ENTREVISTAS

Lu Ferreira: "Cuando uno se siente receptivo fluye la inspiración"

Esta noche, Lu Ferreira llegará a Magnolio Sala para dar comienzo a "Equilibrios", un ciclo en el que cada viernes de octubre tendrá a un artista invitado

Lu Ferreira. Foto: Difusión.
Lu Ferreira. Foto: Majo Casacó.

Esta noche, Lu Ferreira llegará a Magnolio Sala para dar comienzo a Equilibrios, un ciclo de recitales de intercambios musicales que se celebrará todos los viernes de octubre. El primer show (entradas a la venta en Tickantel) tendrá como invitado a Martín Buscaglia, y en los siguientes le llegará el turno a Alfonsina, Pedro Dalton, Papina de Palma y Eli Almic. Antes del comienzo de Equilibrios, Ferreira habló con El País.

—Esta noche comienza el ciclo Equilibrios, y en cada recital vas a tener a un invitado. ¿Cómo podrías definir la sensación de acercarse al mundo de artistas tan diversos, como Martín Buscaglia, Pedro Dalton o Eli Almic?

—Para mí es superenriquecedor. Primero porque me meto en la obra de esas personas y es una linda oportunidad para escuchar todos los repertorios. Eso me pasó ahora con Martín, que es el primer invitado. Estuve escuchando sus discos para ver qué le parecía mejor para acoplarnos. Los invitados van a ser parte del espectáculo en una sección específica; vamos a hacer algunas de sus canciones y luego se suma a nuestro repertorio. Es relindo porque le da tremendo aire a una canción que toco hace tiempo.

—¿Sentís que se genera un equilibrio entre las personalidades de ambos para ir hacia un nuevo sonido? ¿De esa idea parte el nombre del ciclo?

—Sí. Es la apertura y lo sutil del arte, que no es algo mental sino que es estar receptivo y dispuesto al encuentro con el otro. Cuando uno se siente receptivo y abierto a intercambiar con el otro fluye una inspiración y se generan cosas. En el caso de Martín (Buscaglia), fluyó muchísimo, y que sea una voz masculina ya hace que el timbre de una canción sea muy distinta. Cada persona expresa un texto a su manera y Martín es tremendo intérprete.

—Desde que retomaste tu carrera solista te han invitado a grabar en varios proyectos. ¿Cómo analizás la relación que generaste con la escena local?

—Me encanta porque me da la posibilidad de participar en canciones que no son las que yo compondría, o al menos desde el lugar que yo las haría, entonces poner mi voz es un desafío porque tenés que aportar tu voz a lo que genera otra persona. Eso me encanta. A la vez es supernatural porque canto desde hace muchos años, aunque no de manera tan expuesta, y estoy acostumbrada a hacer repertorios muy variados. Antes, yo laburaba de moza en un local donde habían músicos grosos, como Alejandro Luzardo y Martín Ibarburu, y mientras servía un trago, iba y cantaba algo. Esas experiencias hicieron que normalice el compartir la parcería.

—Has cantado rock, tango y hasta música en portugués. ¿Cómo surge tu interés por moverte por diferentes estilos?

—Lo que pasa es que en mi casa se escuchaba mucha música en portugués. Mi vieja era azafata de bondis, entonces curtía mucho Brasil, desde lo más bailable a lo más culto. Después escuchaba a Zitarrosa y un montón de tango porque me críe con mi abuela y escuchaba un montón de eso. Canciones para no dormir la siesta también. Después fui creciendo y encontré más cosas del palo del rock, que en casa no sonaban. Cuando me quise dar cuenta, me gustaba cantar todo. Incluso, más cerca en el tiempo, he cantado salsa como invitada en el espectáculo Tango caribe, de la Sinfónica. 

—¿Cómo podrías definir tu conexión con la música al momento de pasar de un tango a un candombe? Cuando te escucho cantar a Spinetta o a Cazuza siento que es algo natural.

—Es que cada persona tiene sus particularidades, y tal vez la mía sea ser versátil y adaptarme a eso. Simplemente lo que hago, si lo tuviera que poner en palabras, es conectarme con el texto y la música. Lo importante es que la música te conmueva, te llegue, te guste y hasta te divierta, porque hay canciones que te cambian el estado de ánimo. Eso depende de muchas cosas: de la armonía, de la letra y más. Conectarte con esas particularidades de la canción es lo que hace que abras la boca y cantes. En mi caso es bastante sencillo pero, obviamente, hay casos en que te cuesta más.

—¿Sentís que tu paso por La Tabaré te ayudó a modificar tu presencia en el escenario? También cantaste en ómnibus cuando eras adolescente. ¿Eso te sirvió al cantar en vivo?

—Sí, es que es parte de lo que soy. No sería la misma persona so no hubiese cantado en los ómnibus y si no hubiese pasado por La Tabaré. No sé si me ayudaron, pero me conforman. Haber cantando en los bondis a los 16 años te da una experiencia en muchos aspectos y también me hace valorar lo que estoy transitando hoy. Hace que me conmueva profundamente tener la posibilidad de hacer mis canciones en una sala. En el caso de La Tabaré, me modificó absolutamente en lo escénico porque implicó salir de mi forma de comodidad absoluta. Me costaba mucho expresarme corporalmente y fue una experiencia que me hizo conectar con el cuerpo. Uno va como buscándose a través de lo que viviendo. No sé si hoy es más fuerte la energía por haber pasado por La Tabaré, pero trabajo con una intensidad distinta. Hay mucha fuerza.

—Ya componías desde antes de entrar a La Tabaré. ¿En qué momento decidiste que tenías que recuperar tu espacio como solista?

