Entrevista

Marihel Barboza: de niña folclorista a ser la voz de un clásico de la música tropical, y triunfar en carnaval

La cantante llega al Auditorio del Sodre con sus compañeros de Conjunto Casino, el 21 de julio

Marihel Barboza. Foto: Pata Torres
Marihel Barboza. Foto: Pata Torres

De Marihel Barboza sabemos, de memoria, dos o tres cosas: que suya es la voz del “Colé Colé” que escuchamos en cada casamiento; que es una mujer icónica para la música tropical uruguaya; y que es rubia. Verla con el pelo rojizo desvía la atención porque por un rato, hasta que se avanza en la charla, cuesta acostumbrarse a esta versión de Marihel, a secas, como la conocen la mayoría de los uruguayos.

Dice que se cambió de look para participar del carnaval, porque con Tabú le tocaba interpretar a una bruja. Podría no haberlo hecho, pero valió la pena: Tabú se llevó el primer puesto de revistas, y varias menciones, entre ellas la de mejor interpretación vocal femenina, para la propia Barboza. El color de pelo cambia, la voz no.

Barboza recibe a El País en su oficina de la Sociedad Uruguaya de Artistas Intérpretes (Sudei), que preside, para hablar de su otro trabajo, el que ha hecho toda la vida (aunque hoy hace presentaciones puntuales, en parrilladas y en el interior). Porque el 21 de julio se presentará en el Auditorio del Sodre junto a Miguel Ángel Muníz, Miguel Villalba y Raúl Testa (o sea, las otras voces de Casino), para hacer Voces de Oro y Platino. Será a las 21.00 y las entradas están en Tickantel, desde 650 pesos.

Voces de Oro y Platino es una idea que se venía madurando hace tiempo, por iniciativa de Testa y el locutor Nelson Rabazza. Se convirtió en un show que tendrá a cuatro de las voces privilegiadas de la música tropical uruguaya, entonando un repertorio clásico del género.

Los acompañará una orquesta de una decena de músicos, dirigida por Oscar Gómez, y además estas canciones serán plasmadas en un disco que, para julio, editará Sondor.

Barboza dice que la nueva generación tendrá más presencia femenina, y que las mujeres han logrado ganarse un lugar en la música tropical uruguaya a fuerza de constancia, aunque admite que el ambiente es, como el del carnaval, muy machista. “Siempre estás dando pruebas”, dice, incluso como presidenta de Sudei. “¿Y por qué? Hombre y mujer tenemos que ir parejos; no me menosprecies por ser mujer”.

—¿Te imaginaste en algún momento que salas como el Auditorio o el Solís, iban a abrirse a la música tropical?

—Era impensable. Yo actué en el Solís cuando era muy pequeñita, en un homenaje a Amalia de la Vega, y pensé que nunca más iba a subir a ese escenario. Y sin embargo estuve ahí con el Fata Delgado, y fue increíble.

—¿En qué contexto participaste de ese homenaje?

—Yo hacía folclore; éramos un trío de primos, yo tendría siete u ocho años. Lo que recuerdo es entrar por un costadito del escenario, teníamos tres sillitas, y tenía a Amalia de la Vega sentada frente a mí. Y me temblaban las rodillitas. E increíblemente, después de tantos años, me convocaron para el disco del Ministerio de Educación y Cultura. Ahora terminó el carnaval y tengo que grabar; quería tener mi tiempo para hacerlo tranquila.

—¿Y disfrutás de grabar?

—Es arduo, pero me encanta el proceso desde el papel, la partitura, hasta escucharlo. Cuando yo estaba en Antillano llegamos a hacer 400 horas para grabar un disco. Veía gente durmiendo en el piso del estudio, estabas horas y horas ahí. Pero después ves el trabajo final, para toda la vida, y es buenísimo.

—¿Siempre tuviste esa forma de trabajar, dedicada?

—Desde chica. Yo empecé a cantar a los seis años, y no fue un accidente: yo quería cantar. A los seis le pedí una guitarra a los Reyes, y mientras mis amigas jugaban en la calle, me encerraba a tocar. Y cuando formamos el trío con mis primos, íbamos a peñas y yo quería ensayar porque quería ir a ganar. ¡Mis primos querían jugar a la pelota, y yo venía llorando a casa!

Voces de Oro y Platino. Foto: Pata Torres
Voces de Oro y Platino. Foto: Pata Torres

—Más allá del agradecimiento que le tendrás a la canción, ¿cuál es tu relación real con “Colé Colé”? ¿Tenés días malos?

—Obvio, tenés algunos de esos días. Pero cuando empiezan a sonar los primeros acordes, y ves que la gente empieza a disfrutar, ya está. En todos los tablados de Montevideo sonó el “Colé Colé”. En un tablado, nunca hicimos el repertorio de Tabú: ¡hicimos media hora de plena!

—¿En algún momento tomaste dimensión de lo que significó tu presencia como mujer en la música tropical?

—Nunca. Yo no escuchaba música tropical y no sabía cuál era su dimensión en ese momento, ni que iba a entrar por la puerta grande, a una de las orquestas más importantes. Caí inocente, y tuve el apoyo de mis compañeros. Sabía que había otra muchacha que cantaba en Artigas, Miriam (Britos), que es una genia. Y no fue muy fácil al principio, no le daban mucha vida a una mujer cantando música tropical. Ni los empresarios me querían. Pero de forma natural fui ganando el respeto y el cariño de la gente; sabía que tenía que esperar un tiempo, y a los dos años clavados llega “Niégalo”. De ahí en más, todo lo que cantara iba a pegar. Pero yo siempre fui de perfil bajo y lo viví así, de esa forma.

—¿Y qué cosas no disfrutás del trabajo de cantante?

—Cantando siempre disfruto. En carnaval, no me hacen disfrutar los dimes y diretes, esto que pasó en este carnaval que fue bastante complicado. Eso no me permite disfrutarlo del todo. Y en la música tropical, cuando nos dan palo, porque nos merecemos el mismo respeto que cualquier otro intérprete. Igual, logramos avanzar: que haya un Montevideo Tropical, que fue una lucha importante. Quiere decir que ganamos un espacio que nos merecíamos desde hace tiempo.

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