Lanzamientos

Justin Timberlake está en búsqueda de una identidad

Tras lanzar su último disco y participar en el Super Bowl, la estrella pop busca una nueva voz

Justin Timberlake
Justin Timberlake en el Super Bowl. Foto: Winslow Townson / USA Today

Justin Timberlake es aplaudido; Justin Timberlake es abucheado. Algo normal para una estrella pop en una búsqueda constante y ardua: la de su identidad. En los últimos meses, esa exploración parece haberse topado con algunos tropiezos, que inauguran el año más confuso en la carrera del músico y actor.

Timberlake acaba de protagonizar un momento fundacional para cualquier músico que sea parte de la industria del espectáculo estadounidense. El domingo pasado hizo su espectáculo en solitario del medio tiempo en el Super Bowl, uno de los eventos más sintonizados en la historia de los deportes.

No fue la primera que Timberlake pasó por el Super Bowl. Lo hizo también en 2004 como invitado de Janet Jackson, y su participación tuvo resultados inesperados cuando un movimiento de baile provocó que se viera un seno de Jackson, para sorpresa de la cantante, de Timberlake y del público de millones de personas del Super Bowl.

La carrera de Jackson debió pagar por el imprevisto, que fue visto como un acto de poca decencia dentro de una parte de la sociedad estadounidense. Timberlake, quien entonces se encontraba a dos años del lanzamiento de su carrera solista, tuvo una mejor fortuna.

El exintegrante de la boy band NSYNC (los Stones de los Beatles de las boy bands, los Backstreet Boys) siempre parece haber estado destinado al estrellato. Y con razón, dado que es una de las figuras más carismáticas de la escena actual.

A sus 13 años, Timberlake integró El Club de Mickey Mouse, un programa televisivo semillero de actores como Ryan Gosling y estrellas pop de la década de 2000 como Christina Aguilera y Britney Spears, quien fue una de las novias más célebres de Timberlake. Una fotografía de la pareja vestida completamente de denim en la gala de los American Music Award en 2001, es considerada una estampa inmortal de la cultural del estrellado de ese momento.

Comparar esa imagen con la apariencia de Timberlake ahora, cuando se encuentra en plena promoción de su quinto y más reciente disco "Man of The Wood", conforma el principio y final del espectro que el artista recorrió a través de sus diferentes etapas musicales.

Tras lograr la única carrera en solitario desprendida de NSYNC, Timberlake emprendió un camino de maduración, personal y musical, a través géneros desprendidos de la cultura negra como el R&B, plasmado en 2002 con su disco debut Justified. También se animó a experimentar, al igual que con una visión más futurista del hip hop en su disco FutureSex/LoveSounds.

Justin Timberlake en el videoclip de "Filthy". Foto: difusión
El videoclip de "Filthy", de su nuevo disco

Apadrinado por los productores Timbaland y Rick Rubin, Timberlake logró hits más importantes, y comenzó a animarse a presentarse en establecimientos cada vez más grandes. Los shows de gran escala le permitieron demostrar sus múltiples talentos, porque además de una voz de un rango interesante, el cantante también es un muy buen bailarín, un excelente animador e incluso sabe hacer beatbox, sonidos de percusión con su boca.

Pero más importante aún: ese crecimiento exponencial a lo largo de la década le dio fama, y con ella llegó el cine.

Timberlake no es lo que se dice, un gran actor, pero sí puede lograr buenos momentos si da con un papel hecho a su medida. Al menos, eso demostró en La red social, de David Fincher, en la que encarnó al altanero fundador de Napster, Sean Parker. La película escrita por Aaron Sorkin es su mejor película a la fecha. El resto, son más olvidables (ahora está en cartelera local con La rueda de la maravilla, de Woody Allen).

En el cine

Trabajo y silencios respecto a Woody Allen

La última aparición de Timberlake fue bajo la dirección de Woody Allen en La rueda de la maravilla, la película más reciente del estadounidense, actualmente en cartel en Uruguay. Allí interpreta a Mickey, un guardavidas en una playa del parque de atracciones en Coney Island, en la década de 1950, que sueña con ser un dramaturgo.

Timberlake se ha visto involucrado en la controversia alrededor de Allen, quien ha tenido que enfrentar nuevamente las denuncias que lo acusan de haber abusado de su hija, Dylan Farrow. Otro de los hijos de Allen, Ronan Farrow, calificó a Timberlake de hipócrita por haber demostrado su solidaridad con el movimiento Time’s Up, y haber dicho que haber trabajado con el director fue “un sueño hecho realidad”.

