana escucho en streaming 10 discos nuevos, por lo menos. Después claro, no me gustan todos. ¡Es que sale montón de música! A mí me gustaría tener 16 años de nuevo, que salís del liceo y no tenés nada que hacer, para poder escuchar, porque este es el mejor momento en la historia de la música. Nunca hubo un momento así. Hay decenas de bandas buenas que graban sus discos, no tienen filtros, los podés escuchar. Para los oyentes, es el paraíso: para los músicos profesionales, me doy cuenta que es un momento de crisis. Pero no siempre los músicos profesionales hacen la mejor música. Y nosotros en Uruguay tenemos ese ejemplo desde siempre. Es increíble la cantidad de discos que salen, no me da el tiempo. Es infernal.

Melómano

Angelieri y la música nueva

"De mañana me levanto, preparo el mate y en Italia, como no me lo podía llevar al trabajo, me tenía que levantar bastante antes para tomarlo todo. Entonces me ponía auriculares y escuchaba uno o dos discos nuevos. Después, ya tengo bastante experiencia para escuchar y decir: esto me va a gustar, esto no, esto lo voy a seguir escuchando, esto me parece muy bueno pero no es algo que voy a volver a escuchar. Pero en 2018 salieron un montón de discos; antes, cuando hacía las listas de los discos del año, no llegaba a 10: ahora pongo 50 y no me alcanza", cuenta Angelieri sobre su afición por descubrir nuevos artistas.

"El año pasado, por ejemplo, el 1 de enero de mañana, salió el disco de Jeff Rosenstock, que es buenísimo. Y él mismo tiene una banda que se llama Antarctigo Vespucci, con la que sacó disco en octubre", ejemplifica antes de mencionar algunas cosas que le han llamado la atención.

—¿Qué buscás en una banda nueva? ¿Sos de los que dice que si no es original, ya queda descartado, o te fijás en otras cosas?

—Yo tengo un criterio muy simple: me tiene que gustar. Ahora, si un grupo se parece a los Strokes, pero se parece mal, no me gusta, porque a mí los Strokes me gustan mucho. Pero si un grupo se parece bien a los Strokes —que tampoco eran tan originales, tenían algo de los Television y algo de los Velvet— lo escucho. Obviamente, si escucho algo original, que nunca escuché, me gusta más. Por ejemplo, hay un grupo que sacó su primer disco el año pasado, Tiny Little Houses, que tiene una dinámica muy grunge, muy Pixies, algo así; pero las melodías son tan buenas y están cantadas tan bien, que no me importa. ¡Es buenísimo! Pero al mismo tiempo hay otro grupo como Insecure Men, que tiene un sonido que lo tienen solo ellos, una mezcla de analógico viejo, guitarra, medio triste, y al mismo tiempo medio cool. Eso sí que no lo escuché antes, y me parece buenísimo. Y después hay cosas que no escuché antes, y no me gustan. Pero en este momento podés atiborrarte de la música que te gusta.

—¿Qué pensás de los Greta van Fleet, que es una de las discusiones del momento en esa línea?

—No me gustan nada, pero a mí no me gustan los Led Zeppelin tampoco. Nunca fui fanático de la música de los setenta, pero por gustos personales. No digo que no sean buenos los Van Fleet: son buenísimos, espectaculares, pero yo no los escucho, así como no escucho un disco de Led Zeppelin en mi casa. Yo qué sé, me gustan los Jethro Tull, pero no sé la última vez que los escuché. En verdad, de vez en cuando escucho "Too Old To Rock'n'Roll Too Young To Die" porque quiero hacer el cover, porque me siento así, perfectamente así. Pero no encuentro la vuelta para hacer un cover de esa canción. Un día lo voy a hacer.

—¿De lo nuevo de Uruguay estás al tanto?

—Me falta entrenamiento, pero me encantó el video de Romina Peluffo y el disco me pareció muy bueno. Después Julen y la Gente Sola me había gustado muchísimo; Excelentes Nadadores me encantó cuando sacó el disco, Desayuno Continental. Andrés Torrón hizo una cosa con la hija que está espectacular; Orlando con Sibyla Vaine tiene dos o tres canciones que me las chiflo todo el tiempo. Y el último disco de Riki era fabuloso. ¡Y La Foca también! Escuché una canción nueva, y si todo el disco es así, ya tenemos el mejor disco del año en español.

—Están cada vez mejor.

—Sí, mejoraron increíblemente con el tiempo, a pesar de la edad que tienen. Porque yo soy medio prejuicioso con los viejos como yo, siempre busco a los que tienen 20 años. Tienen más energía. Por ejemplo, hay grupos de emo ahora, pero no el emo de Tokio Hotel, sino Sorority Noise, que tienen 22 o 23 años y son buenísimos, tienen una angustia adolescente que yo no tengo más, y que me gustaría tener. La angustia se las dejo, ya tengo la mía, pero la energía sí la quiero.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)