ENTREVISTA

Mariana Ingold, la ganadora del Graffiti a la trayectoria, repasa su carrera con El País

Luego de ganar el Graffiti a la trayectoria y de la publicación del vinilo "Cara a cara", Mariana Ingold repasó parte de su carrera con El País

Mariana Ingold. Foto: Estefanía Leal.
Mariana Ingold. Foto: Estefanía Leal.

Participó de discos de Eduardo Mateo, Fernando Cabrera, Jaime Roos, Leo Maslíah, Eduardo Darnauchans, Jorge Lazaroff y otros tantos artistas locales. Es más, si uno se toma el trabajo de repasar los créditos de álbumes esenciales de la década de 1980 en Uruguay, seguro va encontrar su nombre en la lista de músicos. Mariana Ingold, la reciente ganadora del premio Graffiti a la trayectoria, tiene un lugar destacado en la historia musical uruguaya.

Pero hay más. Junto a Estela Magnone y Mayra Hugo formó Travesía, el primer grupo de mujeres de la música popular local; grabó varios álbumes candomberos con Osvaldo Fattoruso y, más adelante, lanzó varios de música infantil. Y en 1993 ganó el premio a mejor arregladora de carnaval y mejor despedida por su trabajo para la murga Contrafarsa.

Y, justamente, es por esa labor con la histórica murga de Sayago que Ingold —que desde hace años vive cerca de Piriápolis— volvió a Montevideo, aunque sea por unos días. A principios de mes participó como invitada en las nueve fechas que el conjunto ofreció en el Auditorio Nacional del Sodre para celebrar los 20 años de El tren de los sueños.

Sobre el final de cada una de esas noches, subió al escenario para cantar una emotiva y festiva versión de “Locura de murga” —esa que en 1993 ganó el premio a mejor despedida— junto a los miembros de Contrafarsa.

“Al principio me costó decir que sí porque eran un montón de días, pero no me arrepiento. Es un milagro que se hayan juntado todos”, le dice Ingold a El País. Está sentada en una de las mesas del bar del hotel del barrio Palermo donde se quedó durante la seguidilla de shows de Contrafarsa. Y sonríe sin parar mientras relata el regreso.

Pero ese no es su único motivo para sonreír. Además de seguir grabando canciones en su estudio casero, en el último tiempo recibió varios gestos que hablan de una reinvidicación de su obra: este año se llevó el premio Graffiti a la trayectoria, a finales de 2019 ganó el Premio Nacional de Música en la categoría infantil, y un sello australiano publicó un vinilo con canciones de sus discos solistas Todo Depende y Cambio de Clima, y de Haace Calor, grabado con Osvaldo Fattoruso

“Hay una generación que nació en los ochenta y que está interesada en el momento en que los sintetizadores empezaron a formar parte de la música uruguaya”, explica. “Me contactaron porque ese tipo de sonoridad les atrae, aunque a veces los timbres de los sintetizadores suenan horribles”, dice con una carcajada.

El vinilo, titulado Cara a cara, incluye canciones como “Co-autoría”, donde Ingold y Leo Maslíah aportan sintetizadores, mientras Urbano Moraes se encarga del bajo y Eduardo Mateo de la percusión y de la guitarra eléctrica. Es un grupo soñado para los amantes de la música uruguaya.

Para Ingold, que participó en unos cuantos álbumes esenciales de los ochenta, ese tipo de intercambios era natural. “En ese momento estábamos todos muy juntos, participando de conciertos y movidas”, dice. “Vos sabías que alguien iba a estar grabando y te pasabas por el estudio y terminabas haciendo algo. Era una época muy linda”, relata.

En diálogo con El País, Ingold comenta que nota un creciente interés por su obra, tanto solista como de su paso por Travesía. Es más, adelanta que el sello Little Butterfly Records está planeando reeditar el único disco del trío, Ni un minuto más de dolor (1983), en vinilo. “Hubo un período en el que no había tanto interés porque se iba más para el rock”, dice.

En el caso de Travesía, en los últimos años varias cantautoras actuales han nombrado al trío como una referencia musical y compositiva. “En ese momento no había muchas mujeres y nosotras éramos muy rápidas para grabar en el estudio”, dice sobre su participación en clásicos como Cuerpo y alma, Siempre son las cuatro y Segundos afuera. “Les ahorrábamos guita”, agrega con una sonrisa.

Respecto a esa época tan efervescente para la música local, dice: “Creo que, de alguna manera, había consciencia de que estábamos haciendo historia”. Cuarenta años después, todos esos discos lo confirman.

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