El nominado a un Grammy habla de su oficio y por qué toca más afuera que acá

Max Capote: "Soy un 24 horas de la música"

Su mejor amigo de la infancia pidió una guitarra eléctrica y empezó a ir a clases. Max lo acompañó a la primera. Al volver vio la película La Bamba, sobre la vida del músico Ritchie Valens y decidió que quería hacer música toda su vida.

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"Los lentes oscuros y el wiskey no eran para meter onda, eran para taparme", confiesa.

De adolescente, en la década de los noventa, fue unos de los pioneros de la grabación digital en Uruguay: tomó una canción suya, la partió en varios disquetes y se los llevó a la única persona del país con una grabadora de CD’s. Así consiguió trabajo en un estudio, donde se dedicó a grabar bandas. Pero también aprendió de ellas y de los productores. Años después se lanzó como solista, medio de casualidad y empezó a sonar en varias radios. En el 2010 lo nominaron a los Grammy latinos. Hoy trabaja en Usinas Culturales (salas de grabación del MEC), conduce Blister —un programa de TV en el que entrevista artistas—, es dueño de un estudio de grabación, productor y además tiene su proyecto como solista.

—¿Cuándo empezaste a componer?

—A los 14 años, poco después de que me regalaran mi primer guitarra.En el último disco saqué una canción, que se llama "Sí Nena", que fue la primera que compuse. A veces me critican la letra, pero fue escrita por un pibe de 14 años, con toda la sangre del rock. Dice: "Solo en este pueblo, no tengo nada que hacer, si no veo a una chica, me voy enloquecer". Hormonal al palo y pelotuda.

—¿Cómo fue tu comienzo como Max Capote?

—Yo ya tenía mi propio estudio de grabación y había una radio que estaba pasando música nacional. Entonces me pareció una buena idea poner publicidad ahí, para ver si conseguía algún cliente. Les di un CD grabado por mí, con canciones mías, de un proyecto sin nombre.

—¿Y el nombre?

—Había visto la película 8 mm, en la que el protagonista va a una casa de revistas pornográficas y lo atiende Joaquin Phoenix, que interpreta a Max California, que es un tipo muy berreta. Nicolas Cage agarra la revista que estaba leyendo Max y se encuentra con que estaba leyendo A sangre fría, de Truman Capote. Entonces ese loco tan berreta tenía un interés por la buena literatura. Es un contraste increíble. Ahí dije: Si tengo una banda le voy a poner Max Capote. Cuando voy a esa radio con mi disco, me preguntan cómo se llama y dije Max Capote. A la semana me llaman que Mario Gallinares había seleccionado la canción "Necrofilia", como canción de la semana. Después me llaman porque Analía Fontán, que nunca entrevistaba a nadie, quería entrevistarme. Y como que de la nada empezó una especie de carrera.

—¿Max Capote es distinto a vos, Fabián Acosta?

—Hay un dicho que es: "¿Sabés quién es el diablo?, Dios cuando se emborracha". Son lo mismo en estados mentales distintos. Quizás Max Capote no es un álter ego, es otro estado de conciencia. Yo de pibe sufrí de sociofobia, me daba miedo salir a la esquina, y pese a eso me subía a un escenario a cantar. Por eso me ponía lentes oscuros, para estar oculto atrás de algo. Y Fernanda —del bar Pachamama— me servía mucha anestesia. Los lentes oscuros y el whisky no eran para meter onda. Eran para taparme y para que pase más rápido.

—¿Superaste ese miedo?

—Tuve unos ataques de pánico que me hicieron muy complicado subirme a un escenario, pero lo hice igual, queriéndome morir arriba. Fui para adelante y me potenció. Debo de haber sido el único músico que en lugar de agua o papitas, le pedí a mi manager un psicólogo. Tuve que bancarme una gira con muchos shows, sintiéndome así en todos. Por suerte estaba con la banda, que son mis amigos.

—¿Entonces disfrutás más grabar que el vivo?

—Grabar tiene sus momentos buenos y otros no tan disfrutables. A veces estás grabando y no te sale nada bien y querés patear todo. Me pasa que soy muy meticuloso, entonces la mayor parte del tiempo me frustro. Y cuando meto alguna ahí piro, me encanta. No sé si me hace tan bien mentalmente. Grabé solo tres discos, el Grandes Éxitos (2005), Chicle (2008) —que es el que nominaron para los Grammys latinos—, un simple de vinilo y Aperitivo de moda (2014).

—¿Te gusta el rol del productor?

—Me gusta producir bandas nuevas. Me gusta sacarle la virginidad discográfica. Porque cuando una banda va por su segundo o tercer disco, tiene su sonido ya hecho. Pero cuando nunca grabaron es como que se descubren y yo soy parte activa de ese descubrimiento, es co-mo enseñarle a caminar a un bebé. Es apasionante.

—¿Sos melómano?

—Trabajo muchas horas con música y lo que menos quiero cuando llego a mi casa es escuchar música. Encontré la solución de que si voy a escuchar música, que sea en vinilo, que sea diferente. Cuando viajo o cuando mi mujer viaja traemos vinilos. Me traje la banda sonora de La Bamba, por ejemplo.

—Tu música tiene esa textura del vinilo...

—Sí, va también en mi forma de sonar y de mezclar. Chicle está mezclado por un lado las voces y por otro la batería, así mezclaban los Beatles. Yo como nací y crecí escuchando esa música es de la mejor forma que sé sonar. Busco eso, es mi paradigma.

—¿En qué etapa está hoy Max Capote?

—Quiero cambiar un poco la dirección estética y sonora de lo que vengo haciendo. Me encantó cómo sonó Chicle pero quiero ir por otro lado. Como persona estoy buscando un hobby fuera de la música, me tiene un poco saturado. Hace 20 años soy un 24 horas de la música. Trabajo en usinas culturales, Blíster —donde entrevisto músicos—, soy productor, tengo un estudio de grabación y una mujer fanática de la música. Entonces me está por explotar el cerebro. Me gustaron siempre los autos antiguos y quiero meterme en ese mundo.

—¿Por qué tocás tan poco acá?

—Un día iba de gira por el estado de San Pablo, que es más grande que Uruguay, e íbamos a viajar 800 kilómetros. Ahí me di cuenta de que acá no podés hacer esa distancia porque se termina el país. Le pregunté al chofer cuánta gente vivía en la ciudad a la que íbamos, que creo que era Río Preto, y me dijo que eran 1.700.000. Entonces me puse a pensar ¿quiero ser el rey de Río Preto o de Montevideo? Si creo que el mundo es Montevideo estoy frito.

—Hiciste giras por Europa y América, ¿considerás que tenés éxito afuera?

—La carrera de los músicos está hilvanada de fracasos y cada tanto metés un éxito. Que te nominen a un Grammy, o que te aplaudan en un show. Creo que el éxito es como la zanahoria y el burro, es para ir y nunca llegar. Cuando empecé a tocar dije: "Toco en la Zitarrosa y dejo la música". Después en el Solís. Después el Plaza...

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