ENTREVISTA

Maia Castro: "Me había olvidado de ese momento de felicidad que me da el cantar"

La cantante se presenta este jueves en Sala del Museo y antes habla de las búsquedas durante la pandemia, de la expresión política y más

Maia Castro. Foto: Leonardo Mainé
Maia Castro. Foto: Leonardo Mainé

"Empecé a pensar que va a ser EL show del año y me empecé a poner nerviosa realmente, a darle la importancia al show en sí”, dice Maia Castro a días de volver a subirse a un escenario. En realidad, desde que se retomaron los espectáculos públicos, ya dio una serie de conciertos: el primero fue en un evento de FUCVAM, el segundo en Durazno y el tercero en Piriápolis, donde “fue bastante perfecto todo en el sentido sensible”.

Pero el que ofrecerá este jueves en Sala del Museo (entradas en Abitab) será el primer y último show propio que dará en Montevideo este año desde que llegó la pandemia del coronavirus. Repasa ahora que su última actuación capitalina había sido el 19 de febrero en AFE, junto a la Orquesta Filarmónica en un evento “multitudinario” que hoy no podría suceder. Nadie sabía que esa sería una suerte de última vez.

El jueves en Rambla y Maciel, Castro estará acompañada de Horacio Di Giorgio en piano y Santiago Pereza en guitarra, y tendrá de invitados a Christian Cary y Mario Carrero. La cantante hará los tangos, las milongas y las músicas criollas que están en sus cinco discos, pero también sumará algunas canciones que no son parte de su repertorio tradicional.

Castro estuvo ocupada durante la pandemia, y aunque se le cayeron los shows que tenía en el interior, Brasil y Colombia, continuó con las clases de canto vía streaming (es docente), investigó en programas de edición y producción y pudo redondear la idea completa de una canción propia, y trabajó en la música del nuevo espectáculo teatral de Marianella Morena, una experiencia nueva para su carrera.

¿Qué espera, en contexto singular, de este show en Sala del Museo? “Que esté divino, que la gente pase un buen momento y se olvide un poco de toda esta locura”, resume.

-En este período has trabajado en la composición de música para una obra de teatro de Marianella Morena. ¿Cuál es el mayor desafío que, como compositora, te presenta este trabajo?

-En principio, que las músicas que voy a componer no tienen mucho que ver con lo que hago yo. De hecho, una de las canciones que compuse aborda una sonoridad más electrónica que poco tiene que ver con lo que hago yo, y fue mi elección también ir por ese lado, si bien obviamente tiene melodía y una voz que canta, pero la base musical va por otro lado. Eso me resulta superdesafiante y me gusta, me divierte buscar otros sonidos, y poder darme cuenta que puedo hacer esas cosas y que los demás las reciben bien. Ponerme desafíos me gusta y me estimula.

"Ponerme desafíos me gusta y me estimula"

Maia CastroCantante, compositora

-Siempre has dicho que no sos cantante de tangos sino que sos cantante, en general, pero una cosa es que lo digas o lo sientas y otra es la práctica, donde no hay tantas instancias de reflejarlo. Tu repertorio va para un lado.

-Sí, por eso me resultó atractiva la propuesta, por esa posibilidad de desdoblarte, romper un poco con algo más rutinario quizás que tiene que ver con lo que hacés siempre. Porque como decís, te movés dentro de ese entorno y no sé, me invita Florencia Núñez como me invitó hace poco, y canto otra cosa que no tiene que ver con lo que yo hago y me encanta.

-¿Cómo te encontraste a la hora de dar clases virtuales?

-Ah, todo un tema. Estás cómodo en un lugar y de repente se te da vuelta todo y no entendés nada. Tampoco sabía cómo iban a reaccionar los alumnos; por suerte me manejé bastante bien. Fue un trabajo chino porque todas las canciones que cantaban los alumnos las tenía que grabar, fuera del horario de clase, y a veces era domingo a las 12 de la noche y yo seguía (se ríe). Fueron dos semanas en las que creí que el cerebro me iba a estallar; después me empecé a ordenar y todo empezó a fluir mucho más. Yo creo que me exijo más yo de lo que me exigen los demás, pero si hago algo prefiero hacerlo bien o no hacerlo.

