Entrevista

Marcos Motosierra: "Motosierra es un refugio frente al resto del mundo"

Una de las bandas de culto del punk rock uruguayo, presenta su último disco hoy en Bluzz Live

Motosierra. Foto: Difusión
Motosierra. Foto: Difusión

Es fundador y frontman de Motosierra, una de las bandas de culto del punk rock uruguayo. En “La Marcos”, canción incluida en el disco Motosierra de 2017, Marcos canta que es “el punky metalero”, “el héroe nacional”, “el pibe destroy” y tantas cosas más. Y todo eso está ligado al extremo con Motosierra, la banda a la que le ha dado su vida, o al revés, y con la que toca hoy a las 21.00 en Bluzz Live (Daniel Muñoz y Defensa, entradas en RedTickets), con Chotörhead, el grupo tributo a Motörhead, como invitado.

—Esta noche presentan en Bluzz Live Motosierra, un disco homónimo, con una canción como “La Marcos” que es una declaración de principios. ¿Hubo una intención de reivindicar a la banda, de volver a presentarla?

—Sí, lo que pasa que es un renacer, una nueva etapa. En un momento pensamos que nuestra banda no existía más; cuando viví en Brasil me había olvidado de todo esto. Cuando entró Juan, ordenó mucho la banda internamente, equilibró las relaciones de poder internas, y nos dimos cuenta que éramos una banda nueva. Es una nueva etapa de una banda que nos domina la vida, y hace cosas que nosotros no tenemos muy claras. Ahora nos está diciendo que sigamos adelante.

—¿Cómo funciona eso, cómo es que Motosierra puede manipular tu vida?

—Primero porque han pasado cosas muy extrañas con esta banda, porque es absurdo y sobrenatural que sigamos haciendo esto; ya debimos haber tirado la toalla hace rato. Pero no podés tener otra opción que creer en el destino. Y aparte porque me gusta mucho perder la conciencia, salir del mundo racional, y eso es lo que me domina esta banda.

—¿Y tiene un equilibro con la vida fuera del escenario?

—Es muy complicado, me ha dado muchos problemas, a mí y a la gente que tengo al lado. Hay que bancarme a mí. De a poco he ido sobreviviendo, como si fuese medio gitano, para vivir de cosas relacionadas a esto. Porque yo intenté hacer otro tipo de cosas, pero no puedo, no me sale. Y nosotros esto lo hacemos por amor, y sentimos que es un refugio frente a todo el resto del mundo. Es nuestro pequeño tesoro, y por más que no les valga mucho a los demás, estamos sumamente orgullosos de eso.

—Pero el público fiel de Motosierra también encuentra un refugio allí.

—Sí, porque creo que le damos algo que le falta a la gente. Es gente que no encaja en nada, se encuentra con unos desencajados como nosotros, y nos complementamos. Somos una familia con la gente que nos viene a ver, construimos una cosa aparte.

—Desde el lugar de consumidor de música, ¿sentís que la música se corrió de esa función de ser un refugio para la gente? ¿Antes había más música para inadaptados?

—Me parece que la música está muy insulsa, ¿no? Además de que no me gusta el tipo de música que se hace ahora: me parece aburrida, falta de personalidad, que no es sexy ni peligrosa. No tiene nada de lo que a mí me gusta, y el mensaje es a medias tintas: nadie se la juega por nada y todo el mundo quiere agradarle a todo el mundo. Pasar al español para mí fue un desafío, porque yo en inglés cantaba cualquier boludez, “baby, baby”, y cuando me puse a escribir en español tuve que enfrentarme conmigo mismo y ver qué tenía para decir. Que puede no cambiar el mundo, pero cambia mi mundo, que es lo importante.

—¿Y te corriste del lugar en el que estabas cuando escribiste eso?

—Yo no me puedo correr mucho, hace mucho tiempo que estoy estancado en el mismo lugar, y está bien así para mí. Estoy bien como estoy, y me costó mucho sentirme a gusto conmigo mismo.

