ENTREVISTA

Mariano Martínez, de Attaque 77: "De algún modo somos un grupo en crisis permanente"

Antes del show del 17 de agosto en Montevideo Music Box, Mariano Martínez charló con El País

Attaque 77. Foto: Difusión.
Attaque 77. Foto: Difusión.

“Probablemente estas son las últimas cosas que vamos a hacer como grupo”, decía en un video Mariano Martínez, a mediados de 2017, y todo indicaba que Ataque 77 se terminaba. Sin embargo, la banda festejó largo y tendido sus 30 años de historia (30 años de éxitos, de altibajos y de reconversiones), y este año editó Triángulo de fuerza, un disco que renueva el sonido del trío.

Con momentos interesantes que están más cercanos al sonido de Divididos que al punk que fue su primer amor, y con letras cargadas de crítica, Attaque mostró que tiene camino por andar todavía, y con eso vuelve a Montevideo.

El sábado 17 de agosto, la banda se presentará en Montevideo Music Box a las 20.30, con un show en el que el disco nuevo tendrá su protagonismo, pero en el que también estarán los clásicos de siempre, y algunas canciones viejas que fueron recuperadas en el último tiempo.

“Hay algunas que ni siquiera habíamos tocado en vivo, y se armó un show que a mí me gusta mucho”, dijo en charla telefónica con El País Mariano Martínez, y habló sobre un momento de crisis y de cuestionamientos, que devino en este presente.

—El 17 de agosto presentan en Montevideo su nuevo disco, Triángulo de fuerza. ¿Cómo lo vienen sintiendo en vivo?

—Fue un poco raro cómo se fue armando el disco, porque lo fuimos haciendo en el medio de nuestro festejo por los 30 años. Entonces tomamos un poco de distancia del material y cuando pasó lo de los 30 años retomamos, y estuvo bueno. Lo que pasa en vivo es que el disco es más directo, crudo, más rockero. No sé, el vivo tiene algo que en el disco no está, y está muy bueno eso.

—¿Qué conclusión sacaste después de revisar 30 años de canciones e historias?

—Nosotros nunca miramos para atrás a ver qué fue lo que hicimos; nunca me puse a escuchar los discos, que una vez que los vamos terminando, ya los soltamos. Con esto de los 30 años sí me tocó ir para atrás, y qué sé yo. Hay cosas que me gustan, que nos representan más que otras. No sé bien cuál sería el balance. Nuestra carrera es muy larga y la primera mitad fue de crecer y de buscar nuestra identidad. Y me da la sensación de que encontramos nuestra identidad siendo adultos. Siento que tenemos una identidad propia, con un montón de influencias de toda la música que absorbemos. Porque tenemos la influencia del rock de siempre, que se combina con nuestras raíces, el ADN musical, que es el folclore y el tango. Creo que ahí está la clave de la identidad del rock argentino y uruguayo. Nos volvimos conscientes de eso siendo grandes, y es el camino a profundizar.

—Vos hiciste unas declaraciones hace dos años que se interpretaron como una despedida, y al final, terminó siendo un renacimiento. ¿Qué fue lo que pasó?

—Probablemente era el final de algo; los 30 años fueron un momento en que yo, en lo personal, le puse un signo de pregunta al futuro del grupo. Pero amorosamente, no tenía que ver con ningún conflicto grupal, que pasa en un grupo de tanto tiempo. Más que nada tenía que ver con una pregunta que yo me hice: después de tantos años, ¿es necesario seguir, o qué es lo que necesitamos? El disco nuevo nos pone a trabajar, nos pone de gira; viajamos a Estados Unidos, que hace mucho que no íbamos, y estamos en eso. Y cuando esta etapa finalice, nos volveremos a preguntar qué tenemos ganas de hacer. Sigo pensando un poco eso; no sé cuánto tiempo más el grupo seguirá tocando. Nos iremos poniendo plazos cortos. Lo bueno es que la gente nos hace sentir el cariño, y siempre es un incentivo, porque nos gusta sentir que trabajamos de eso, de darle alegría a la gente.

—En este disco hay varias preguntas, algunas muy colectivas, y otras personales. En “Soldaditos” decís: “Me pregunto qué es la libertad, una forma de ser o proceder”, y en “Huérfanos” hablás del deseo de ser libres por primera vez. Y me preguntaba si eso tenía que ver con este momento de la banda, de recomenzar.

—Creo que sí. Es una época de muchos cuestionamientos, de, además de si es necesario, si es lo que quiero, si soy realmente libre, si necesitamos redireccionar nuestra carrera o nuestra vida personal. En lo personal, son épocas de muchas preguntas, de a dónde quiero estar, si lo estoy haciendo por mí o por los demás. En el sentido grupal también nos hacemos esas preguntas. Puede ser que este disco sea un poco de crisis, y supongo que es una crisis ya superada, que dio paso a otra nueva. De algún modo, somos un grupo en crisis permanente.

—A la pregunta de si lo hacés por vos o por los demás, ¿cuál es la respuesta hoy?

—Lo ideal es un balance. Está bueno nuestro trabajo porque se trata de ir a visitar a la gente y llevarle alegría, y esa es una buena razón para seguir. Y hacer algo por mí mismo es, también, vivir la experiencia con libertad, donde sienta que no somos prisioneros de un estilo. Y uno va teniendo inquietudes por fuera del grupo, que también está bueno profundizar. Yo trabajo mucho como productor, con otros artistas, y es algo que me da mucha satisfacción.

—Trabajaste con Valeria Lynch, lo que parece estar lejos de tu zona de confort.

—Sí, trabajamos con Valeria en dos discos, uno de canciones clásicas de rock argentino, y otro que estamos terminando ahora, de versiones rockeras de sus canciones. Y un par de temas nuevos que compusimos juntos. Es una experiencia increíble porque nos encontramos en un momento en que los dos estamos en la necesidad de salirnos de un esquema. Y para mí fue un desafío importante.

—¿Qué tanto se relaciona el momento de cuestionamientos, con el cambio de paradigma de la cultura rock y el rockstar?

—No sé. Obviamente hay una fantasía de que el rockero es mujeriego, de que una buena estrella del rock tiene groupies. Yo nunca me creí mucho esa película, nunca me interesó demasiado ese aspecto; a mí siempre me gustó la música, y la pose del rockstar no nos interesó nunca. Creo que los abusos se dan en todos lados, no solo en el rock o la música, y habla de un crecimiento como sociedad que estemos hablando de esto y, por lo menos, sentir que está cambiando. En lo personal, crecí en un hogar y una familia muy machista, y todos estamos aprendiendo a desarmar esa estructura, en todos los ámbitos.

—Hay otro planteo que está interpelando al rock actual, y es la falta de mensaje. A eso, ustedes le responden, no sé qué tan conscientemente, con un montón de canciones políticas: “Sin tierra”, “Cielo abierto”, “Como salvajes”, “Lobotomizado”, “Última generación”, bajan línea.

—No es consciente para nada; si eso está en las canciones, es porque necesitamos decirlo. El grupo es nuestra manera de comunicarnos, la manera que encontramos de expresar lo que sentimos, y no es una pose. No nos ponemos a analizar de qué vamos a hablar, simplemente surge, y de ahí el mensaje; no sé si tengo ganas de tomarme la experiencia de componer como un trabajo. Entonces el rock también puede tener un mensaje vacío o ser un experimento surrealista, qué sé yo. No creo que el rock sí o sí tenga que dar un mensaje directo.

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