—Formalmente empecé el primer tema hace 10 años, a los 22, y cuando descubrí que tenía la capacidad de generar algo con una canción no paré. No veía otra opción que no fuera compartir eso. Con mucho miedo tocaba todo el tiempo en boliches, pero en un momento me cansé porque sentía que no estaba yendo a ningún lado. De una manera súper intuitiva dije: “Voy a parar de tocar”. Estaba como muy enojada, pero en realidad ni si quiera sabía qué era lo que quería hacer. En ese momento surgió la llamada de La Tabaré y entré a cantar. En mi inicio tenía toda la energía puesta en ese proyecto, que para mí era un sueño. Después de un año y medio con La Tabaré, empecé a tener ganas de volver a cantar mis canciones porque tenía otra energía y estaba contenta. Ahí empecé a cantar de nuevo y fue como: "Ah, mirá: la de La Tabaré también compone". Cuando salí de esa situación de angustia tomé la decisión de irme, porque quería darle la importancia que necesitaba lo que quiero hacer.

—Recién hablaste de cantar con miedo. ¿Cómo te sentiste al momento de retomar tu carrera solista? ¿Te generó cierta inseguridad?

—Si bien yo venía paralelamente cantando como solista mientras estaba con La Tabaré, la decisión de enfocarme en lo mío hizo que cobrara otra importancia. Es hasta sutil porque es una decisión. Lo que recibo es mucho amor y gratitud de la gente. Generalmente, me siento en casa en el escenario. 

—En este momento, ¿estas grabando canciones para un futuro disco?

—Sí, y fue muy loco porque la pandemia me cambió mucho los planes. Yo tenía un plan de grabación con un montón de cosas que tuve que ir modificando. Incluso empecé a trabajar con un productor nuevo. Estaba buscando los recursos para ver cómo grababa y surgió el apoyo de Orchard. Eso cambió muchísimo el panorama y está bueno porque esa calma permite que uno, como artista, pueda dedicarle la concentración necesaria a las canciones. Vengo de grabar en Vivace la voz de una de las canciones, y ya produjimos los primeros dos temas del disco, que saldrán antes de fin de año.

—¿Alguna de las canciones del disco fue compuesta durante la pandemia?

—Hay un tema que compuse en abril y que es el primero que grabé. Se lo compuse a mi abuela y lo más sincrónico es que la compuse y hace un mes y medio falleció. Ella no estaba enferma cuando la compuse. Decidí homenajearla con la canción, aunque no fue una decisión consciente: salió y después me di cuenta de que era para ella. Es muy emocionante todo lo que implica.

—¿Y por qué lado va a ir el resto de las letras?

—En general, las canciones que hago suelen tener una temática reflexiva y tienen que ver con mis experiencias, y creo que tienen que ver con cómo yo percibo el mundo. Por eso creo que las personas se identifican con las letras. Cuando escribo no hablo tanto de mi historia personal, sino de sensaciones que nos tocan a todos, porque todos tenemos miedos, sentimos amor y nos conmovemos. Entonces, una historia es una excusa para hablar de lo que siento. Cada vez más me desapego de la responsabilidad de lo que estoy diciendo porque cuando escucho canciones de cuando tenía 20 años, me doy cuenta de que estoy hablando de cosas de las que no era consciente en ese entonces. 

¿En qué sentido?

—Me pasó de hablar del amor libre o  el ser consciente de que, por ejemplo, un acontecimiento tiene muchas maneras de verse: podés tomarlo para crecer o podés ponerte un balde y pasarla como el culo. Esas cosas que digo en mis canciones, yo no sé si era consciente y sin embargo las expresaba. Entonces uno puede conectar con una sabiduría que no le es propia.

—Y al final, las entendés unos años después...

—Claro. Es como lo que me pasó con mi abuela. Piré cuando me di cuenta de que era para ella. No era como una despedida, pero se ve que inconscientemente sí. Me gusta pensar que no somos solamente lo que vemos.

—Recién hablamos de las canciones que compusiste cuando tenías 20 años. ¿Qué cosas ves de vos al repasarlas?

—En perspectiva me doy cuenta de que valoro a esa persona que tenía esa inocencia. Uno con el tiempo va a entendiendo cosas, y también sé que me falta un montón para entender; me encanta que la vida sea andar entendiendo cosas, porque sino sería aburrido tener todo claro. Al escucha esas canciones valoro esa juventud y esa inocencia de hacer las cosas por placer y por la idea de "escribir es como respirar". Cuando más oficio uno tiene, más consciente es de esa herramienta y más cosas hacés. Esa inocencia está intacta porque sino no hay juego y no tiene sentido.

—Desde que volvieron los shows, te presentaste en Magnolio Sala, La Trastienda y Medio y Medio. ¿Cómo evaluás tu reencuentro con el público? ¿Se generó otro tipo de conexión?

—Fueron cuatro meses sin tocar, y nunca había pasado tanto tiempo. Al principio estaba un poco rígida, pero a su vez se sentía una energía superintensa porque todo el mundo extrañó eso y siento que todos estamos... hablo de Magnolio Sala, La Trastienda y Medio y Medio, creo que estamos todos megasensibles. Todos estamos transitando momentos superintensos: o falleció un familiar, o hay problemas económicos o estás conmovido por la situación general. A todos nos interpeló toda esta cosa tan atípica y que nadie esperaba. Cantar en vivo tiene un sentido para mí, que tiene que ver con conectar con las emociones y generar un espacio que sea un estímulo para que las personas se encuentren desde un lugar amoroso. En este momento eso cobra mucho más fuerza y se valora aún más. Creo que todos nos dimos cuenta de que lo esencial no tiene nada que ver con la manera en la que estamos viviendo, y la música y el arte tiene la capacidad de recordarnos qué es lo importante.

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