Editó nuevo álbum, Tango, y hoy actúa en la sala Hugo Balzo

Laura Canoura: Los tangos que hay que cantar

Tango, el nuevo disco de Laura Canoura no está nada mal. No tendría por qué estarlo: en casi 40 años de carrera, Canoura ha demostrado que es una artista rigurosa y que ha sabido moverse en distintos géneros, con una soltura que no abunda mucho.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Tango, porque es una mirada seria al género que hacemos y al dúo Andrés Bedó y yo".

Acompañada por Andrés Bedó en piano y arreglos, la cantante uruguaya repasa tangos conocidos y otros que no tanto en un repertorio original donde están incluidas canciones como "El último café", "Gricel", En esta tarde gris", "Milonga triste", entre otras piezas inmortales firmadas por gente como Cátulo Castillo, Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, entre otros. Está tirado de autores, por lo visto, el repertorio. Canoura le pone su impronta a un disco en el que comparte protagonismo con el piano de Bedó, que no se limita al papel de acompañante. El disco está editado por el sello Perro Andaluz.

La salida de Tango estuvo precedida por una gira latinoamericana que incluyó escalas en el DF mexicano, Lima, La Paz, Bogotá y Santiago con un show que hoy llega, a las 21.00, a la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre (con entradas a 350 pesos).

Desde la época de Rumbo, aquel supergrupo de la música uruguaya de la salida de la dictadura, a una carrera solista constante y siempre buscando nuevos aires, Canoura ha construido uno de los nombres más fuertes de la música nacional. Ha hecho boleros, música francesa, su propia versión de un pop adulto, y tango, un territorio al que siempre termina llegando.

"El del tango es un repertorio muy expresivo para un intérprete en lengua castellana no hay muchos repertorio con la profundidad del tango y además que tenga ese corte dramático, que se encuentra con facilidad en el blues, o en la chanson francesa", dice mientras apenas disimula su entusiasmo por el recital de hoy a la noche. Sobre su amor por el género yel momento de su carrera habló con El País.

—Vos cuando empezaste no querías ser cantante de tango...

—Ni siquiera lo quiero ser aún. Siempre fui muy ecléctica. Al principio por chiquilina y por no dejar que me etiqueten en ningún lado. Pero en mi carrera solista, me gustó tener la posibilidad de ser como intérprete como soy como oyente de música. Hay gente que es feliz con el Sodre o Clarín clavados en la radio: a mí me gustan mucho, muchas cosas y otras, la verdad que no me gustan nada. Y ahora está de moda decir que hay que correrse del lugar del confort, bueno, de repente yo era una lúcida en ese momento que pensaba que esa era la manera de mantenerme más activa y comprometida con lo que hacía.

—¿Comprometida en qué sentido?

—El compromiso es que yo hago esto porque realmente me gusta y no concedo más de lo imprescindible en lo que yo quiero hacer. También a los compositores les llega un momento en que tienen que decidir si van a ser complacientes o no porque el día que decidís serlo, no te vas a poder mover más de ahí y seguís haciendo las tres o cuatro canciones que la gente quiere escuchar con el mismo arreglo con el que las grabaste la primera vez. Es muy difícil salir de ahí y eso genera mucho miedo.

—Pero el no hacer concesiones puede hacer que pierdas público.

—Sin dudas. Pero se pierde público por un lado y se gana por otro lado. Y es un público diferente con menos prejuicio.

—En Uruguay ha habido un boom de cantantes mujeres de tango. ¿Por qué crees que se da eso?

—No sé a quién te referís pero muchas de ellas se han empezado a abrir...

—Eso es cierto, Malena Muyala, por ejemplo...

—Y Maia Castro está componiendo y muy bien. Lo que yo creo es que el tango es muy atractivo como género y por su repertorio pero es un universo muy árido para las mujeres. Es muy difiícil imponer repertorio nuevo y si querés hacer cosas necesitás ampliar el horizonte. El tango es la puerta de entrada de algunas cantantes y nada más que eso. Yo no creo que haya muchas mujeres como Susana Rinaldi, con el nivel de ella y que se hayan mantenido casi exclusivamente en el género.

—Y vos ¿cómo te ubicás? ¿Cómo es tu voz para el tango?

—A mí me gusta porque es grave, lo que ahora es más común que antes donde las cantantes eran más sopranos. Como intérprete canto mucho como hablo y esa es una estética muy particular, de no engolamiento y de buscar más en la palabra dicha que en la palabra cantada.

¿Cómo sentís que ha cambiado tu voz en todo este tiempo?

