Obituario

Luis Eduardo Aute, el poeta de las canciones bellas sobre el amor y el compromiso

A los 76 años falleció uno de los grandes cantautores españoles; su última visita a Uruguay fue en 2014

Luis Eduardo Aute
Luis Eduardo Aute. Foto: AFP

Había algo de época en la voz, la poesía y las canciones de Luis Eduardo Aute, el cantautor español que falleció ayer a los 76 años. Algo de cuando algunas de las cosas sobre las que cantaba (el amor, la libertad) parecían importar más, de cuando los cantautores tenían, aún, una relevancia social y cuando lo que decían tenía el poder de cambiar las cosas. O al menos parecía que lo podían hacer.

Es injusto definir a un músico como Aute y su carrera de más de 50 años, en una primera impresión. Pero en aquello había una ética con la que su público siempre se sintió identificado, incluso cuando cantaba una de las grandes canciones de amor de la música española, “Slowly”, uno de sus más grandes éxitos. Y en el que simplemente hablaba de la nostalgia de enamorarse al ritmo de una canción lenta.

“La belleza se quedó sola en su cuarentena. Buen viaje, querido maestro”, escribió ayer Jorge Drexler al enterarse de la mala nueva. La reacción fue replicada por una gran cantidad de colegas, quienes sumaron sus palabras de pesar.

Uruguay siempre tuvo una relación muy estrecha con Aute quien, sin tener la estatura popular de un Joan Manuel Serrat o un Joaquín Sabina, tenía un prestigio a ese nivel. Fue junto con ellos, y alguno más (Víctor Manuel, Paco Ibañez por ejemplo) parte de una generación ilustre de la música de su país.

La última vez que estuvo en Montevideo fue en el Teatro Solís en 2014 donde presentó su espectáculo El niño que miraba el mar, que incluía además de las canciones de su vida, un cortometraje escrito, dibujado y dirigido por el propio Aute. Antes había estado en 2007 en el Cine Plaza, cuando vino a presentar su disco Al día de hoy. La lista de visitas al país fueron . En 2016 tenía previsto un show otra vez en el Solís que fue cancelado por un infarto que lo llevó a suspender su gira latinoamericana y un retiro anticipado. Murió a consecuencia de otro arrebato cardíaco.

Aute había nacido en Manila, el 13 de septiembre de 1943, cuando Filpinas era uno de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a Madrid a los 11 años y a los 17 años presentó su primera exposición: se consideraba más pintor que músico. Pero la fue la combinación del desparpajo de Elvis Presley y la irreverencia de Jacques Brel lo introducirían en el camino sin retorno de la poesía.

Escribió “Rosas en el mar”, un exitazo de Massiel y no paró de escribir más para repertorios propio y ajeno. En 1967 publicó su primer disco Diálogos de Rodrigo y Ximena, influido por Bob Dylan y que, escuchado, hoy parece una influencia directa en Eduardo Darnauchans.

Esa combinación existencialista, romántica y a la vez combativa estaría presente en  Rito (1973), Espuma (1974) y Sarcófago (1976), donde está el núcleo central de su obra. A ellos habría que sumar Albanta, su disco más militante y que incluía “Al alba”, que fue tomado como un himno antifranquista. Su poesía era sensible y coloquial, en un lenguaje directo de vocabulario rico que apelaba muchas veces al humor.

No paró nunca de trabajar y el siglo XXI lo pasó entre discos propios, tributos y homenajes y un respeto general a su aporte a la música española.

“Las canciones, como los poemas, son una manera de hablar conmigo mismo, me invento un interlocutor imaginario y benevolente, que esté de acuerdo con todo le que le digo, y le cuento todas mis penas”, había dicho Aute en 2016, a punto de iniciar esa gira inconclusa en la que celebraría sus 50 años de carrera.

Escucharlo hoy, con la noticia de su muerte así de cerca, permite apreciar su aporte no sólo a la música en español, sino una militancia por la belleza, de esa que muchos creen cada vez más necesaria.

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