-Y ahora llegás a la Sala del Museo. Hace unos días comentaste en redes sobre el volver a cantar y el volver a ser cantante. ¿Eso fue lo peor de este período, sobre todo para artistas como vos que son mucho más del vivo?

-Claro. Obviamente no dejé de estar en contacto con la música, pero para mí el ser cantante es pararme frente al público y cantar. Entonces hasta que no volví a esa situación no me había dado cuenta de todo lo que extrañaba eso y de cómo me sentía arriba del escenario; me había olvidado de eso. De ese contacto y de cómo logro conectarme desde otro lugar y transmitir desde otro lugar también, que grabando en mi casa yo no lo siento. Esa sensación es única. Por un lado estuvo bueno porque fue un descanso; yo empecé a tocar en formato solista en 2006 y si bien tuve algún parate, nunca fue más de un mes. Nunca había estado seis meses sin cantar.

-Es fuerte olvidarte de la sensación de bienestar del escenario.

-Es que me shockeó y me quedé pensando pila en eso. Porque me había olvidado de ese momento de felicidad que me da el cantar y que haya un público, porque los streamings y todas esas cuestiones están buenísimas, pero terminás de tocar y hay un silencio extremo. Y yo necesito el ida y vuelta, ver qué está pasando con la gente con las canciones. Capaz que a otra gente no le pasa; hay gente que es más de estudio y se copa con eso. Esa es una charla que tengo siempre con Fede Lima, Socio. A él le gusta el estudio, hacer discos y canciones, y yo no lo entiendo. Yo si solo me dedico a hacer discos me agarro un aburrimiento que dejo de hacer música a los cinco días. Son formas distintas de sentir.

-Ya pasó un año de tu actuación en el Teatro Solís. ¿En qué lugar de tu recorrido artístico ponés ese momento?

-Pah. Fue de las noches más importantes en cuanto al show, pero también me acuerdo de ponerme en la cabeza —porque a veces me empiezan a ganar los nervios, y cuando te ganan dejás de disfrutar—, repetirme todo el tiempo: esto tenés que disfrutarlo, no te puede ganar la ansiedad. Me acuerdo mucho de eso. Y disfruté mucho de la previa y todos los momentos del día del show. Obviamente siempre me pasa en los shows así, tan importantes, que en las dos primeras canciones estoy medio tensa y después me voy aflojando. Pero sí la recuerdo como una noche superfeliz y sobre todo como un día superfeliz.

-¿Qué compusiste este año?

-Una canción que es más balada que tango o milonga. Una canción sumamente introspectiva y de amor, de amor lindo además, que eso está bueno. ¿Hice una canción que no sea un bajón? ¡Está buenísimo! (Se ríe) Y estuve más metida en producción de canciones de otros e hice una de las canciones para la obra de teatro, eso cerrado al cien por ciento. Después hay millones de divagues que voy grabando y puede que lo retome. Tengo una libretita que siempre me salva.

-¿Tenés urgencia de editar?

-No, nunca me presioné demasiado con el tema de la composición. Me gusta componer cuando siento que tengo algo para decir, no para llenar un disco.

-Una vez, en referencia a tu milonga “Simplemente”, me dijiste que sentías que los artistas también tenían que tomar el lugar de decir cosas. Y vos te pronunciás cada vez más política y partidariamente. ¿Te pasa factura?

-Obviamente. Las redes sociales igual son un conventillo bastante nefasto, y sí, te dan palo y también te tiran flores. Yo, personalmente, necesito expresarme políticamente y me parece que está bueno hacerlo. Respeto también a los artistas que tienen su posición política y eligen no expresarse; yo lo necesito y sí me parece un poco nefasto que eso sea cuestionado, porque somos seres humanos. Que dejes de escuchar a un artista porque tiene tal posición política es un problema tuyo que básicamente se basa en la intolerancia, en no poder tolerar que el otro tenga una postura distinta a la tuya. Y el insulto, el desacreditar a las personas porque tengan determinada posición, me parece penoso y no me importa si sos de izquierda, derecha o lo que seas. Y como artista me parece importante poder hacerlo en los momentos en que yo decido que es importante hacerlo. Nadie me va a imponer cuándo puedo o no hablar.

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