Entrevista

Juana y Los Heladeros del Tango: irreverencia para nutrir y cambiar la historia tanguera

La agrupación uruguaya, nominada a los últimos Premios Graffiti, actúa este jueves en Sala del Museo con su show "No me da la menta"

Juana y Los Heladeros del Tango
Juana y Los Heladeros del Tango. Foto: Doménica Pioli

Los músicos estaban acostumbrados a tocar juntos en diferentes formaciones o combinaciones, hasta que un senador los contrató para actuar en su cumpleaños y tuvieron que volver a acomodarse y definir un vestuario acorde al lugar en el que iban a presentarse, “muy distinguido”. Así aparecieron unos sacos que habían sido de la Orquesta Matos Rodríguez, apareció un vestido que completó una foto medio anacrónica, y cuando se miraron al espejo se dieron cuenta: parecían, casi que eran, gente que vendía helados.

Ese, en 2017, fue el nacimiento de Juana y los Heladeros del Tango, una de las propuestas más refrescantes de la escena tanguera local. Con un pie en las orquestas clásicas del 2x4 más cierta influencia de otros géneros, y otro pie en el humor y el despliegue escénico, se mueven Andrés Antúnez en piano, Ramiro Hernández en bandoneón, Julia Nudelman en flauta, Juan Chilindrón en contrabajo y Juana (Virginia Núñez).

En 2019 editaron su primer disco, Crema, con el que consiguieron una nominación para los recientes Premios Graffiti. Y este jueves presentarán en Sala del Museo (Rambla y Maciel) el show No me da la menta, con repertorio a estrenar y una iniciativa interactiva. Es a las 21.00, abre el dúo Mira La Rama y hay entradas a la venta en Abitab.

Durante la pandemia, sin tocar, el grupo se dedicó “a componer, a pensar en repertorio nuevo, lo que hace que surja este espectáculo que se llama No me da la menta que es interactivo, que no se parece en nada a lo que habíamos hecho. Y la premisa principal es que han pasado tantas cosas que, de verdad, parece que la realidad supera a la ficción y que nadie lo puede procesar”, cuenta Juana a El País. En el show se alentará al público a usar su celular para decidir lo que sucederá musicalmente a lo largo de la noche.

“Viste que el tango es un género bastante cerrado”, dice Juana a El País cuando repasa el origen de este proyecto. “Y nos animamos a explorar qué teníamos nosotros para decir y a tratar de poner en la música nuestras propias personalidades y vínculos”. De ahí surgió la impronta que se caracteriza por la frescura, la irreverencia y la buena ejecución musical.

Juana hace énfasis en que “no venimos a inventar nada” porque el tango más volcado a lo actoral, al humor, ya existía, y admite que “siempre recibimos más de lo que esperábamos. Fue una lucha contra nuestros propios prejuicios porque estando dentro del tango pensamos que íbamos a ser más resistidos, y no”. En ese sentido, destaca que la nominación a los Graffiti por el disco Crema “no la esperábamos, nos agarró de sorpresa” y que es, de alguna manera, un mensaje “de que está genial que pasen otras cosas en el tango”.

Juana y los Heladeros proponen, desde su lugar, algo diferente, con la idea de que si no se explora en el universo tanguero, la historia se estancará. Sus letras tienen comedia, lunfardo actual y una mirada política y feminista, y hay un acercamiento a lo tradicional pero lo prioritario es romper los esquemas.

Eso se manifiesta incluso en la forma en que Juana encara su rol de frontwoman. Históricamente las mujeres han cantado tango o lo han bailado, es difícil encontrarlas en el rol de instrumentistas, “pero ya una cantante gorda es raro, y una que igual juegue con los códigos...”. Juana encuentra en artistas como Tita Merello la semilla del camino que ella eligió transitar; ella es una cantante que actúa, que vive cada personaje y que encontró en esta música un lugar para nuclear sus intereses.

Rochense, de 32 años, vino a Montevideo para terminar el profesorado de Música y en el camino se metió a la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático. El tango estaba en su vida pero no en su quehacer artístico, hasta que se cruzó con el pianista Ruben de la Fuente que la convocó a su orquesta sin aceptar un no. “Y encontré que cantar tango era el medio camino entre cantar y actuar, y encontré una libertad increíble. Y una vez que me junté con la gente correcta esa libertad no tuvo límites”, resume.

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