MÚSICA

Mandrake Wolf: "Lo que menos me interesa a esta altura del partido es ser políticamente correcto"

Este sábado, el músico se presenta junto a Sofía Viola en la Sala Zitarrosa; antes del show charló con El País

Alberto "Mandrake" Wolf. Foto: Francisco Flores.
Alberto "Mandrake" Wolf. Foto: Francisco Flores.

En su casa del barrio Villa Dolores, Alberto “Mandrake” Wolf recibe a El País para repasar algunos momentos de su carrera. Con una camisa a rayas, pelo largo, lentes y un bigote fino, el músico se sienta con su guitarra en mano y deja salir algunos acordes y arpegios suaves de las seis cuerdas de acero del instrumento. Mientras habla sobre Los Terapeutas, Los Druidas y el recital que ofrecerá este sábado en la Sala Zitarrosa junto a la argentina Sofía Viola, mantiene la vista fija en la ventana del cuarto y acompaña sus frases con cada uno de los sonidos que provienen de su guitarra Taylor.

En un momento deja su instrumento en el soporte y se genera una confianza con el entrevistador. Se ríe durante la mayor parte de la charla, mientras reflexiona sobre por qué los músicos jóvenes lo invitan a tocar (“Muchos de mi generación se murieron”, dice), cómo sería un retiro musical en el campo al estilo de Led Zeppelin en los setenta (“Nos tendríamos que llevar un doctor”, comenta) y de dónde surge su interés por contar historias en los recitales de guitarra y voz (“Se lo afané a Mateo y a Atahualpa Yupanqui”, asegura).

Cada uno de los relatos están acompañados de esa voz rasposa -ese sello tan personal que está inmortalizado en clásicos como “Amor profundo”, “Llueve”, “Es fácil desviarse” y “De ellos dos”-, que para un oyente nuevo puede resultar incómoda y visceral, mientras que a sus seguidores les puede transmitir un sentimiento de calidez y de enorme expresividad.

Cuando se le nombra un artista o una canción que el músico conoce, inmediatamente se inclina, sonríe y relata alguna anécdota. Al leer esta entrevista, quienes conozcan su voz y sus gestos podrán hacerse una imagen de cómo fue esta charla con El País.

—Este sábado vas a tocar con Sofía Viola en la Sala Zitarrosa. ¿Cómo surgió la idea del recital?

—Yo conocí a Sofía en Buenos Aires, cuando hicimos tres recitales con Martín Buscaglia. Ella vino a todos los shows y me trajo un toco de discos. Los escuché y me parecieron muy interesantes. Después vino a Montevideo e hizo un concierto en Bluzz Live. La fui a ver y me impresionó la parada escénica que tiene; es muy visceral y se agranda. Después volví a Buenos Aires y abrió un recital mío. Ese día charlamos en pila y ahora me invitó a tocar con ella en la Zitarrosa.

—Últimamente has hecho varias colaboraciones con músicos jóvenes, como Pedro Restuccia y Sebastián Casafúa. ¿Cómo surgen las invitaciones?

—Lo que pasa es que muchos de mi generación se murieron (se ríe), como soy uno de los que queda entonces me invitan. Yo disfruto mucho tocando con gente joven. Me gusta meterme en la cocina de sus canciones por qué aprendo en pila. Me acuerdo cuando me llamaron de No Te Va Gustar para cantar en su primer disco, me llamó la atención el profesionalismo que tenían esos botijas. Bueno, mirá lo que son ahora.

—Hacés muchas actuaciones solo de guitarra y voz. ¿Cómo cambian las canciones con esa propuesta? Contás muchas historias entre canciones.

—Sí, siempre que toco solo me gusta contar una historia. Es como un preludio para meter al tipo adentro del clima de la canción. Eso se lo afané a Mateo y a Atahualpa Yupanqui, aunque las mías son un poco más divertidas porque me gusta hacerlo así. También me gusta que la gente sueñe un poco. Cada vez que toco solo con la guitarra me imagino que estoy frente a un fuego, como esos caminantes que andaban por la campaña y le contaban historias a todos. Yo quiero traer un poco de fantasía y de viaje para que la gente se vaya con algo. Me preguntan si es verdad lo que cuento de los extraterrestres y yo les digo que sí (se ríe). Me encanta que pase eso.

—Viendo la situación de Argentina y Brasil, ¿creés que si gana la derecha podría haber cambios en las políticas culturales?