—Muchísimo. Me escucho los primeros discos y no puedo creer que era tan descarada: era puro corazón y así quedaba al borde de la disfonía completa. Era demasiado pasional en la búsqueda de la interpretación. Y con el tiempo y de aprender mucho con la gente que uno trabaja (Estela Magnone me ayudó a estirar el registro y eso benefició mucho mi voz). Y lo otro fue la Piaf porque el francés es un idioma muy nasal y eso te ayuda a colocar la voz en el paladar donde debe estar para cantar.

—Mencionaste a la Piaf. Mirá que has hecho cosas...

—Siempre me sentí muy cómoda en todos los proyectos. Pocas veces me sentí forzada y cuando eso pasó y no era feliz me alejé. Creo firmemente en que la evolución como persona y como artista es lo que te hacer querer seguir haciendo cosas. Si no uno se cuestiona mucho. Si así ya uno se cuestiona un montón de veces sobre lo que estás haciendo o si no debería dejar de cantar...Crisis profesionales.

—¿Has tenido de esas?

—Sí, claro. Hasta el día de hoy.

—¿Por ejemplo, en el sentido que tenías que ser más popular?

—No creo sea ese el término. La popularidad es un concepto muy maleable. ¿Qué tan popular tenés que ser para poder vivir dignamente de lo que hacés? Yo soy popular, me reconocen en el ómnibus, la gente es muy cariñosa conmigo. Pero, para ponerte un ejemplo, vas a un programa de radio y te llama alguien que te dice que te ama, que te admira y que la última vez que te vio fue en La Barraca hace 20 años. Eso también es la popularidad. A veces no está acompañada con todo el tiempo que uno le invierte y con la pelea para que esa popularidad se traduzca en vivir dignamente de tu trabajo.

—Para eso hay que tener ideas, proyectos...

—Todo el tiempo. Hay que producir y producir, lo que está bárbaro. El problema es cuando entrás en crisis porque es tanto lo que has hecho y tanta la variedad que es inevitable que empieces a convertirte en una colcha de retazos. Por eso es bueno armar equipos diferentes. El otro día canté con La Triple Nelson y estuvo buenísimo y fue una experiencia riquísima.

—Tango está dedicado a tu padre, recientemente fallecido porque "me cantó tangos para despertarme los domingos" y mencionás a tu madre que te cantaba para dormirte "Cuartito azul". Hay mucha emoción en este disco.

—Tal cual. Mi vieja vive y lucha y algunos domingos almorzamos juntas. Cuando la voy a buscar, en el viaje siempre vamos cantando porque soy una cantante compulsiva y me maravilla la memoria que tiene. Estos tangos que yo los he ido tarareando para aprendérmelos se los sabe todos. Cuando yo era chica, no había canciones para niños: escuchabas la música de tus padres. Y no sabía qué era; lo supe cuando de grande empecé a escuchar lo que me cantaba mi madre y descubrí que algunos eran tangos. Mis viejos cantaban mucho y la familia, sobre todo de mi papá, era muy cantora. En las fiestas terminábamos en murga, tango o lo que fuera. El cantar y la música era renatural. Pero la única que tomó la guitarra y siguió fui yo. Fue una cosa natural que me dedicara a esto.

Un disco hecho a dúo que está repleto de emoción y ya recorrió el continente.

—¿Cómo fue el proceso de Tango y de este espectáculo?

—Primero, que con Andrés queríamos irnos de gira para empezar a hacer conocer el proyecto en otros mercados. La realidad indicaba que para hacer una gira tan ambiciosa y a riesgo, había que achicar el equipo para hacerlo fácil de mover. Además con Andrés venimos trabajando hace siete años y el dúo que no es una cantante con acompañante, sino que somos un dúo.

—Acaban de llegar de una gira. ¿Cómo estuvo esa experiencia?

—Muy bien. Hubo lugares mejores que otros. Chile era un favorito porque es un lugar al que voy cada tanto. México es un país más acostumbrado a las diferentes culturas pero en cada lugar fue increíble. Me encontré con mucho público local (no solo argentinos y uruguayos) y eso estuvo buenísimo.

—¿Cómo crees que el público recibirá esta nueva incursión tuya por el tango?

Por ejemplo, los tangueros de ley que conocen el repertorio van a disfrutar Tango porque es una mirada seria al género que hacemos Andrés Bedó y yo. Pero para aquel que no conoce el tango, son canciones que hablan del amor, la soledad, la tristeza. Y del Río de la Plata a full.

—De las cantantes de tango, ¿quiénes te gustan?

—María Graña,muchísimo: tiene una voz increíble. Las primeras épocas de Susana Rinaldi. Sigue gustándome Elsa Morán, una de las voces más atractivas de Uruguay. Y me gustaba mucho Lágrima Ríos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados