ENCUENTRO MUSICAL

Loli Molina y Nicolas Ibarburu, un dúo rioplatense que gira con un repertorio íntimo 

Este jueves, Loli Molina y Nicolás Ibarburu comienzan una pequeña gira que pasará por Punta del Diablo, Punta Ballena, Colonia y Montevideo. Sobre eso, hablaron con El País.

Loli Molina y Nicolás Ibarburu. Foto: Pardelion Music.
Loli Molina y Nicolás Ibarburu. Foto: Pardelion Music.

Por más de que hablen en entrevistas separadas, la argentina Loli Molina y el uruguayo Nicolás Ibarburu usan los mismos términos para definir su primer encuentro: “mágico” y “flashero”. Es una relación que comenzó en 2007 cuando ambos estaban grabando sus primeros discos solistas —Los senderos amarillos y Anfibio, respectivamente— en el estudio ION de Buenos Aires.

“Conocernos fue una experiencia trascendental”, define Molina desde Punta Ballena, donde está terminando el aislamiento obligatorio que comenzó apenas llegó a Uruguay. “Flasheamos mucho con la música y la búsqueda de observar al mundo con lentes parecidos”.

“Quedé flasheado cuando la conocí”, comenta, por su parte, Ibarburu. “Sus canciones tienen magia y son hipnóticas. Me gusta cómo maneja sus dinámicas porque con la guitarra y la voz te hace un universo entero”.

Y, claro, tras ese encuentro tan intenso el siguiente paso era registrarlo en canciones. Por eso, Ibarburu aportó su guitarra en varios momentos de Los senderos amarillos, el disco que convirtió a la argentina en una de las promesas de la nueva canción rioplatense. Y basta con escuchar “Ricardito” o “Miel” para comprobarlo; el diálogo entre ambos es natural y enriquecedor. “Es como si nos conociéramos de mucho antes”, dice Molina.

Tras ese álbum debut, los músicos pensaron en hacer algún otro proyecto en conjunto, pero la idea fue quedando atrás a medida que sus carreras crecían. “Se fue dilatando, pero las ganas estaban”, dice Ibarburu.

Tuvieron que pasar 10 años hasta que volvieran a grabar juntos. Era 2017 y Loli había llegado a Montevideo para participar del ciclo Pardelion Music. La cantautora ya había grabado “A primera vista” junto al brasileño Chico César, y pasó por la casa de Ibarburu para un reencuentro. “Hacía mucho que no nos veíamos y nos pusimos a guitarrear. Mientras hablábamos, nos dimos cuentas de que estábamos flasheando con las mismas canciones”, comenta Molina.

Y en ese repertorio se encontraba “Biromes y servilletas”, el clásico que Leo Maslíah grabó en Canciones y negocios de otra índole (1984). “Tenía un cifrado de la canción escrito por el propio Leo y con Loli pensamos en tocarlo. Fue increíble porque la tonalidad le quedaba perfecta, así que me invitó a tocar en Pardelion. Fue muy inspirador”. Además de cantar a Maslíah, grabaron una cálida versión de “Infinitas veces” —con letra de Pinocho Routin y música de Ibarburu—, cantada a dúo. “Disfruté un montón de esa grabación”, recuerda el guitarrista.

A casi cuatro años de ese encuentro filmado —esos videos suman casi 500 mil reproducciones en YouTube—, llega un nuevo encuentro entre los artistas rioplatenses. Se trata de una pequeña gira de cinco shows que comenzará este jueves en el restaurante Panes y Peces, de Punta del Diablo; pasará el viernes por el Festival Medio y Medio, de Punta Ballena; el sábado por el restaurante Cocina con Amor, de Colonia; y que terminará con dos shows en Montevideo.

Las fechas en la capital serán todavía más especiales porque marcarán la reapertura de La Trastienda, que se celebrará el 1° y el 2 de febrero (entradas en Abitab). La primera noche contará con la apertura de Papina De Palma y la segunda con la de Florencia Núñez.

“Estos shows con Nico surgieron cuando salió la posibilidad de tocar en Medio y Medio. Ya que venía Uruguay, pensé en que era el momento de hacer una gira juntos”, explica Molina. “Va a ser como una edición especial porque vamos a tocar juntos todo el tiempo. Después de este año tan duro, cualquier situación donde podamos compartir y potenciarnos es como una celebración”.

Cada una de estas presentaciones estará atravesada por un ambiente íntimo en el que el intercambio constante será el protagonista. “Me encanta el microcosmos de esta dinámica porque podemos llegar a matices y fluctuaciones de tempo que me hacen sentir más cómodo que cuando toco con una banda”, define el uruguayo.

“Espero que con estos recitales podamos, de una manera colectiva, levantar la energía y la vibración por un rato”, agrega Molina. Y el vehículo para lograrlo será, una vez más, la música.

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