ENTREVISTA

Cara B: Laura Canoura hace un repaso a 40 años de canciones, discos y anécdotas

Antes de su recital del 16 de octubre en el Auditorio Nacional del Sodre, Laura Canoura repasó sus discos con El País

Laura Canoura. Foto: Darwin Borrelli.
Laura Canoura. Foto: Darwin Borrelli.

"Cuando me propusiste esto se me ocurrió elegir canciones de los discos que grabé en cada década”, dice Laura Canoura al comenzar la entrevista donde repasará sus 40 años de trayectoria. “Pensé que las canciones más conocidas van a estar sonando en el espectáculo y en las radios, entonces me acordé de una cosa que hizo Joni Mitchell, a quien amo profundamente”. En 1996 la canadiense editó dos discos recopilatorios: uno con sus éxitos (Hits), y otro con los que no lo fueron (Misses) pero que para ella eran importantes.

En el Hits de Canoura seguramente estarían “Al sur de tu corazón”, “Detrás del miedo”, “Mujeres como yo”, “Para hacerte sentir mi amor” y “Piropo”. Pero en el de Misses sonarían las canciones que ella eligió para esta entrevista. “Empecé a armar una carpeta en la computadora que se llama Cara B”, dice Canoura. En la laptop hay 15 canciones. “Elegí algunos temas que pasaron sin pena ni gloria, y que sin embargo eran significativos para mí”, dice.

Mientras Laura ajusta el volumen de los parlantes, doy un vistazo a la habitación donde suele dar clases de canto. Al lado de la puerta que da al patio se puede ver el disco de platino de Esa tristeza (1985) apoyado en el piso. La tapa muestra a Canoura de 28 años, con el mentón apoyado en la mano y de fondo una escenografía con lunas y estrellas. En la biblioteca, cargada de libros, resalta el premio Graffiti que recibió en 2014 por su trayectoria, rodeados por tres chanchitos de juguete. En el estante de abajo está el mate que compartiremos durante casi dos horas.

“Ahí quedó”, dice Canoura tras encontrar cómo subir el volumen. Mientras busca una canción (“le había puesto un orden pero quedaron con el número con el que estaba en el disco”, se excusa), dice que la que abre esta selección es una de Rumbo, el grupo que formó junto a Mauricio Ubal, Gonzalo Moreira, Gustavo Ripa, Carlos Vicente y Miguel López. “El primer disco, Para abrir la noche, refiere a la personalidad de cada uno, pero el segundo, Sosteniendo la pared, enfoca bien a lo grupal”, dice. “Ese es el que más me gusta y de ahí elegí ‘Escenario Babalú’”.

La eligió porque “es de las cosas más lindas y significativas de Rumbo”. “Dura un minuto y 16 segundos y de repente pasaba desapercibido entre la maroma de ‘A redoblar’ o de ‘Ya no quedan centrojás’, pero era un tema riquísimo compositivamente: va haciendo un juego donde la armonía aparece y desaparece”. “Vamos a escuchar”, dice, y pone play.

“Una hilera de tablones / Encima de casilleros / El barrio parado espera / Con la sonrisa en los dedos”, cantan los músicos al unísono. Mientras el juego armónico de las voces se entrelaza con el platillo y el bombo, Laura corea un poco de la letra y mueve los brazos acompañando el ritmo murguero. “Recordé un espectáculo que hacíamos en la sala 2 del Teatro Circular, donde cantábamos todos sin amplificación y para leer la letra creamos un acting escénico que era dirigirnos hacia una zona donde había una viga y que tenía la letra escondida atrás”, relata entre risas.

“De Sosteniendo la pared me encanta ‘Lugar de mí’. ¿Podemos escucharla?”, le pregunto con timidez. “Ay, sí. La amo”, dice, mientras rastrea la canción. “Lo que recuerdo de la canción es que se generaba un clima superespecial cada vez que la tocábamos. La gente se identificaba mucho”, comenta y aprieta play. “Creo que es una de las mejores canciones de amor que he cantado en mi vida”, dice mientras los arpegios de guitarra de Ripa empiezan a salir de los parlantes.

