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Martinho Da Vila dio clases de samba para dos mil uruguayos felices

El brasileño estuvo el miércoles en el Teatro de Verano y hoy está en el Estadio Matías González de la ciudad de Artigas

Martinho da Vila en el Teatro de Verano. Foto: Mauricio Rodríguez
Martinho da Vila en el Teatro de Verano. Foto: Mauricio Rodríguez

La banda de Martinho da Vila, esa de ocho músicos que luego lo mirarán con caras de cariño, hace un medley instrumental de los grandes éxitos del carioca. La única voz que se escucha es la de la corista y de fondo, tímido y expectante, canta el público las partes que se sabe.

El Teatro de Verano no está lleno ni por asomo. Puede haber varias razones: la cantidad de visitas brasileñas de estos meses, el hecho de que hace unos meses haya estado en Punta del Este o que en unos días vaya a estar en Artigas (el show es hoy, a las 21.30 en el Estadio Matías González) o simplemente que el público capitalino es ese, esas dos mil personas que colmaron un Sodre el año pasado, pero que no llena el nuevo escenario. Entonces no, el Teatro de Verano no está lleno, pero los que están -generaciones que pasan los 40 y tantos- espera ansioso al carioca, aunque lo haya visto varias veces antes.

Entonces entra, con un caminar lento, los dientes blancos bien expuestos que combinan con la camisa y la boina. “Sonhei”, dice, y antes de seguir con “que estava sonhando um sonho sonhado”, levanta los brazos, como si abrazara desde lejos a los 2.000 que lo miramos, esos que a su vez entendemosque para responder el gesto, solo queda ponerse de pie y gritando.

Martinho da Vila en el Teatro de Verano. Foto: Mauricio Rodríguez
Martinho da Vila en el Teatro de Verano. Foto: Mauricio Rodríguez

Da Vila, que al principio no disimula del todo sus 80 años, canta bajo, suave, nadie lo apura y tiene la voz de su hija, Juliane, la corista, de apoyo. Además, esa suavidad también es parte de su andar por el escenario, por el que camina despacio, a veces con una mano en el bolsillo, se sienta cuando necesita, samba cuando quiere, y no, la energía no disminuye: a medida que pasan las canciones, Da Vila, en lugar de cansarse, crece.

Entre algún éxito y otro, el carioca explica que la excusa para esta gira -y uno se pregunta si Martinho da Vila necesita excusas para cantar- es el festejo de esos 80 años de vida que arrastra, 50 de carrera en el medio, y que viene festejando desde febrero. Pregunta entre los presentes si alguno se está haciendo mayor en octubre, unos cinco levantan la mano, y les canta, a capella un “Parabéns pra você”, hasta que la banda se une y ese coro de 2.000 voces también.

Entre “Pequeno burgués”, el “Canta, canta” y el corazón vagabundo de “Disritmía”, Da Vila frena los clásicos, por lo menos los más populares, y dedica unos minutos a declararse a Vila Isabel. Se entiende, porque al final de cuentas, qué es sambista sin escola: el carnaval se vive como el fútbol y hay que dejar constancia del amor. Además, este año, el disco Alô Vila Isabeeel!!!, que representó su vuelta al sambódromo, le trajo como alegría extra la nominación al Grammy Latino.

No es el único momento sin clásicos. En la mitad del show, como hace siempre, sale del escenario para respirar y siempre deja a cargo a alguien más. A veces, le toca a alguna de sus hijas, pero en el concierto del miércoles, le tocó a Kiko Horta.

Horta es, además del tecladista, un talento en el acordeón, referente en su país y se divierte con unos solos de forró, ese género del nordeste brasileño que, como el samba, está hecho para bailar. La única mención a la situación política de Brasil, será suya, cuando se pregunta si en dos semanas no tendrá que mudarse a Uruguay, haciendo referencia a las elecciones que pueden dar el poder a Jair Bolsonaro.

Pero más allá de las palabras, el mensaje político y social está dado en el show. Martinho da Vila es un defensor de los derechos de la cultura negra en su país y esa postura la lleva consigo siempre. En Uruguay, dio lugar a a una presentación de tamboriles de Triangulación Kultural, una ONG que rescata herencias culturales afrodescendientes. Después, ese grupo homenajeó al músico y la mama vieja con el escobillero sambaron mientras Martinho da Vila cantaba, sobre el final, su mayor éxito, “Mulheres”.

Recitando, sin necesidad de demostrar ninguna amplitud vocal, pero con fuerza, Martinho da Vila vino y demostró que los 80 años, más que calmarlo, lo llenan de samba y lo hacen canción.

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