El próximo 8 de abril en La Trastienda junto a Los Bochamakers

Martín Buscaglia: "La canción no es todo en la música"

Son días ocupados para Martín Buscaglia. Entre ensayos y proyectos, el músico va de acá para allá en bicicleta por la ciudad, enfundado en una campera deportiva y con el casco y los lentes de ciclista como accesorios.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Todo lo que hago tiene que hacerme sonreir", afirmó.

Si llevara bolso, parecería esos mensajeros que surcan las calles (no tanto de Montevideo, ciudad aún hostil a las bicicletas) llevando paquetes y cartas de acá para allá.

Pero lo que lleva Buscaglia son un montón de ideas y emprendimientos musicales, que a su vez lo llevan a él de Montevideo a Sevilla o Buenos Aires. En la actualidad, pocos músicos uruguayos se le acercan en cantidad de proyectos. A saber: acaba de llegar a su casa luego de 40 días en España donde realizó una gira junto a Kiko Veneno ("estuvimos componiendo nuevas canciones", dice), y prepara su primer concierto en mucho tiempo junto a su banda, Los Bochamakers, para el próximo 8 de abril.

Además, está terminando otro disco a dúo, junto a Antolín (ver recuadro abajo), le está dando los últimos retoques a la música que compuso para el próximo estreno de la obra La tierra purpúrea que la Comedia Nacional estrenará en mayo y, para rematar está ensayando "por mail" con dos agrupaciones diferentes con las que se presentará en Buenos Aires próximamente.

Por un lado, la Orquesta Zurdomundo, que involucra a tres músicos brasileños, dos argentinos y dos uruguayos: "Antes siempre éramos Osvaldo Fattoruso y yo. Ahora vamos Martín (Ibarburu, integrante además de Los Bochamakers) y yo". Además, también se presentará junto al dúo paulista Os Mulheres Negras, de quien fue fanático hace años. "Se me juntaron muchas cosas en dos meses", dice entre risas. "Pero varía mucho. El Mundial, por ejemplo, recuerdo que tuve tiempo de verlo todo, todos los partidos".

—¿Cómo va a ser el concierto del próximo 8 de abril en La Trastienda? Hace tiempo que no toca junto a Los Bochamakers.

—Es verdad, hacía bastante. Estuve tan ocupado con los discos que edité que no tuvimos oportunidad de tocar juntos y en público. Va a ser un show bastante largo, tenemos una lista como de 20 temas que estamos ensayando. Y como hace tanto que no tocamos juntos, creo que no voy a hacer nada por mi cuenta. Tal vez un tema, pero por lo demás, todo banda.

—La banda lo acompaña desde hace casi diez años, pero ha cambiado de integración. Ya no está Nicolás Ibarburu, por ejemplo.

—Es cierto. Ahora está Matías Rada en guitarra y ya no somos cuatro, sino cinco, porque se sumó Herman Klang en teclados. ¿Por qué? Porque cambiar está bueno. Te da la oportunidad de tocar con gente que tiene su propia voz. Si te digo que toques el acorde "sol", por ejemplo, lo vas a tocar distinto a lo que lo toco yo. Nicolás es un virtuoso de la guitarra en el sentido estricto, puede tocar cualquier cosa.

Con Matías es distinto: está encauzado en lado "negro": mano derecha, funk, candombe. Además de que cuando era más joven estaba influido por el metal. Cambia mucho con él en la banda. Y Klang también tiene una manera muy particular de tocar. Él no viene del mundo pop como yo, o como la mayoría. Las cosas que él hace, yo jamás las hubiese hecho. Y eso ya es una razón para tocar con él. Además, Martín, que es un sesionista también, toca distino en esta banda, y eso es lo divertido e interesante: que se genere algo propio.

—Acaba de regresar de una gira de nueve fechas por España junto a Kiko Veneno. ¿Cómo fue recibida esa sociedad por el público y la prensa española?

—Muy bien. Me di cuenta de las diferencias de tocar con él en Uruguay, Argentina y España.

—¿En qué sentido?

—Cuando tocamos acá, fue una suerte de agasajo a Kiko de la comunidad melómana uruguaya. Mandrake (NdR: por Alberto Wolf) me decía que lo mejor de El pimiento indomable es que trajo a Kiko Veneno a la comunidad musical uruguaya. Y tiene razón, estoy totalmente de acuerdo. Cuando nos fuimos a Argentina, fue como que yo se los estaba presentando, porque ahí no es tan conocido. Y en España fue totalmente al revés. Por más que había gente que me conocía y sabía de mis discos, allá nos iban a ver casi todos por él.

—¿Y eso que le pareció a usted?

—¡Todo bien! Por ejemplo, él no tocó nada de sus discos. Solo las canciones de El pimiento indomable. A veces terminábamos un concierto con la gente encendida y hasta yo le pedía un tema suyo. Le decía: "¡Vamos a tocar al menos uno de tus temas! Si tocamos "Joselito" esto se viene abajo". Cero. Ni uno. Ni en los bises. Un punk, Kiko. Para mí, fue una enseñanza y sin que él tuviera que decir nada. Enseña con lo que hace.