“Me escucho cantar en esa época y me da una ternura”, asegura. “Es como si estuviera escuchando a una hija”. Hace un silencio para escuchar a esa Laura de 25 años. “Siento mi disfonía, cero técnica. Muchas de las cosas que escucho en mí fueron cambiando porque fui aprendiendo a corregirlas. Fui aprendiendo a modificar la voz tan aireada, dejé de fumar y dejé de gritar”.

Laura Canoura junto a su primer disco solista. Foto: Darwin Borrelli.
Laura Canoura junto a su primer disco solista. Foto: Darwin Borrelli.

Entre la colección de vinilos y cassettes que llevé a la entrevista, está Esa tristeza, el primer disco solista de Laura, editado en 1985. Mirando la contratapa, y buscando las “Caras B”, encuentro “Trama”, escrita por Eduardo Darnauchans y Mauricio Ubal. Cuando le pido escucharla, ella bucea en las carpetas de su discografía para encontrarla. “Es una canción redifícil. En la canción hay un ‘cha’, ‘cha’ con mucho reverb, que es casi como un jadeo, que grabaron Andrés Recagno y Gustavo Etchenique. Etchenique casi se desmaya en el estudio”, dice, riéndose.

Cuando empieza a sonar el teclado y las respiraciones de los músicos, Canoura comenta: “Es muy Police el sonido”. “Quise poder tener tenerte al lado / Quise tener poder tenerte al lado / Quise poder tener poderte al lado / Quiero tener poder tenderte al lado / Quiero tratar traer trocar trazar tramar”, canta, de un tirón sin tomarse un momento para respirar, sobre un colchón de teclados y de frases de guitarra a lo Andy Summers en Synchronicity, el último disco de la banda inglesa.

Al recordar la grabación del disco, producido por Jaime Roos, recuerda: “Jaime tenía una sonoridad mucho más pop de lo que yo venía cantando con Rumbo. Yo estaba feliz de la vida porque era un desafío. Él era supermeticuloso y riguroso, pero a la vez pro. Yo era redisciplinada y si decía que cantara cabeza abajo, lo hacía. Después fui perdiendo eso”.

“Pasamos a otra, ¿te parece?”, le pregunto. “Dale. De Las Tres estas es la que más me gusta”, responde mientras empieza a sonar “Quizás será”. Estamos escuchando el disco Las Tres, que Canoura grabó en 1989 junto a Flavia Ripa y Estela Magnone. "Es la que más refiere a lo grupal", dice. Mientras suena la canción, con importantes influencias brasileñas, agrega: “Lo recuerdo como uno de los momentos más felices de mi vida, al igual que cuando ensayaba con Rumbo”. “Empezamos como una barrita de amigas a juntarnos a tomar el té, cantar, tocar y mostrar en qué andaba cada una. Después se nos ocurrió armar algo juntas”, recuerda.

El álbum nació luego de más de un año de presentaciones en el boliche La Barraca —donde hoy está ubicado Bluzz Live—, que pertenecía a Daniel Magnone, y cuando se publicó llegó rápidamente a disco de oro. Sin embargo, nunca fue reeditado. “Estamos peleando para que lo suban a las plataformas”, dice. “Yo necesitaría que todos mis discos estén subidos porque estoy celebrando 40 años y tengo una cantidad que falta. Pero no son mis tiempos”.

Al recordar esos momentos, Canoura dice: “Descubrí una manera diferente de hacer las cosas. A partir de cantar con ellas fui descubriendo que hay una manera de escribir, componer y arreglar que tienen que ver con la mujer. Fue muy enriquecedor”.

Al llegar a Interior, de 1996, recuerda que ese fue su primer disco autoproducido. “Fue agotador”, dice. “El sello me dio una plata y yo le daba a cada uno para que produzca las canciones. Cuando había que grabar las voces me quedé muda: era por estrés y estuve 10 días sin poder hablar”.

Selecciona “Nunca”. “Esta canción no puede ser más Cara B”, sonríe. “La elegí porque me vincula con lo que yo fui en la época de Rumbo y de Esencia: la cosa de dúo y de dos intérpretes”, recuerda. Con la guitarra de Carlos Vicente, compañero de Rumbo, la canción melancólica y de despedida, interpretada como una zamba, suena por los parlantes. “Ya no sé cuándo fue que olvidé tu color / dónde puse tu amor y tu historia / En qué guardo tu voz, tu sonrisa y tu adiós”, dice la letra.

