ENTREVISTA

Kevin Johansen charló con El País: "Hay un elemento a favor de ser un outsider"

El múisco argentino lanzó "The Availables 20's" y programó una serie de shows vía streaming. De eso y la libertad artística charló con El País

Kevin Johansen. Foto: Difusión
Kevin Johansen. Foto: Difusión

"The Available 20’s", lanzada el mes pasado, condensa todo lo que se espera de Kevin Johansen: los juegos de palabras, la sensualidad y la diversión, un viaje musical en tiempo y espacio (el tema bebe del swing y el charleston, está muy bien) y un montón de contenido, de data, información. Nada es solemne y sin embargo, todo tiene un porqué. Ese mismo resumen aplica para la serie de shows que va a hacer, vía streaming, desde La Tangente, ese bar/centro cultural porteño del que es socio.

Las presentaciones serán temáticas: la primera, el 28 de julio, será de canciones en castellano; la segunda, en inglés; la tercera, “rarezas, temas de Alaska y covers”, bromea en charla con El País; y la última, “la canción latinoamericana que llevo desde la cuna”.

“No tener el fervor, el calor del público, es raro”, asegura Johansen, “pero estamos en esto para conectar; el músico quiere conectar con un público, emocionarse y ver si se emociona el otro. Y eso se puede seguir generando en este ‘mientras tanto’”.

—Estos conciertos servirán para mostrar en qué están vos y tus músicos. ¿Qué estuviste haciendo, además de “The Availables 20’s”?

—Viste que en lo artístico la máquina no descansa, o sea que el hecho creativo sigue funcionando y siguen generándose ideas que uno quiere plasmar. En el caso de “The Availables 20’s” fue una canción que tenía desde el año pasado, que finiquitamos entre diciembre y enero con Cachorro López y Sebastián Schon, y así va pasando, entre canciones. Sigue habiendo, por suerte, entusiasmo, más allá de que como todo el mundo tenemos días en que estamos tirados y no tenemos ganas más que de arrastrarnos por la casa. Hace poco leí a un escritor cubano que decía que escribir sobre la pandemia sería incorrecto en el momento, sería un acto demagógico. Pero indefectiblemente yo pensaba que las cosas se van a tratar de esto; lo que va a venir de la esencia de cada uno es este estado de ebullición, de quietud, de carga, de que estás harto de estás harto. Todo eso va a reflejar este momento, no tiene que ver con aprovecharse de la situación sino que va a ser un reflejo. Además de que esto es inédito; es lo impensado.

—En Argentina llevan cuatro meses de encierro. ¿Cómo se resignifica para el músico la libertad? Hacer música es un ejercicio de libertad, ¿incluso en este momento?

—Y sí. En “The Availables 20’s”, “los disponibles 20”, me di cuenta que más allá de pensar como habrían sido los roaring 20 entre las dos guerras, estos 20 están disponibles, porque la década está adelante nuestro y no sabemos lo que va a pasar. Es una época loca, más loca que esos años locos. Pero es compleja la pregunta, porque la libertad yace dentro de uno y uno también tiene sus prejuicios y temores y sus miedos que te pueden coartar esa libertad. Uno cuando escribe, cuando crea algo, no tiene solamente el miedo al exterior sino que se autoboicotea mucho. “¿Qué voy a hacer esto si me van a matar?” Por eso la libertad artística es la última frontera que tenemos los artistas, lo que tenemos realmente para defender. Porque hay muchas posibilidades de que la libertad se te acabe rápidamente.

—¿Qué pasa en tu caso?

—Como decía Patti Smith, “ahora con Trump somos todos outsiders”. Yo por este nombre gringo que tengo, el ser de Alaska pero argentino y haber vivido en Uruguay, naturalmente un poco no encajo. A la vez, eso te genera una necesidad de empatía con los demás más alta, diferente. Quiero decir, yo quiero ser querido y aceptado, y a la vez siempre fui el diferente, entonces cuando veo a alguien diferente lo quiero cuidar, apapachar (se ríe). Eso también te da una libertad diferente, porque de algún modo estás afuera del juego. Cuando uno es un outsider y se da cuenta que es muy libre por no encajar, ahí es donde la realidad artística reina, y donde vos decís: dale, voy a probar un candombe en suajili, una chanson francesa en portugués y a ver cómo queda este tema aborigen de Alaska con charango. Me he dado cuenta que hay un elemento a favor de ser un outsider: esa libertad artística que nadie te puede tocar.

