Ahí estuve

Maluma sabe cómo dar un buen show y en Montevideo volvió a demostrarlo

El reguetonero colombiano se presentó el lunes en el Antel Arena, y entretuvo con hits y su puesta en escena

Maluma. Foto: EFE
Maluma. Foto: EFE

La reflexión podría ser que Montevideo ha tenido suficiente Maluma: el colombiano no agotó entradas para su presentación del lunes en el Antel Arena, pero ya estuvo en la ciudad el año pasado y en 2016. Y el público se renueva, pero tampoco tanto. Sin embargo, la reflexión también podría ser —porque depende qué mitad del vaso se mira—, que hay un montón de uruguayos, más bien uruguayas, que todavía están ávidas de su reguetón: los tickets no se terminaron, es cierto, pero se vendieron varios miles. Es el artista latino del momento hace, por lo menos, cuatro temporadas.

Maluma y su equipo lo saben, y saben cómo hay que sostener un show en vivo. Acá las canciones importan porque claro, son todas éxitos contemporáneos que acumulan millones de reproducciones en streaming, y que suenan a cada rato en las radios comerciales. Pero también importa lo visual, entonces hay dos pantallas gigantes a los costados y una atrás, con forma de “M”, ultra HD.

Cuando las bailarinas —muchas, todas con pinta de supermodelo, un cliché muy criticado del género y que ya podría quedar en desuso— rodean al cantante, lo tocan, se prestan a los juegos de seducción que proponen sus temas, le bailan, el registro que se proyecta en las pantallas parece salido directamente de alguna superproducción de Hollywood.

Además de eso, en el escenario también hay fuego, pirotecnia y humo, los componentes habituales de una presentación de este estilo, donde todo está cronometrado y no deja margen de error. Cuando Maluma se compenetra en alguna interpretación y se emociona, cuando sonríe con toda esa galantería y provocación que hacen imposible no pensar en él como el nuevo Ricky Martin, e incluso cuando dice que va a hacer algo que no estaba previsto, todo está delineado para colmar expectativas.

Y en esa misión no importa tanto el público: sus agradecimientos y expresiones de amor son, en el fondo, las que repite ante cada multitud que grita su nombre. Pero el pacto es un poco ese: todos esas fans admirarán a otras estrellas, pero por un rato, ese amor es correspondido y es especial.

Eso fue así aun cuando los graves del sonido estuvieron, sobre todo en la primera mitad del campo, insoportables. La puesta en escena y la sucesión de reguetones y traps exitosos —tiene muchos: “Clandestino”, el más reciente “Mala mía”, “Borró cassette”, “Felices los cuatro” y su polémica “Cuatro babys” y más— se encargaron de entretener a la audiencia, y la simpatía de Maluma jugó una parte muy importante.

Ni las sospechas de playback (que en al menos un par de momentos fueron más que sospechas); ni que un amplio porcentaje del setlist fueran colaboraciones, en vivo resueltas con dos cantantes secundarios; ni las largas transiciones instrumentales para cubrir los cambios de vestuario, parecieron interferir con el entusiasmo del público que cantó, bailó y amó a ese provocador que, aunque criticado, sigue consolidando su éxito a puro ritmo. Encanto le sobra.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)