—¿Cómo fue el reencuentro con él?

—Nosotros, casi antes de conocernos, hicimos el disco. Él siempre dice que las canciones de El pimiento indomable son canciones "jóvenes", porque así como nacieron, fueron para el disco. Ahora que estuvimos más de un mes juntos, tocando y componiendo, descubrimos cosas nuevas de las canciones que hicimos juntos, porque como decía, las grabamos enseguida, lo cual no es habitual. Por lo general, uno va probando antes de grabar. Las hace con arreglos así, o arreglos asá, y cuando llega a grabar la canción ya está bastante depurada. En la gira por España, tocando solo nosotros dos con alguna ayuda puntual, las canciones adquirieron una contundencia de la cual no me había percatado.

—Usted tiene tres facetas como músico...

—(Interrumpe) ¿A ver?

—Una con banda, con Los Bochamakers. Otra solo, ya sea como "hombre orquesta" o con su guitarra, como en "Somos libres". Y otra que es la faceta de las colaboraciones, porque trabaja con mucha gente en distintas cosas.

—Sí, son esas tres y todas las que puedan surgir en el futuro. No sé, no hay planes, no es algo premeditado. Uno las hace y recién después las reflexiona y toma conciencia. Me parece que lo hago porque quiero y puedo. Porque la música... (piensa). A ver, yo voy a seguir haciendo mis discos, porque lo necesito.

Pero me parece que últimamente hay como un ensalzamiento de la canción. Y está todo bien. La canción es uno de los guerreros más poderosos que tiene la música, pero no es el único. Lo más poderoso que tiene la música es eso: la música en sí. Estoy disfrutando mucho de diluirme y mezclarme con otros. Renunciar a cosas tuyas, pero para llegar a potenciarme. Eso de "renunciar" me tiene atrapado, me gusta. Eso de dejar de ser uno. Ya sé cómo soy, ya sé los discos que puedo hacer. Pero quiero buscar en otros lados, lugares menos cómodos.

—¿Es por esa razón que también produce discos para otros? Hacia fines del año pasado salió el disco "Corazón" de Pinocho Routin, que usted produjo artísticamente.

—No, porque no soy un productor. No soy Mateo Moreno, que ya tiene ese oficio y tiene muchos discos producidos. He hecho pocas producciones, se cuentan con los dedos de una mano: le produje uno —junto a Nicolás Ibarburu— a Cesitar Martínez, Ambiente familiar, un disco que nadie conoce y que recomiendo. Otro a La Dulce (Sed) y luego Corazón. Pero no es mi mundo. Lo puedo hacer si es que siento que puedo aportar algo, y si tengo una afinidad con el artista.

—¿Cómo le da el tiempo para tanta cosa?

—Parece que tengo mucho, pero no es tan así. Se me juntaron muchas cosas, sí. Lo importante es que cada cosa que haga me divierta, que me haga sonreír cuando la escucho. Como cuando escucho a Milton Nascimento, por ejemplo.

Un experimento que hipotéticamante le puede cerrar todas las puertas ya abiertas.

Uno de los tantos proyectos que Buscaglia tiene entre manos es un disco a dúo junto a Antolín, uno de los músicos más particulares de la música popular nacional, famoso en los años inmediatamente posteriores al fin de la dictadura militar.

Si no puede ver el video haga click aquí 

El entusiasmo de Buscaglia es palpable cuando habla del disco que aún no tiene título y que por ahora solo tendrá edición en Argentina. "Es un disco... ¿cómo te puedo decir? Es un experimento. Como que me di cuenta que lo tenía que hacer. Todo empezó cuando llamé a Antolín para grabar tres o cuatro temas nomás. Quería regalarle esos temas a mis amigos que son fanáticos de él. No era para hacer algo masivo. Él no lo puede ser y nunca lo será".

La idea fue creciendo hasta llegar a un disco. "Él tiene una locura que tiene casi todo lo que un artista tiene que tener, en mi opinión. Cosas que a otros la faltan, él las tiene. Solo que desordenadas. Es fascinante. Lo que hice fue tratar de imaginar qué era lo que él escuchaba en su cabeza. En vez de perseguirlo, traté de anticiparme, porque él ha tocado con otros músicos que se enganchan con un aspecto de libertad que hay en sus canciones y lo persiguen. Lo que ocurre es que aparecen cosas de free jazz, por ejemplo. Pero él no escucha free jazz en su cabeza, sino El Club del Clan. Entonces traté de adelantarme, no ir atrás".

Obviamente, hacer un disco con Antolín fue una experiencia muy distinta a hacerlo con Kiko Veneno. "Hipotéticamente, hacer un disco con Kiko te abre un montón de puertas, porque es un músico reconocido en España. E hipotéticamente, hacer un disco con Antolín, te las cierra todas. Va a haber gente que le gusta lo que hago que va a escuchar este disco y va a decir: ¡A éste no lo escucho nunca más!."

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)