"Cuando uno es un outsider y se da cuenta que es muy libre por no encajar, ahí es donde la realidad artística reina"

Kevin Johansen

—Hablando de libertades, ¿cómo envejece una canción como “Daisy” ante la nueva agenda de derechos?

—Genial, porque “Daisy” es una canción absolutamente empática. Es una milonguita criolla que habla del travestismo, que se tocó la noche en que se votó la Ley de Matrimonio Igualitario frente al Congreso; tuve el gran honor de cerrar la noche con The Nada, mi banda, y Liniers, el dibujante amigo, y fue un momento memorable. Y cantamos “Daisy”, que si bien tiene una cosa picaresca que juega con la sensualidad y sexualidad, no tiene un ápice de reírse del género. Es simplemente respetar la sensualidad de cada persona, pero hecho con la mayor de las empatías. Yo viví 10 años en Nueva York, iba al festival más grande de gay pride y entendí siempre muy bien lo que es la causa de las libertades individuales. Yo siempre pienso en el tema del cantautor, porque es cierto que escribir sobre la libertad no es lo mismo que hace 40 o 50 años. Nosotros somos herederos de una generación mucho más pesada, de cantautores que fueron amenazados de muerte, perseguidos, y si yo cantara sobre las mismas libertades sería un demagogo, un terraja como dicen ustedes. Porque estaría predicando a los convertidos, de algún modo. Esa noche hermosa me cayó la ficha de que nuestra generación canta sobre nuevas libertades que se consiguieron.

—Sobre esa idea tuya de ser outsider y abrazar al diferente, tenés mucha llegada con personas que a priori no tienen nada que ver con tu estilo musical. ¿Con qué tiene que ver eso, con ser outsider y atravesar las diferencias, o con la imagen de “buen tipo”, de cercano?

—(Se ríe) Seguramente hay algo de ambas cosas. Por supuesto que todos queremos y ansiamos ser queridos hasta por el desprevenido, todos somos unos mimosos tremendos. Pero también hay un “fuck you” sutil de mi parte, no tan punky como era Sumo con Luca (Prodan), que era como: “in your face”. Pero de algún modo cuando un metalero o un rockero muy rockero viene y te dice: “no escucho tu estilo de música, pero esa canción tuya me mató”, es el mayor de los halagos. Y más allá de ser un “desgenerado” respecto a los géneros musicales, sé que toco una guitarra criolla más que nada y lo mío tiene mucho de folky, de folclórico. (Piensa) Cada tanto hay una amenaza que parece que soy mainstream, pero nunca entro del todo, y por ahí eso genera dudas y la gente no sabe de qué la va este tipo. Y la verdad es que soy mucho más ambicioso que eso, si se quiere, porque yo lo que quiero como cualquier cancionista hijo de vecino es que la señora que está barriendo la vereda, el kioskero o el pibe que está yendo a jugar a la pelota, silbe una melodía mía. Esa es nuestra droga y es absolutamente transversal; nosotros no podemos hacer esa diferencia.

Yo no voy a hacer una canción para conquistar a los metaleros o a los solemnes. No puedo pensarlo así y no quisiera hacer un catering de la canción para público definido (se ríe). Pero cuando a alguien que no escucha lo que supuestamente es el estilo que yo hago le gusta un tema mío, ya está, estoy hecho. Porque las bandas que a mí me gustan generan que te gusten otras bandas; los Beatles hacía que te gustaran Jimi Hendrix, Led Zeppelin o Joan Baez o Violeta Parra. Es abrir el abanico. La música es algo tan intangible, invisible. ¿Para qué le vamos a poner un solo color?

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