Primera impresión

Jorge Drexler volvió a echar su hechizo sobre el público uruguayo que colmó el Auditorio

Jorge Drexler se presentó en el primero de sus dos shows agotados en el Adela Reta, y demostró el poder de sus canciones

Jorge Drexler
Jorge Drexler en el Auditorio Nacional Adela Reta. Foto: Marcelo Bonjour

Después de un día con la agenda cargada de emociones a las que encaró con su habitual respeto y agradecimiento, Jorge Drexler se presentó ante una colmadísima sala Eduardo Fabini del Auditorio Adela Reta con el principal de sus encantos: las canciones.

Y desnudadas a su mínima expresión de guitarra o vestidas con otros ropajes (a veces con el capricho con que un niño cubre sus muñecos), se revela la maravillosa y bella simpleza de su repertorio. Y como siempre cuando nos toca en el cronograma de una de sus extensas giras mundiales, Drexler lanzó su hechizo ante una parcialidad convencida, que también hizo su aporte a la eficacia de la pócima que desplegó sobre todos. 

Hoy compartirá ese arte del encantamiento ante otra Eduardo Fabini que, se sabe, lo recibe con el aforo a tope desde hace un par de meses. Suerte la de ellos que van a participar de la fiesta.

Jorge Drexler
Jorge Drexler y su amiga fiel, la guitarra.

Y ahí, solo en un imaginativo y austero escenario, Drexler las mostró con una guitarra que, bifurcada en criolla y eléctrica, fue compañera fiel que no dejó sola a esa palabra cantada en ritmo de milonga cosmopolita. Porque en Drexler conviven la bossa, el folk, el pop, el rock, el candombe o cuanto ritmo se le cruce, pero siempre vuelve a ese abrevadero nacional y milonguero.

Calzado en un elegante traje gris, su aparición en escena —después de un prólogo musical en off que nos enteraríamos, era de su hijo Pablo— fue saludado por la primera ovación de las varias que lo saludaron en la noche. Drexler va por la complicidad que siempre se siente espontánea, confianzuda: es un poco chamuyero, como bien apuntó alguien, pero qué bien que le sale.

Jorge Drexler
Jorge Drexler, la palabra y la guitarra

Así, con el mismo tono divertido, relató una historia personal con Esteban Klisich (cuando cantó la que dijo fue su primera canción, "La aparecida") o pidió explicaciones a la audiencia sobre el péndulo de Newton que se volvió un original, didáctico y eficaz instrumento de percusión que acompañó "Todo se transforma". Y todos le festejamos todo, incluso el numerito de repentinismo que siempre hace en el medio de sus shows y que le va también.

El público agradece esa impronta con aplausos cerrados e interviniendo en los estribillos o en los ritmos, en general espontáneamente: la hinchada de Drexler siempre es la más tranquila y afinada del mundo. Y qué bien que quedan, con ese coro timidón bien nacional, "Guitarra y vos" o "La edad del cielo", "Antes", "Deseo" o "Telefonía"

Aunque dejó afuera algunos clásicos (no están "Al otro lado del río" o "Milonga del moro judío", entre otras), Drexler hizo un repaso sistemático de toda su carrera con un leve hincapié en su último disco de estudio, Salvavidas de hielo. Y aunque a veces esos ropajes nuevos no le quedaban tan bien a las canciones (la base rítmica no pareció aplicar para la hermosa "Estalactitas"), en general le calzaban muy bien y en un par de casos las dejaba aún más lindas (por ejemplo en "Eco", "La edad del cielo" y "Movimiento"). 

Para que el hechizo funcione, Drexler trae cariño y canciones. Con ese arsenal juega de locatario en cualquier cancha. Pero ahora está en casa.

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