—Yo no sé, pero también la izquierda está en debe con la cultura hace años. Pasa que empiezan proyectos muy buenos y de la nada cambia un gestor y se modifica todo. “Boliches en agosto” era una experiencia divina y de un día para el otro te dejaban de pagar el caché y tenías que arreglarte con el bolichero. ¿Qué tanta plata le salía al Ministerio de Educación y Cultura hacerlo? Se hicieron cosas buenas pero fue un tiempito; me parece que nunca hubo un plan cultural fuerte. Aunque, por supuesto, que con blancos y colorados eso no existe ni en pedo. Te lo digo porque lo viví; el único intento fue en la primera intendencia colorada con Aquiles Lanza, pero al año vino Elizalde y cortó todo. No quiero un estado proteccionista, pero la cultura precisa una manija.

—¿Cómo viene el segundo disco de Los Druidas?

—Viene bien. Este disco va a ser un poco más amplio a nivel sonoro y capaz entran algunas cosas acústicas. Ahora ya nos conocemos, sabemos cómo tocamos y hay una amistad. Yo tengo 20 años más que ellos pero debo tener un problemita porque a veces pienso parecido a ellos (se ríe). Nos estamos por ir por tres días a un campo con todos los instrumentos porque queremos cerrar los temas y entrar en la convivencia sagrada.

—Van a hacer como Led Zeppelin, que se fueron a Headley Grange para grabar Led Zeppelin IV y Houses of the Holy.

—Es un poco eso, pero capaz que nosotros nos tenemos que llevar un doctor (se ríe).

Alberto "Mandrake" Wolf. Foto: Francisco Flores.
Alberto "Mandrake" Wolf. Foto: Francisco Flores.

—Estuve repasando en el disco Los candombes, el último trabajo de Los Terapeutas, y me pareció excelente. ¿Cómo surgió la idea meterte con el candombe?

—Yo tenía un debe con el candombe. Me había metido con el rock y nos iba mucho mejor que cuando fusionábamos. Veníamos de tocar en el Solís agotado y habíamos hecho Monstruo, que vendió pila, entonces quisimos hacer un disco de candombe para mostrar cómo nos había pegado. Íbamos a hacer dos shows en la Hugo Balzo y cuando fui a hablar con Andrés Sanabria de Bizarro y me dijo que lo quería grabar. Yo quedé contentísimo con el disco y estoy muy orgulloso porque era un plantel de la puta madre. Igual hicimos tres shows y nunca vendimos más de 200 entradas.

—¿Sentís que no tuvo mucha recepción?

—No, pero el otro día estaba tocando en un boliche y una muchacha me dijo que el disco estaba buenísimo. Se ve que se está digiriendo recién ahora. Yo estoy muy contento y es uno de los discos que me llevo siempre. Se lo habré afanado a los negros, pero en otro lugar del mundo no se hace esto.

—En el libro Es fácil desviarse, charlabas con Mauricio Bosch sobre la falta de difusión del candombe-canción ¿Cómo ves la situación?

—Mirá, hubo un Montevideo Tropical, Tango, Rock y se hizo la introducción de mujeres. ¿Por qué no se incluye al candombe? No sé porque nadie protestó; tal vez alguien sí y no le dieron bola, no me extraña. Hay discos muy buenos de La Calenda Beat, Trabajo de Hormiga y Chabela Ramírez, pero parece que el candombe solo pega en los músicos y en la gente que de verdad conoce de música.

—Sí, porque el género no suena en la radio. Parece que queda relegado solo al carnaval.

En carnaval, las comparsas se tienen que fumar todo el reglamento que los jode. Yo lo sentí porque salí en la Carpintera Roh y parece que en carnaval las comparsas son el pariente pobre. El candombe es mucho más grande y es una cosa que no tiene que ver con el carnaval. Quieren hacer las llamadas como un desfile y se parece cada vez más al sambódromo, que en la televisión te muestran más los culos y las tetas que como baila el escobillero y la mama vieja. El candombe es una tradición alucinante y me parece que nos damos el gusto de tenerla de costado.

—Después del candombe retomaste el blues rock con Los Druidas. ¿Cómo fuiste generando ese sonido y cómo te vas adaptando a los cambios?

—Mi base siempre fue el rock, es un sonido que siempre tuve en la cabeza y después empecé a hacerlo más fusión. Creo que mi problema es que me gusta toda la música y eso me ha costado con mis colegas. Lo digo en serio: lo que menos me interesa a esta altura del partido es ser políticamente correcto.

—Hasta grabaste con El Gucci.

—Y sí, porque si la gente es bien yo disfruto hacerlo. El tipo labura y hace 80 mil bailes todos los fines de semana. El 95% de los músicos uruguayos son honestos. Se dejan el culo trabajando porque acá nadie se puede creer que es una estrella de rock si después se toma el 141. Nadie se puede comer esa comida y vivir todo el día en un Maserati.

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