Timberlake no ha declarado sobre el tema y en febrero de 2017, durante una entrevista con The Hollywood Reporter, dijo que “realmente no me adentro en esos temas con nadie”.

En su objetivo por concentrarse en la actuación, Timberlake también demostró ser un ávido comediante y lo hizo encontrando a dos aliados claves en su carrera, incluso hasta el día de hoy.

El primero fue Andy Samberg, uno de los últimos grandes talentos en salir de Saturday Night Live. Timberlake no solo fue anfitrión del programa, sino que con Samberg crearon algunos de los mejores cortos digitales del show.

El otro gran aliado de Timberlake fue Jimmy Fallon, quien también fue parte de Saturday Night Live pero que hoy es mayormente conocido por su labor como anfitrión de The Tonight Show with Jimmy Fallon. Juntos han demostrado su amistad o bromance (término que se usa para enfatizar la amistad entre dos hombres) en múltiples apariciones en conjunto, pero han brillado especialmente en sketches en los que repasan la historia del género del rap en una sola canción.

Su trabajo delante de cámaras mantuvo al cantante fuera de la música por unos años. En 2013 volvió con más estilo que nunca y con su obra más grande y mejor lograda, The 20/20 Experiencie, un disco doble cargado de rap, funk y hip hop, entre otros estilos.

Ahora, en 2017 y tras un nueva pausa musical debido a su familia —se casó con la actriz Jessica Biel y tuvieron su primer hijo en 2015—-, Timberlake dejó el traje y la corbata y adoptó una nueva identidad: la del hombre de los bosques.

Su nueva y más reciente máscara, que mezcla su amor por la música country con su pasión por el hip hop y el R&B, es algo heterogénea de más. Con Man of the Woods, Timberlake vuelve a enfrentar su mayor problema: la credibilidad. Sí, es un artista sumamente talentoso, pero su tendencia camaleónica comienza a jugarle en contra y como resultado está el álbum, sobresaturado de ideas y géneros.

De todas formas, a punto de embarcarse en una gira por Estados Unidos, Canadá y Europa con un disco nuevo y una presentación en el Super Bowl criticada, Timberlake parece apoyarse en el verso de uno de sus mayores hits a la fecha, la canción que hizo para la película Trolls: “No puedes parar este sentimiento”.

El presente artístico

Un músico con ideas claras y procesos confusos

Cuando Timberlake comenzó a adelantar su nuevo álbum, las señales indicaron que buscaba establecer una estética y sonoridad menos pop y más arraigada en folk. Bastó con la publicación de los videos de “Filthy” y “Supplies”, primeros cortes de Man of the Woods, para comprobar que Timberlake no estaba listo para colgar sus zapatos de baile aún. Y con la aparición de dos nuevos videos —la balada acústica “Say Something” y la acaramelada tonada de “Man of the Woods”— y el disco completo, se vuelve más confuso encasillar al músico en un género.

Eso se debe a que Timberlake parece haber querido contentar a todo su público y a sí mismo, al componer un álbum al que le falta una brújula. Timberlake suena como un niño que no sabe con cuál de todos sus juguetes empezar a jugar, y decide mezclarlos todos en un caos. El resultado es entretenido sí, pero solo en la superficie. Detrás de sus ritmos, rimas y falsettos, Timberlake demuestra que tiene el talento, pero no la motivación en esta nueva etapa de su carrera. Su pasaje por el Super Bowl, de alguna forma, también lo señala.

Su performance no fue mala y, desde un punto de vista técnico, no tuvo fallas y todo salió como era esperado. Pero tampoco fue inolvidable. Sus canciones “Rock your body”, “SexyBack” y “Cry Me A River” fueron buenos hits en su momento, pero ninguno logró marcar el sonido de los años en el que salieron.

El homenaje a Prince, en el que Timberlake tocó en simultáneo junto a una pista de “I Would Die 4 U”, fue uno de sus mejores gestos, pero no uno que debería haber sido seguido con “Mirror” y mucho menos con “Can’t Stop This Feeling”, tema de Trolls. En general, el espectáculo demostró que todavía no está pronto para bajar los brazos en su objetivo de convertirse en un ídolo del entretenimiento, solo que no sabe cómo lograrlo aún.

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