CRÍTICA

Matogrosso: música y provocación sin tregua

El concierto que ofreció el legendario Ney Matogrosso en el Auditorio Nacional del Sodre fue explosivo. Durante setenta y cinco minutos el cantante brasileño derrochó energía, sensualidad y provocación, al mismo tiempo que sostuvo con la voz intacta un repertorio de dieciocho títulos, basado en su último disco Atento Aos Sinais (Atento a las señales), que interpretó íntegramente.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El artista deslumbró en Montevideo y se entrevistó con el presidente Mujica.Foto. D. Borrelli

Secundado por ocho músicos, hizo su aparición espectacular a las 22 horas en el centro de la escena. Las luces lo apuntaron como dagas, sobre una tarima con dos escalones que terminaba en un espejo. Estaba vestido con un pantalón de cuero negro extremadamente ajustado, botas de taco por encima de la rodilla, un chaleco emplumado, brazaletes, gargantilla, anillos en todos los dedos y una especie de capucha de lentejuelas que completaba su caracterización. A los pocos minutos anunció: "voy a quitarme algo de ropita y vuelvo" y el chaleco dio paso a su torso semicubierto por una red negra.

Matogrosso encarna a un personaje provocador que no da tregua. O quizás, debería ajustarse el término: Matogrosso es un provocador que no da tregua. Y en ese sentido, sus encantos vigentes a pesar del paso del tiempo, convierten a este señor de 73 años en un artista deseable para gran parte del público y especialmente para los dos espectadores que se animaron a más: un joven se acercó para besarlo en la boca y otro, más sutil, le tomó la mano.

Pero sería injusto sólo quedarse en la anécdota o en la descripción del personaje que tanto impacto causa en escena, porque no se trata de un juego de seducción caprichoso. El calibre de Matogrosso como intérprete y su historia, y por lo tanto su significado dentro de la música de Brasil, contextualizan su opción estética. Surgido como artista en plena dictadura militar y habiendo escapado de su padre, también militar radical, creó un personaje enmascarado para poder preservar su identidad en las calles. En aquel momento ni siquiera quería representar una figura humana, ni masculina ni femenina y se imaginaba a sí mismo más próximo a un insecto.

En el Auditorio Nacional mostró su talento como showman recorriendo todo el escenario, haciendo además de movimientos pélvicos, grandes gestos con sus brazos y rostro. Hasta sus ojos parecían por momentos desorbitados. Rua da passagem de Arnaldo Antunes y Lenine, la primera canción de Atento aos sinais, marcó el inicio del espectáculo, que continuó, igual que el disco con Incndio de Pedro Luis.

También hizo lugar para Two Naira Fifty Kobo de Caetano Veloso, Astronauta lírico de Vitor Ramil y Ex amor de Martinho Da Vila.

Matogrosso dialoga con los clásicos compositores brasileños al tiempo que pone su voz al servicio de nuevos talentos, en una actitud anti-elitista. Hubo un cambio de vestuario en escena: fue hasta la tarima y comenzó a bajar lentamente el cierre de sus botas, mientras la platea chiflaba. Debajo del pantalón de cuero tenía unas calzas plateadas. Y toda su indumentaria correspondió a ese color.

Al fondo, cuatro pantallas de led ubicadas de forma vertical disparaban imágenes suyas de distintas épocas y de bailes tribales.

Habló muy poco y cuando lo hizo agradeció en español.

Sobre el final anunció que tenía una sorpresa e inmediatamente después interpretó Sea de Jorge Drexler, la misma canción que escogió Fito Páez también esta semana para abrir sus shows en el Teatro Solís. Una coincidencia.

A pesar de la mixtura que presenta la música de Matogrosso, en donde hay cabida para el samba, el pop, el jazz pop, el rock y otros estilos, la sensación in situ es de estar en un concierto de rock.

En la tarde, previo a la función, el artista se entrevistó con el presidente José Mujica, con quien mantuvo una amena conversación y se marchó sorprendido por la efusividad del público local.

SABER MÁS

NEY MATOGROSSO


País de origen: Brasil. Lugar: Auditorio Nacional del Sodre. Día: Jueves 5. Músicos: Marcos Suzano y Felipe Roseno en percusión, Aquiles Moraes en trompeta, Everson Moraes en trombón, Sacha Amback en teclados, Maurício Negão y Maurício Almeida en guitarras y Dunga en bajo.
Repertorio: Disco Atento aos sinais íntegro y canciones de otros compositores de Brasil.

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