Wilder mind es de los mejores discos del año

La liberación de un espíritu salvaje

Cuando el folk volvió a instalarse en la pasada década con un auge similar al que tuvo en la de 1960, muchas semillas germinaron. Una fue la de Mumford & Sons, que floreció regada por ese género y grabó Sigh No More y Babel, este último elegido como Álbum del Año en los Premios Grammy 2013. Pero si Babel ya marcaba una leve inclinación al rock, el flamante Wilder mind la confirma.

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Los británicos abandonaron el folk y se volcaron al rock.

La figura del banjo desaparece completamente, desaparece el sonido acústico y los instrumentos eléctricos renuevan el panorama. Por ahí pasa lo salvaje a lo que se alude en el título: la ciudad, como se muestra en el arte, le gana al aire campestre. Y eso gusta.

Si alguien tenía dudas sobre lo que podía dar la banda británica, con su tercer álbum las debería haber despejado. Las 12 canciones que lo conforman establecen una relación afectiva que logra conmover, con melodías cálidas en las que destacan las guitarras. La intensidad está marcada por los estribillos, donde la batería de Ted Dwane se impone y obliga al más reticente a mover la cabeza al compás. No es un rock pretensioso el que muestra Mumford & Sons, y ahí hay un acierto. El camino hacia este género parece haberse dado de manera natural, lenta, sin cambios drásticos, lo que permite que todo suene ensamblado y para nada exigido.

Más allá de lo musical, uno de los encantos fundamentales de la banda está en la voz levemente ronca de Marcus Mumford, no tan aguda pero parecida a la de Michael Stipe (en realidad, Wilder mind puede compararse a los momentos más rockeros de R.E.M). En este disco, que le abre más puertas a la potencia y las notas sostenidas, el frontman logra sobresalir.

Wilder mind no tiene prácticamente puntos bajos, aunque la dupla que conforman "Belive" y "The wolf" es la más convincente. La primera cargada de sutilezas y de melancolía, con una distorsión que parece colarse sin permiso; la segunda bien acelerada y dinámica, con un estribillo demoledor. También hay un bloque compacto y sensible entre "Monster" y "Cold arms" con baladas bien logradas, que hacen que a este álbum no le falte nada, y sea uno de los mejores de 2015.

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