—En “La Marcos” también hablás de la perspectiva que se tiene de vos desde afuera.

—Claro, porque yo me hice un personaje, y eso fue importante para sobrevivir, creérmela y seguir adelante. Yo dejé de ser Marquitos, el abanderado, para ser Marcos Motosierra, y eso es liberador, emocionante, y te da todo un mundo nuevo. La gente mucho no entiende eso y te dice: “Ah, sos Pomelo”. Sí, lo que vos quieras, pero yo por lo menos me animo a eso, no tengo miedo a la caricatura ni a caricaturizar el mundo alrededor mío.

—Pero muchas adolescentes te han visto desnudarte arriba del escenario, y una performance así, hoy, ya parece inviable.

—Pero si vos pagás la entrada para ver a Motosierra, ya sabés lo que vas a ver. Por eso no nos invitan a festivales, porque nosotros en el escenario hacemos lo que queremos. Cuando fuimos a Omar Gutiérrez no pasó nada.

—Pero se convirtió en una experiencia de culto, casi.

—Porque Omar tuvo la capacidad de chocar dos mundos, se la jugó, y nadie más lo hace, y con eso produjo algo interesante. Él hizo las cosas de otra manera, y pasaron cosas diferentes, y nuestra propuesta es esa, hacer las cosas de otra manera. Pero nadie más se la juega. No te van a meter en el Montevideo Rock. ¡Ojalá! ¿Pero quién piensa en eso para nosotros? Nadie.

—¿En ningún lugar eso te hace ruido, te molesta?

—No, porque jamás lo perseguí. No voy a ganar nada con esto, pero voy a perder un montón si no lo hago, entonces no hay plata ni fama en el mundo que me lo pague. Aparte que uno es medio moralista con esto del rock, vieja escuela, y a partir de esa actitud medio punky, desconfiás naturalmente de festivales, entregas de premio y toda esa careteada. Y no es lo que pasa en nuestros shows, donde está todo más caliente, con la gente al lado tuyo. A mí me gusta sentir que la gente está viva, como estoy yo en ese momento.

—¿Esa es tu concepción de la música?

—Sí señora.

—¿Y hay alguna banda de menos de 30 años, que te haga sentir eso?

—Pah, difícil. Te puedo decir Oro o Los Nuevos Creyentes, que para mí todavía son los guachos chicos, pero ya son hombres, gente grande, que hace cosas interesantes, a pesar de que no son iguales a lo que nosotros hacemos. Por suerte no hay nadie que haga lo que hacemos nosotros (se ríe). No sé en qué están los pendejos de ahora, creo que están metidos en el hip hop. Pasa que hay una distancia muy grande entre la edad del público y la de los artistas en Uruguay. A nosotros nos van a ver guachos de 18 años. ¡Por suerte! Porque lo que hacemos nosotros es una cuestión bastante adolescente.

—¿En algún momento has dejado de divertirte con Motosierra?

—Es raro, porque nos divertimos una cantidad, pero el mensaje no es tan divertido. Y pasa mucho por mi lado eso, y aparte la música es como agreta, oscura y medio violenta. Pero creo que la parte de divertirse es exorcizar un poco eso, faltarle el respeto a tu parte oscura. Es una diversión medio morbosa e inconsciente. La parte más divertida es la descarga de energía que vos liberás, pero yo soy muy crítico, y veo la realidad de una forma bastante pesimista.

—¿Queda algo del Marquitos abanderado?

—Siempre me queda algo, estoy muy en contacto con mi parte infantil y adolescente, estoy muy en contacto con mi barrio. El Walo y yo éramos compañeros de liceo, y tenemos ese código de barrio de siempre, callejero, que nos marcó mucho. Tuvimos suerte de salir de un lugar y una generación en la que había cosas interesantes. Y uno siente que tiene que estar contribuyendo, como alguien lo hizo por mí antes: una parte de nuestra labor es pasarle esa antorcha a las nuevas generaciones, y no dejar que esto se muera.

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