Latin Grammy

Jorge Drexler, el obrero de la canción que puso a América Latina a sus pies

El uruguayo fue el protagonista sorpresivo de la última gala de los Latin Grammy

Jorge Drexler. Foto: AFP
Jorge Drexler. Foto: AFP

"En la época del perreo y de melodías prefabricadas, gana el cantautor, el artesano de letras con contenido”. “Entre tanta música comercial sin contenido que nos asfixia en estos tiempos, estas canciones son como un respiro de aire fresco”. “Solo algo tan precioso como esto pudo ganar”. “El Grammy me hizo descubrir este vaso de agua en este desierto de música hueca”. “Capo”. “Poeta”. “Gracias”.

Horas después de terminada la ceremonia de los Latin Grammy, los comentarios en YouTube en el videoclip de “Telefonía”, elegida el jueves como canción y grabación del año por parte de la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación, se amontonan y se mezclan con los que fueron escritos meses atrás. Son decenas, si no cientos, los que googlearon uno de los últimos temas de Jorge Drexler después de que fuera el protagonista inesperado de la fiesta de la música latina.

Drexler había llegado a la gala elegante, sonriente y sabiéndose uno de los más nominados de la noche (tenía cuatro candidaturas para él y una para la ingeniería de grabación), pero no por eso favorito. Para ser canción y grabación del año, su “Telefonía” tenía que superar en votos a “Malamente” de la española Rosalía, uno de los grandes hits de 2018, además de canciones de otros talentos populares como Natalia Lafourcade o Pablo Alborán, y de reguetoneros que acumulan millones de reproducciones, como J Balvin o Nicky Jam, entre algunos más.

En la categoría de mejor álbum de cantautor sí se perfilaba con buenas chances. Su nombre era el de más peso entre El David Aguilar, Kany García, Claudia Prieto y Raquel Sofía, y ese fue el primer gramófono que abrochó, después de haberse mostrado en Instagram planchando la camisa blanca que luciría horas más tarde. Ese premio, el cantautor uruguayo más internacional se lo dedicó a su primera guitarra de Paracho, y a la memoria de su madre Lucero y del ingeniero de sonido de su álbum, Ernesto “Neto” García, ambos fallecidos este año. Cuando habló de ellos, a Drexler se le quebró un poco la voz, y la sonrisa le quedó a medias.

Después, todo fue euforia y alegría cuando ganó el Latin Grammy a canción del año (el de grabación fue el último que se llevó). “Tengo una admiración tan grande por tanta gente que está en esta misma categoría, que me da casi pudor estar acá arriba recibiendo este premio”, dijo cuando recibió el galardón de manos de un entusiasta Dyango y de la mexicana Yuri.

“Que viva Iberoamérica, que viva la música iberoamericana, que viva Borges, que viva Pessoa, pero que viva también la cumbia, el reguetón, que viva todo. ¡Vamo’ arriba!”, soltó antes de bajarse del escenario.

En 2014, Drexler ya había conseguido el Latin Grammy a mejor disco de cantautor, por Bailar en la cueva, y a grabación del año por “Universos paralelos”. El de canción del año es inédito para la música uruguaya toda, y es un galardón más que Drexler suma a su estantería, donde ya viven, además de los anteriores de esta Academia, el Oscar a mejor canción original por “Al otro lado del río”, un Goya a mejor canción original por “Que el soneto nos tome por sorpresa” y varios más. Es curioso que, para tanto reconocimiento internacional, en Uruguay sólo haya obtenido dos premios Graffiti, a mejor solista del año en 2005, y a mejor álbum de solista de música pop, en 2015 por Bailar en la cueva.

TRABAJO

Lo artesanal

La noche consagratoria de Drexler en Las Vegas fue, más allá de un moño a un día importante para la cultura uruguaya —esa mañana, Ida Vitale había sido reconocida con el Premio Cervantes—, una caricia al trabajo más fino de la composición, y al ego un tanto golpeado de la canción de autor. Porque si la música que impera hoy y reina en el universo pop, se basa en beats, programaciones y autotune (eso no la hace peor ni mejor que otra), Salvavidas de hielo está en el otro extremo: la única fuente sonora es la guitarra, la madera y en consecuencia, una calidez entrañable, familiar.

Esa calidez la demostró, además, en su actuación en la gala de los Latin Grammy. Tocó “Telefonía” acompañado de varios de los invitados del disco —El David Aguilar, Mon Laferte, Natalia Lafourcade—, en una versión que transmitió casi que la misma espontaneidad que aquellos versos que cantó a capella en la ceremonia del Oscar.

Su música, a pesar de que lleva años en este oficio y ha alcanzado un perfeccionamiento que le permite reacomodar una y otra vez los elementos de la fórmula, para seguir generando combinaciones efectivas, no ha perdido la frescura del muchacho que alguna vez encontró, en las canciones, un universo paralelo. “Quien tenga un verso que dar, que abra la mano y lo entregue, que a la flor de la poesía no hay melancolía no la riegue”, dice en “Abracadabras”, de este último disco, y en parte este reconocimiento de la Academia puede tener que ver con eso: con reconocer el esfuerzo de seguir haciendo poesía artesanal.

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