Cuando le menciono que su voz cambió con respecto a la época de Rumbo, Canoura me responde: “¿Sabés cuándo cambió mi voz? Después de la Piaf. No solo fue un entrenamiento de hacer cuatro o cinco funciones por semana, sino que el francés tiene mucho del velo del paladar y eso me ayudó a pulir mi voz”. En seguida va en busca de Piaf, el disco que editó en 1995 con las canciones que presentó en el espectáculo dedicado a las canciones de Edith Piaf, una de las cantantes francesas más importantes. Suena “La ville inconnue”. “Es un tema que pasó sin pena ni gloria, pero me encanta”, comenta.

Al hablar del manejo de su voz, Canoura recuerda el espectáculo Locas pasiones, que presentó junto a Hugo Fattoruso y del que nació un disco en vivo que fue grabado en 1994 en un recital en el Teatro Solís. Presentándose en formato de piano y voz, el repertorio estaba centrado en boleros y tangos que tenían a la pasión loca como centro. Si bien la idea era abordar canciones no tan conocidas, en la lista de canciones estaba "Nostalgias”, un conocidísimo tango con letra de Enrique Cadícamo, que fue grabado por Astor Piazzolla, Charlo, Edmundo Rivero, Leopoldo Federico y Plácido Domingo. “Es imponente esa canción y al escucharla recuerdo mi sensación de Hugo tocando y yo trepándome a lo que él improvisaba”, dice.

“Fue un aprendizaje porque hasta ese momento no había hecho nada con alguien que improvisara tanto”, describe. Apenas empieza a sonar la canción, dice: “Imponente el piano de Hugo". Mientras la intensidad con la que Fattoruso toca el piano va creciendo, la Laura que escucha la música que sale de los parlantes sonríe y se balancea y mueve los brazos para transmitir la sensación que sentía aquella Laura de 37 años cuando cantaba esa canción. Es como si se dejara llevar por una energía especial. "Al cantar esa canción recuerdo la sensación de que Hugo generaba una especie de fuerza centrípeta donde logro entrar y construir una fuerza entre los dos”, dice.

Al momento de elegir la última canción, se da cuenta de que hasta en momento no había elegido ninguna con letra compuesta por ella. Entonces va por “Dónde andarás amor”, de Un amor del bueno (2010), su último disco de estudio hasta la fecha. “Me encanta esta canción porque mi voz es otra completamente: empezaron a aparecer los agudos pianísimos que no sabía desarrollar antes”, asegura.

Acompañada por el piano de Andrés Bedó, Canoura canta una de sus canciones más hermosas y melancólicas. “Dónde andarás amor / Creí haberte citado en esta esquina /Pensé que estaba escrito en nuestras vidas / Vos y yo / Predestinado al encuentro”, dice. “Me gustan mucho las letras metafísicas”, asegura. “La idea de cómo vas a vivir el amor si la persona que está indicada para vos vive en otro continente y quién sabe si va a suceder algo que los contacte”. Mientas Canoura habla, de los parlantes se escucha: “Vos en París / Comprando flores en la calle / Y yo en Palermo / Sola, sin buscar a nadie”.

—Ahora que escuchamos canciones de estos 40 años. ¿Qué balance podrías hacer?

—Es bien difícil y requiere un proceso. El número redondo te hace reflexionar y mirar mucho, pero también hacia el futuro. Trato de sacudirme y sacarme ese temor al paso a dar. Es algo que nunca me había pasado y de pronto empecé a preguntarme si lo próximo va a ser bueno o si va a lograr reflejar lo que soy. Al revisar canciones, videos y fotos viejas, me acuerdo de esa mujer intrépida que fui toda la vida, de no importarle nada el resultado sino disfrutar del proceso. Esto no es un camino que sea único. Esto de repensarse tiene un momento en que uno tiene que proyectarse a futuro. Cuando empiezo a pensar las canciones del espectáculo imagino que la gente va estar esperando algunas canciones, pero en los 40 años, quiero ser condescendiente y encontrarme con amigos. No sé si eso va a tener salida al público, capaz somos nosotros dos y familia en el espectáculo, pero quiero hacer un recorrido así, más creativo y más hacia el futuro mirando hacia el pasado.

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